FUERA DE SERIE

El capitán de Francia en el Mundial de 1930 terminó fusilado por colaborar con los nazis

Alex Villaplane era un jugador de grandes condiciones pero se vinculó al hampa y terminó preso; cuando estalló la guerra se dedicó a perseguir judíos y miembros de la resistencia

Francia en 1930
El equipo de Francia que enfrentó a Argentina por el Mundial del 30: Villaplane es el que está de pie, a la derecha (marcado con el círculo).

El Mundial de 1930 fue una competencia de pioneros, que estaban inaugurando una nueva era en el fútbol mundial. Héroes los uruguayos que conquistaron el título, héroes también los jugadores visitantes, que recorrieron miles de kilómetros en barco para llegar hasta Montevideo.

Entre esos invitados extranjeros figuró uno que incluso tuvo la responsabilidad de ser capitán de su equipo, Francia, pero que apenas 15 años más tarde resultó fusilado como criminal de guerra. Esta es la historia de Alex Villaplane: la increíble y oscura transformación de un crack en un cruel colaboracionista de los nazis durante la

Alexandre Villaplane nació en 1905 en Argel, capital del entonces protectorado francés de Argelia, donde sus padres, franceses, se habían establecido temporalmente. Alex pasó allí su infancia y adolescencia. En Argel comenzó además a jugar al fútbol y comprobó que tenía condiciones. Cuando regresó a Francia, a los 16 años, se incorporó al club Cette (luego redenominado Sète, al cambiar la ortografía del nombre de la ciudad). Y muy pronto llegó a la primera división.

Pese a su talento natural, su carrera tropezó con problemas de entrada, entre alguna lesión, discusiones con entrenadores o compañeros y, por sobre todo, debido a sus pocos escrúpulos: de muy joven ya mostró estar dispuesto a hacer cualquier cosa por dinero. Después de un año se peleó con la gente de Cette y se fue a Vergèze, un equipo de segunda división.

Le tocó entonces cumplir con el servicio militar y en ese período fue llamado a defender la selección militar francesa ante Inglaterra y Bélgica. Figura en ascenso, volvió a Cette, con el cual alcanzó las semifinales de la Copa de Francia. En 1926, con 21 años, fue convocado a la selección mayor. Dos años más tarde estuvo en los Juegos Olímpicos de Amsterdam, el torneo que conquistó Uruguay tras vencer a Argentina en la final, aunque los galos resultaron rápidamente eliminados.

El fútbol en Francia era todavía amateur, pero muchos jugadores recibían dinero por debajo de la mesa o un empleo ficticio para justificar un salario. Villaplane se convirtió en uno de los futbolistas más cotizados del momento. Varios clubes se disputaron su pase y él eligió Nimes, pero poco después se fue al Racing de París. En la capital, Villaplane comenzó a gastar fortunas supuestamente fuera del alcance de un amateur en cabarets y apuestas, especialmente en carreras de caballos, su gran afición.

Esas inclinaciones todavía no opacaban su fama. Las biografías aseguran que era un mediocampista de refinada técnica, velocidad, buen pase y gran cabezazo. Cuando Francia, luego de largos debates en el seno de su federación, aceptó venir a Montevideo para la primera Copa del Mundo en 1930, Villaplane no solamente fue citado: lo eligieron capitán, el primero nacido fuera del territorio nacional.

En la suma de acontecimientos históricos que representó aquel Mundial, a Francia le tocó el honor de ser uno de los equipos que inauguraron el certamen. La fría tarde del 13 de julio de 1930, Les Bleus vencieron a México y Lucien Laurent marcó el primer gol de los mundiales, tras una jugada que inició Villaplane. Francia quedó fuera de las finales al perder ante Argentina. Las crónicas señalan sin embargo buenas actuaciones del capitán.

En 1932 la federación francesa adoptó el régimen profesional. Villaplane decidió cambiar nuevamente de equipo, para firmar por Antibes. La Liga 1932-1933 se disputó en dos series, cuyos ganadores debían jugar la final. Antibes ganó sorpresivamente su grupo, pero se comprobó que había sobornado a sus rivales del Fives Lille en el partido decisivo. La investigación determinó que Villaplane estaba involucrado junto a otros dos compañeros. Como resultado, lo echaron del club.

Fue contratado entonces por Nice, que incluso le dio el capitanato. Sin embargo, sus actuaciones ya no eran las de antes, pues la mayor parte del tiempo la pasaba en los hipódromos. El club bajó a segunda y Villaplane sumó su segundo despido deshonroso en un año.

Con su reputación maltrecha, igual encontró un salvavidas: el entrenador que lo había descubierto en Cette lo llevó a un club de segunda, el Bastidienne de Bordeaux. Apenas duró tres meses: sus reiteradas ausencias determinaron la desvinculación. Fue el adiós al fútbol con apenas 29 años. A partir de entonces solo fue noticia en las páginas policiales, encarcelado varias veces por apuestas fraudulentas, arreglos en carreras o vínculos con el crimen organizado.

Mientras tanto, la historia continuaba su marcha. En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. En junio de 1940, los alemanes invadieron Francia y tomaron París. En medio de la tragedia que eso supuso, todos los valores se trastocaron. Y los hampones de antes tuvieron nuevas oportunidades. Un tal Henri Lafont, contrabandista y estafador, se vinculó a los nazis. Para hacer mérito ante los invasores, logró capturar al líder de la resistencia belga y lo torturó salvajemente. Terminó formando una banda de criminales al servicio del Tercer Reich. Y entre otros de su misma condición reclutó a Villaplane.

La organización recibió el nombre de Carlingue, la Gestapo francesa. Más que la ideología nazi, los guiaba su intención de robar todo lo que estuviera a su alcance. Por ejemplo, comenzaron a perseguir judíos con la intención de extorsionarlos o quitarles su dinero. En esa estructura perversa, el excapitán del seleccionado francés mostró gran eficiencia. Su truco era convencer a judíos de que los ayudaría a escapar, a cambio de grandes sumas de dinero. Entonces cobraba lo suyo, cargaba a los perseguidos en un camión y en vez de llevarlos a un lugar seguro, los conducía a los cuarteles alemanes.

Después, los colaboracionistas de origen magrebí crearon, en acuerdo con los nazis, la Brigada del Norte de África (BNA) para perseguir a sus compatriotas de la resistencia. En esas filas Villaplane vistió el uniforme de las SS y mostró tal crueldad que fue apodado “SS Mohammed”.

También fue vinculado a la masacre de Oradour-sur-Glane, una represalia nazi contra un pueblito francés sin peso en la contienda, cuya población, incluso mujeres y niños, resultó asesinada.

Cuando en 1944 estaba claro que Hitler perdería la guerra, Villaplane intentó lavar su imagen, permitiendo que algunos perseguidos escaparan. Pero la resistencia ya lo había identificado. Cuando los aliados liberaron París, en agosto de 1944, se salvó de ser linchado, como le ocurrió a varios de su calaña. En cambio, no escapó de ser juzgado, junto a su reclutador Lafont y otros colaboracionistas. El 1 de diciembre el exfutbolista fue condenado a muerte por alta traición, inteligencia con el enemigo, asesinatos y actos de barbarie. El 26 de diciembre fue fusilado.

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