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Cazadores de trofeos tras Ospina y Guarín

Fanáticos locales los siguen en Europa.

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En la cara de Paul se notaba una mezcla de tristeza y nerviosismo. "Justo llegué y los jugadores habían entrado, ahora hay que esperar a la salida", dice.

Mientras cuenta lo desafortunada que fue su llegada, un muchacho con buzo y gorro de Inter de Milán se acerca y le pregunta si es ahí donde practica Colombia. En sus manos trae una camiseta de Freddy Guarín, para que la firme.

Las historias de Paul y Francisco son similares. Ambos son uruguayos e hinchas de un club extranjero. Uno del Arsenal ingles, el otro del Inter de Milán. Los dos están en las afueras del Franzini con un objetivo común: conseguir una foto con sus ídolos.

Resulta extraño que una persona sea fanática del fútbol y sea hincha de un club con el que tiene poco contacto directo, pero la pasión de ambos tiene el mismo disparador: un videojuego. Hace más de diez años comenzaron a jugar con ellos y le tomaron cariño.

Francisco, en abril, cumplió uno de sus sueños. Viajó a Milán junto a su familia, donde visitó el estadio y vio dos partidos. Paul, junto a su novia, están planificando un viaje similar a Londres.

Una hora después de su llegada y a pesar del frío, Francisco, Paul y su novia continuaban esperando. Dentro del Franzini, en rueda de prensa, Freddy Guarín se enteró de la situación: "No me sorprende porque Inter tiene hinchas en todas partes, pero cuando salga obvio que lo saludaré".

Tras el final de la práctica y mientras los jugadores se cambiaban, se desplegó un operativo de seguridad para la salida. Agarrados de la valla y con sus objetos visibles, Francisco y Paul esperaban el momento. "Amor, ¿dejo la cámara prendida por las dudas?", preguntó la novia de Paul. Su respuesta fue clara: "¿Estas loca? ¡Mirá si queda sin bateria!".

Los jugadores comenzaron a salir y Francisco levantó la camiseta, dejando visible el número y nombre de su ídolo. Guarín, que pasaba raudo hacia el ómnibus, lo vio y se arrimó a saludarlo. Casi en el mismo momento, David Ospina, golero "Gunner", vio a Paul con su escudo y se acercó.

Tras más de dos horas de espera, la vigilia dio sus frutos. Ambos con sonrisas de oreja a oreja mostraban sus trofeos con orgullo. "Che, yo no traje cámara, ¿me pasas esas fotos?" preguntó Francisco. Paul aceptó. Nadie más que él comprende el valor de un recuerdo como ese.

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