EN ESPAÑA 

Carlos Diogo cuenta la intimidad del vestuario galáctico de Real Madrid

Su carrera fue acelerada: llegó al conjunto madridista cuatro años después de haber debutado en Primera y era el tiempo de Zidane, Beckham y Ronaldo.

diogo
De paseo. Carlos Diogo con su hijo Ian en una de las salidas que se permiten ahora en España a los niños. 

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Carlos Diogo llegó a España en el año 2005 para jugar en Real Madrid. Había debutado como profesional solamente cuatro años antes en River Plate. Luego pasó a Peñarol y a River argentino antes de llegar al club merengue. Subió los escalones demasiado rápido y fue en Zaragoza donde encontró su lugar. Allí sigue viviendo hoy, seis años después de haber colgado los zapatos. Es difícil que vuelva a Uruguay por más que lo siga extrañando y que su hijo Ian disfrute como loco cuando visita a sus abuelos Víctor y Marita en City Park.

“Dejé de jugar en el 2014, en parte por la rodilla que me complicaba, pero también porque las ofertas que tuve eran de lugares lejos. Grecia, Brasil, y mismo de Uruguay. Pero una vez que tenés hecha la vida acá, que tenés mujer e hijo, lo priorizás. Yo había estado en 2013 en Bélgica y me gustó el fútbol, el campeonato y la gente, pero mi mujer estaba acá en Zaragoza. Y estar solo en otro país donde además se hablaba sólo inglés o francés, resultó difícil para mí. A veces hay que priorizar el bienestar integral”, contó Carlos sobre su retiro. Y lo hizo con más acento aragonés que uruguayo.

Al mirar sobre su hombro y analizar su carrera, reconoció que pudo haber sido demasiado acelerada. “Creo que mi mejor momento empezó en River de Uruguay cuando debuté en Primera División hasta mis inicios en Zaragoza. Esa subida de escalones tan rápida, de River a Peñarol y después a River argentino fue lo mejor porque iba aprendiendo cosas muy rápido, en diferentes lugares y con diferentes personas”, afirmó. “Con jugadores de diferentes partes del mundo. En Argentina tuve un chileno y un colombiano y lo mismo me pasó en Madrid donde había un inglés y un escocés. Fue una etapa en la que aprendí mucho, esos años fueron los que más me gustaron”, explicó aunque aún no sabe decir si estaba preparado para esa carrera meteórica.

Peñarol
En Peñarol, siguiendo los pasos de su padre que fue campeón Uruguayo, de la Libertadores y de la Intercontinental. 

“No lo sé, yo lo único que quería era jugar al fútbol y entrenaba y me preparaba para eso. Cuando iba subiendo no me daba cuenta. Sólo quería ir progresando y aprendiendo. Hoy los jóvenes quieren llegar, a lo mejor, sin el mínimo esfuerzo”, analizó quien trabaja como entrenador de las juveniles del club Santa Isabel de Zaragoza.

“Nunca imaginé que iba a llegar al Real Madrid ni que iba a estar tantos años jugando en Europa y en equipos grandes. Yo quería jugar porque me divertía hasta que llegó un momento en que me di cuenta que era un negocio y que si lo hacía bien, me esforzaba y me dedicaba podía vivir del fútbol. Son cosas que vas aprendiendo sobre la marcha. Te vas nutriendo de las personas que vas conociendo en la carrera, de los entrenadores y los compañeros. Y si sos inteligente vas creciendo como jugador y como persona”.

EL MADRID. No son muchos los futbolistas uruguayos que tuvieron el privilegio que tiene hoy Federico Valverde. Carlos es uno de ellos, con la salvedad que fue su primer club en Europa. Arrancó en un equipo plagado de figuras donde estaban Ronaldo, Zidane, Beckham y Robinho.

