ENTREVISTA

Carlos Muñoz: memorias de 47 años en el fútbol

A la hora de dejar el relato evoca goles, alegrías y también los momentos duros.

Foto: Darwin Borrelli.
Foto: Darwin Borrelli.

La voz de los relatores brota de la radio en cada partido con noticias de goles, atajadas, triunfos y frustraciones. Y cuando se trata de grandes victorias, esa voz se convierte en la banda de sonido de la memoria popular. Si la gesta de Maracaná está íntimamente relacionada con Carlos Solé, el remate de Diego Aguirre en la hora contra América de Cali en 1987 y el penal de Tony Gómez al PSV en 1988 vuelven a convertirse en gol emocionado cada vez que se escucha el relato de Carlos Muñoz.

Hoy, Muñoz anuncia su despedida del relato, aunque mantendrá sus programas Fútbol por Muñoz en las tardes de CX 30 y Código Muñoz en el cable. Como los goles que cantó durante 47 años, quedaron grabadas alegrías y éxitos, así como instancias muy duras que consiguió superar. Así lo cuenta:

Mi vocación siempre fue el relato, absolutamente. Relataba partidos mientras los jugaba, como aquel Loco Montaño de Peñarol. Empecé a trabajar allá por 1971 en el Clan 10 de radio Ariel con un equipazo: Víctor Hugo Morales, Jorge Da Silveira, Alberto Kesman, Juan Carlos Paullier, Juan Gallardo, Américo Signorelli... Mi primer relato fue un Peñarol-Fénix en 1973. El equipo se desarmó cuando murió Solé. Ahí pasé a Sarandí con el Toto y Raúl Barizzoni. Hicimos un experimento: dividimos la cancha y relatábamos la mitad de la cancha cada uno. Duró muy poco, claro.

Después fui a radio Sur. Me fueron a buscar Julio Alonso, Jorge Lencina y Beto Triunfo. Trajeron de Argentina al maestro Enzo Ardigó. Empezamos con una gira de Peñarol por España. Cuando transmitíamos, Peñarol ganaba un trofeo. Hugo Bagnulo, tan con sus cábalas, nos pedía que estuviéramos en todos los partidos. Con Ardigó le hicimos sombra a las radios grandes durante 1975 y 1976. Relataba todos los deportes, como las peleas de Evangelista, incluso aquella con Ali.

Ardigó murió en mis brazos en el Estadio Centenario el 17 de febrero de 1977. Fue antes de un Uruguay-Santos que se suspendió por una lluvia torrencial. Ya se sentía mal en el hotel, pero fue al estadio y cuando estábamos entrando por la platea América cayó al suelo. Justo llegaba la Selección uruguaya y lo atendió el médico del equipo, el doctor López Scavino. Le hizo de todo pero no pudo salvarlo, porque el corazón prácticamente le explotó. La radio trajo a Oldoine pero duró poco, no era lo mismo. Entonces Da Silveira pasó a la Sur con Juan Gallardo y a mí me llamó Víctor Hugo para ir a Oriental. “Traigo a Carlos Muñoz porque es el relator más completo del dial uruguayo”, dijo.

Cuando Víctor Hugo se fue a trabajar a Buenos Aires, quedé en su lugar en Oriental. Tocaba el cielo con las manos. Me tocó arrancar con Nacional-Nottingham por la Intercontinental en Japón. Me quedé hasta 1986, cuando empezó la famosa guerra de los canales. Estaba en la radio y Canal 4, con Telenoche. Hacía mucho que tenía la idea de hacer también Deporte Total allí, pero no lo aceptaron. En eso apareció Estadio Uno en el 4. Renuncié a Telenoche y quedé solo con la radio. Entonces me invitaron al informativo Tres Millones de Canal 5, donde sí pude hacer Deporte Total. Estaba con Osvaldo Heber Lorenzo y Juan Carlos Paullier. Pero eso me costó el puesto en Oriental. Cuando iba a jugar Wanderers con River argentino por la Libertadores 86 me dijeron que yo no viajaba. Hablé con el doctor Navascués y me dijo que era un despido tácito. Lo consulté con mi esposa, mi padre, y me fui de Oriental. Me quedé sin radio.

