FÚTBOL

Carmona, a los 56 años aún tiene cuerda

El jugador profesional más veterano del mundo, con su nombre hace tiempo en el libro de los récords, quiere su prolongar su carrera en el fútbol de Japón.

Robert Carmona
 

El 30 de octubre de 2015, jugando en Pan de Azúcar, el uruguayo Robert Carmona se convirtió en el futbolista activo de mayor edad en el mundo, con 53 años y 182 días, según el Libro de los Récords Guinness. Desde entonces, infinidad de jugadores corrieron y muchos goles se convirtieron por las canchas del planeta, pero Carmona no abandonó la actividad.

“Hay Carmona para rato”, proclama él, ya con 56 años, su cabellera gris y la misma estampa de sus años mozos, flaco y de estatura mediana. Asegura que está para jugar “veinte, treinta, cuarenta y cinco, noventa minutos, lo que decida el técnico”, gracias a su físico privilegiado y la obsesión por mantenerse entrenado.

El año pasado defendió al Inter Ibiza, de la tercera división regional de las islas Baleares, y al Audax Tortona, de la cuarta categoría italiana. Ahora estudia irse a Japón, donde ya se habla de la posibilidad de un “duelo” con Kazuyoshi Miura, el legendario jugador nipón que sigue jugando con 51 años cumplidos.

En ese plan colabora su representante, el exfutbolista argentino Hugo Yamada, hijo de japonés y con contactos en el Lejano Oriente. Su sueño es armar tres partidos con Carmona y Miura, uno en Japón, otro en Uruguay y el tercero en Rosario, la ciudad natal de Yamada. Y en tren de soñar, Yamada aspira a que los partidos los dirija su amigo, el exárbitro argentino Javier Castrilli, y los relate Walter Hugo, el uruguayo que se destaca en la radio de Rosario.

“El de Japón sería mi equipo número 38”, precisa Carmona, cuya única condición es firmar un contrato con el club interesado, pues se define como futbolista profesional. Por eso su frondoso CV no incluye equipos de barrio o de la Liga Universitaria. El jugador de fútbol aficionado más viejo del mundo, según el mismo Guinness, es el brasileño Tércio Mariano de Rezenda, que jugó con 88 años por un certamen regional para Goiandira Esporte Clube durante 2006.

Desde su etapa como juvenil, la carrera de Cardona supera las cuatro décadas. Y solo le quedó un deseo pendiente: jugar en primera división en Uruguay. En la década de 1980 tuvo una posibilidad en Liverpool, también en Racing, después llegaron otras ofertas, pero no se concretaron. Él lamenta que en sus mejores años padeció varias lesiones que lo alejaron de la posibilidad de competir en el más alto nivel.

“A los 19 años tuve una fractura de tobillo y, después de salir de la operación, el médico me dijo que me tenía que olvidar del fútbol. Y acá estoy”, cuenta. Y ahora parece querer recuperar el tiempo perdido.

“Los rioplatenses somos de valorar poco lo que tenemos. La gente en Uruguay no se da cuenta de lo que es una figura como Carmona”, apunta Yamada. “Tiene 56 años y entrena y juega como un pibe de 20. ¡La hace de goma!”.

Por el mundo. Carmona nació en Montevideo el 30 de abril de 1962. Después de haber jugado al baby fútbol, defendió al Dr. Pouey de Las Piedras. Después se fue a vivir a Pan de Azúcar, donde comenzó su carrera profesional y, con los años, donde alcanzó el récord Guinness. Entre sus 37 camisetas anteriores estuvieron las de clubes montevideanos, como La Luz, Colón, Alto Perú, Basáñez, Platense, Albion y Canadian.

También anduvo por equipos del interior. Pero su etapa clave la vivió en Estados Unidos, donde defendió a equipos de Filadelfia, Miami y Nueva Jersey. Diez años en Estados Unidos le permitieron reunir dinero suficiente para realizar inversiones, que le permiten vivir hoy sin depender de los contratos que firma con clubes pequeños.

“Siempre fui un volante activo. Nunca fui muy rápido, pero sí de correr todo el partido. Hoy juego más bien de doble cinco. Estoy en condiciones de jugar los 90 minutos, y si el técnico me saca, me enojo”, relata.

Otro motivo de orgullo es que nunca lo expulsaron de una cancha. Y haber superado una larga lista de lesiones: en los dos tobillos, incluyendo la fractura expuesta de uno; rotura de ligamentos cruzados, fractura de clavícula, rotura de meniscos...

Además de las condiciones naturales, Carmona es un maniático de los entrenamientos. “Cuando llego a un club ya estoy listo para jugar porque entreno siempre por mi cuenta. Me ha pasado de ir con el auto por la carretera, sentir la necesidad de hacer ejercicio, y entonces correr seis kilómetros hacia un lado, pegar la vuelta y después seguir el viaje en el auto”, señala.

El récord. Cuando tenía 47, su hija Agustina descubrió de casualidad que según el Libro de los Récords Guinness, el futbolista profesional más longevo era un italiano de 43 años, Marco Ballota, que jugó a esa edad la Champions League. Y entonces Robert comenzó las gestiones para que lo reconocieran. Un representante de la organización vino al Uruguay y cuando aprobó el récord, le entregó el certificado correspondiente.

¿Y por qué sigue jugando? ¿Por el gusto al fútbol o por la obsesión de batir récords? Carmona ensaya una respuesta diferente, más mística: “Dios me eligió para ser la imagen de que alguien con vida sana, buena alimentación y trabajo puede perdurar. Si volviera a nacer, sería futbolista de nuevo, lo llevo en la sangre. Y les digo que hay Carmona para rato. Me siento como un chico de 20 años”, afirma.

“Mi padre fue futbolista, aunque no de gran destaque -recuerda-. Murió de un infarto, cuando yo tenía diez años. Y antes de morir me dijo: ‘Cuide a su madre y juegue al fútbol’. Por suerte todavía tengo a mi mamá. Y estoy cumpliendo todo lo que me pidió”.

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