“Cuando sos joven siempre querés jugar. Y en el Madrid había demasiada competencia: tres o cuatro jugadores en cada puesto. Si no tenés muchas oportunidades te vas a otro equipo para mostrarte como me pasó a mí. No es que no supe aprovechar lo del Madrid, pero era difícil jugar y yo quería buscar mi oportunidad. La encontré en Zaragoza”, dijo convencido.

“No me arrepiento de haberme ido. Lo hice porque quería jugar. Era joven y tenía ganas de crecer. Sentado en el banco del Madrid y jugando de a cinco minutos, sentía que no crecía. O que hacerlo me iba a llevar mucho más tiempo que si jugaba más partidos en otro equipo. Era diferente también a nivel emocional. Porque yo estaba deseando tener la oportunidad y fueron pocos partidos en los que la tuve. Recién me acostumbraba a Europa y tenía enormes ganas de jugar. No me equivoqué al irme a Zaragoza. Enseguida tuve la oportunidad que buscaba y el mismo año en que llegue clasificamos a la UEFA”.

el Madrid
Carlos Diogo en el Real Madrid a donde llego solo cuatro años después de haber debutado en Primera División.

GALÁCTICOS. Compartir vestuario con muchas estrellas en el Madrid, enriqueció al uruguayo. “Eran los que se llamaban los galácticos. A principio no me animaba ni a moverme en el vestuario, pero luego me fui adaptando. Te llevabas bien con unos y no tanto con otros, como pasa en todos los planteles. Yo lo que quería era aprender y ahí había para elegir donde hacerlo”, dijo y destacó al actual técnico del Madrid. “La forma de ser de Zidane es genial. Es humilde, apaciguado y lo que se esfuerza entrenando además de ser una gran persona. Es espectacular”.

También contó sobre las bromas que los jugadores brasileños le gastaban a Beckham. “En las comidas le abrían los saleros para que cuando echara sal se le cayera toda en el plato. A él le gustaba hacer bromas pero también se las hacían a él. O le escondían los teléfonos porque siempre andaba con dos celulares. Los brasileños eran los más jodones”, relató sobre el inglés.

“Yo tenía el número 21 y Beckham el 23, se cambiaba a dos casilleros de mí. Siempre estaba echándose cremas, por algo hoy que tiene 40 largos y sigue de buen ver. Je. Recuerdo un día en que había sacado una línea de perfumes y llegó con una bolsa llena para todos”.

ARRAIGO. Diogo esta casado con Silvia, una madrileña a la que conoció en una discoteca cuando jugaba en el Madrid. Quizás le gustó como bailaba porque hoy ella tiene una academia de baile en Zaragoza a donde lo siguió. Y le va muy bien. “Uruguay siempre se extraña. Voy a visitar a la familia y a mi hijo le encanta estar tirando piedras y palos por donde viven mis padres. Pero mi vida está por acá. Trabajo de entrenador de juveniles, de cuarta y quinta división. No es fácil. Hoy los jóvenes no te escuchan tanto o no se lo toman tan en serio como lo hacíamos nosotros. En eso es un poco difícil, pero me gusta enseñar lo que aprendí”, culminó siempre en su tonito aragonés.

COVID-19

Ian y sus genes: hijo y nieto de manyas

“Acá estamos pasando la fase uno del coronavirus. Si se cumplen los requisitos y no hay tantos muertos e infectados podemos pasar a la segunda fase. Y así seguir. Por suerte ya va disminuyendo todo. Los niños pueden salir a determinada hora y los mayores de 65 a otra”, contó sobre el COVID-19.
Esta fase le permite salir a pasear con su hijo Ian de ocho años en determinados horarios. El niño  juega al fútbol sala en la escuela. “Le gusta, está entusiasmado, pero todavía es chico”, respondió su padre ante la consulta de si había sacado sus genes y los de su abuelo Víctor. Como no podía ser de otra manera usa la camiseta de Peñarol que ambos vistieron.

Ian Diogo
Carbonero. Ian con la camiseta que visitieron su padre, Carlos y su abuelo, Víctor.
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