Mi amigo Mario Rodríguez, dueño de Rodas, me dijo: “No te apures. Va a venir algo grande”. Y a la semana me llamaron de Carve, que nunca en su historia había transmitido fútbol. Fui formando el equipo con Amadeo Otatti, Roberto Méndez, Américo Signorelli, Marcelo Becerra. Luego se sumó Mario Bardanca, pieza fundamental de esa época dorada. Nos tocaron años gloriosos para los clubes grandes. Viví con mucha intensidad las campañas de Peñarol 87 y Nacional 88. Editamos casetes con los goles en 48 horas y enseguida se convirtieron en discos de oro y platino. En 1987 además arrancamos con Deporte Total en Canal 10. Fue arriesgado ir a al horario matutino pero los resultados fueron bárbaros. Allí inventamos muchas cosas.

En 2003 me apareció cáncer en las cuerdas vocales. Me costó operaciones en septiembre, diciembre y marzo. Yo estaba fuerte pero pensaba que se me podía terminar la profesión. El doctor Fugazot, que me operó, fue un fenómeno. “Usted de esta sale, está en usted”, me decía. Los doctores Leborgne, que me hicieron la radioterapia, me aseguraron que volvería a relatar. La fonoaudióloga Laurita Larrosa me enseñó a hablar otra vez. Entre todo, estuve un año y medio sin trabajar. En la radioterapia rezaba un rato y otro rato puteaba al cáncer y le decía que lo iba a vencer. Mis hijos me necesitaban.

Volví para las eliminatorias de 2005, un Uruguay-Ecuador. Estaba muy nervioso pero salió todo bien. También volví a Subrayado y Deporte Total. Pero en 2006 me dijeron que por una “resolución” iba a salir en el informativo solo un minuto los lunes. Era otro despido tácito, así que me fui del 10 y de Carve. Esa, como irme de Oriental o de Tenfield en 2005 cuando amenazaron a mi hijo Diego, fueron decisiones que tuve que tomar. El miedo estaba, pero confiaba en mí. Además, si era necesario laburar en otra cosa lo iba a hacer, como cuando estuve en una arrendadora de autos.

Estuve en FM del Sol y luego en FM del Plata, pero al final volví a quedarme sin trabajo. Hasta que a través del amigo Enrique Sacco me fui a Buenos Aires, al proyecto de ESPN en radio Rivadavia. Tenía la posibilidad de entrar, pero la respuesta se demoraba. El 23 de diciembre de 2009 mandé un mail preguntando qué pasaba y me respondieron al otro día: “Sos hombre de ESPN”. Lloré tanto ese día... Pasamos una Nochebuena mágica con mi familia. Relaté desde Buenos Aires los partidos de Uruguay en Sudáfrica 2010. Me integré a Hablemos de fútbol por ESPN junto a varias figuras. Seguía viviendo en Montevideo y viajaba semanalmente a Buenos Aires. También tenía ya Código Muñoz, primero en CablePlus, luego en Nuevo Siglo y una cantidad de cables del interior.

El esfuerzo era grande y el 21 de febrero de 2011 hice el infarto mientras relataba un partido en La Plata. Cuando me revisó la doctora me dijo: “Usted está infartando”. Tenía más de 170 pulsaciones en reposo. Me estabilizaron en Buenos Aires y me vine a operar con el equipo del CICU y el doctor Daniel Bigalli en Casa de Galicia. Volví a relatar en la Copa América 2011, pero ya tomaba todo con mucha más serenidad.

En 2015 empecé en la 30. Era volver a casa. Seguía colaborando con ESPN pero desde acá. Sin embargo, ya el año pasado empecé a pensar en el retiro. Me costaba salir de casa los sábados y domingos, programar todas mis actividades de acuerdo con los horarios del fútbol. La profesión tiene cosas muy lindas, pero también te quita mucho. Me perdí muchos cumpleaños de mis hijos y me estaba perdiendo los de mis nietos. Mi último relato fue Uruguay-Francia en Rusia. Cuando anuncié mi despedida en un tuit recibí más de cinco mil “me gusta”. Esas son satisfacciones que deja el oficio. Tengo que agradecerle al fútbol, a la pelota, a los jugadores, a los dirigentes, a los entrenadores... Y por supuesto al público.

Despedida:

El lunes 5, en el Museo del Fútbol, se realizó un homenaje a Carlos Muñoz por su retiro de los relatos. Familiares, colegas, técnicos, dirigentes, exjugadores, lo acompañaron en un encuentro en el cual no faltaron anécdotas ni tampoco el repaso audiovisual de sus gritos de gol más célebres. En la foto, Muñoz con Jorge Seré, Óscar Tabárez y Jorge Barrera.

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