FUERA DE SERIE

Cantona, el genio del fútbol con mal genio que ahora triunfa como actor

Crack carismático y siempre listo para estallar por su temperamento, triunfó en el Manchester United pero  su acción más recordada fue la patada voladora a un hincha que lo insultó

Éric Cantona
Éric Cantona

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Eran los tiempos de la Eurocopa de Inglaterra 1996. Los locales buscaban su primer título oficial luego de la Copa del Mundo de 1966 (no lo lograron, por lo cual aquella conquista sigue siendo la única importante de los inventores del fútbol). Los alrededores del estadio de Wembley estaban tapizados por carteles publicitarios de una marca deportiva que no formaba parte del paquete oficial de patrocinantes y se la jugaba por su principal futbolista: “1966 fue un gran año para el fútbol inglés. Nació Éric”.

Éric es Cantona, un francés que era entonces el mayor ídolo de Inglaterra, al punto que la “blasfemia” del aviso no sonaba tan fuerte.

Éric Cantona fue un genio del fútbol cuyo mal genio le jugó en contra muchas veces. Quizás por eso no alcanzó todos los títulos que su calidad hubiera merecido (con la selección de su país nunca jugó un mundial, por ejemplo), pero debe recordarse que fue el hombre que hizo grande de nuevo al Manchester United después de 26 años de derrotas.

Se retiró joven, a los 31 años, tras lo cual probó de todo, como ser manager del Cosmos de Nueva York, dirigir fútbol playa y proyectar un futuro como político que no llegó a concretarse, pero por sobre todo se dedicó a la actuación, en avisos publicitarios, teatro y cine.

Hoy se lo puede ver como protagonista de Recursos inhumanos, una serie de Netflix. Si bien por lo común ha interpretado papeles de tipos rudos, esta vez se pone en la piel de un hombre de 57 años que pierde su trabajo y se ve obligado a aceptar empleos precarios para sobrevivir, hasta que aparece una extraña oferta...

Cantona nació en Marsella en 1966, como está dicho. Se destacó ya en el fútbol infantil con habilidad e inventiva, pese a su físico grande. Varios equipos buscaron llevarlo y él optó por ir a Auxerre, porque su eterno entrenador Guy Roux le despertaba confianza como formador de juveniles.

Allí debutó en primera a los 17 años. Enseguida logró destaque y llegó la convocatoria a la selección, pero el club le quedó chico, por lo cual en 1988 pasó al Olympique de Marsella, que buscaba convertirse en una potencia europea.

Ya se había hecho notorio también por su facilidad en caer en situaciones polémicas, siempre por reacciones temperamentales contra rivales, compañeros, entrenadores o dirigentes. Por ejemplo, ese mismo año 88 el entonces técnico de la selección francesa Henri Michel lo dejó fuera de la convocatoria para un partido. Furioso, Cantona lo llamó “bolsa de mierda”. Eso le costó un año de suspensión para la selección.

Sus líos personales determinaron además que el Marsella lo prestara al Bordeaux primero y al Montpellier después. Volvió al Marsella, pero el técnico Raymond Goethals lo mandó al banco, por lo cual no estuvo en la campaña en la cual su equipo llegó a la final de la Copa de Campeones de Europa 1991, que perdió ante Estrella Roja. Finalmente lo vendieron al Nîmes, un equipo de menor jerarquía.

Tampoco le fue bien allí, porque durante un partido se enojó con el árbitro y le tiró un pelotazo. Fue suspendido por un mes, sanción que fue elevada a dos meses luego que llamara “idiotas” a los miembros del tribunal de penas.

Harto de problemas, a fines de 1991 anunció que se retiraba del fútbol, pese a que tenía solo 25 años. Sin embargo, el nuevo técnico del seleccionado francés, Michel Platini, que lo había seguido convocando pese a sus periódicos berrinches, le aconsejó irse a jugar a Inglaterra.

Sin invocar su trayectoria, aceptó probarse en el Sheffield Wednesday, aunque no lo contrataron. En cambio, el Leeds no lo dejó escapar.

Con sus nuevos colores disputó apenas medio campeonato, pero en tan breve lapso condujo al equipo hasta el título 1991-1992, en vísperas del nacimiento de la Premier League. Después, marcó tres goles al Liverpool en la final de la Charity Shield (supercopa inglesa).

Entonces se produjo uno de los mayores aciertos de Alex Ferguson en la conducción del Manchester United. Como su equipo necesitaba un delantero, pensó en él. Se iniciaron los contactos con el Leeds, donde a pesar de los títulos obtenidos seguían considerando al crack francés una bomba de tiempo. Y entonces lo cotizaron barato: un millón y medio de libras. “Me lo llevo ya”, habrá pensado el astuto sir Alex.

El United, pese a su popularidad, llevaba 26 años sin alcanzar el título. Con Cantona el resultado resultó inmediato: campeón por diez puntos de ventaja, con grandes actuaciones de Éric.

En total, ganaría cuatro títulos de liga en cinco temporadas con los Reds Devils, entre otros logros. Se convirtió en el ídolo de la mitad de la ciudad, cuyos jóvenes adoptaron como moda el cuello de la camisa levantado, como usaba Éric su camiseta. Ferguson supo llevar al genio de mal genio, al punto que fue expulsado “solo” tres veces durante su etapa en Manchester.

Claro que una de esas tarjetas rojas desataron el episodio más visto, comentado y recordado de Cantona en toda su carrera. El 25 de enero de 1995 jugaba contra el Crystal Palace como visitante. Molesto con un rival, le entró fuerte y el juez lo expulsó. Mientras Cantona abandonaba la cancha, un hincha rival le gritó algo. El francés reaccionó lanzándole una patada voladora, que dio en el blanco pues en Inglaterra ya se habían eliminado los alambrados alrededor del campo.

El agredido fue Matthew Simmons, un joven con simpatías neonazis, que le habría gritado algo así como “andate a tu país, bastardo”, aunque el involucrado dijo hace poco no recordar qué le había dicho.

El futbolista recibió una suspensión de ocho meses y dos semanas de prisión, luego reemplazadas por trabajo comunitario. “Cuando las gaviotas siguen al pesquero, es porque piensan que las sardinas serán arrojadas al mar”, declaró entonces, una frase cuyo significado muchos trataron de desentrañar, hasta que él aclaró que estaba haciendo un chiste para ver cómo lo interpretaban.

Ferguson lo esperó con paciencia durante la suspensión, pese a que el ambiente general en Inglaterra ya no era propicio. El día de su regreso le hizo un gol a Liverpool y volvió a ser el ídolo de la hinchada.

Cuando terminó su contrato en 1997 anunció su retiro pues ya había perdido el interés por el fútbol de alta competencia. “Me gustaría probar otras cosas en mi vida”, anunció.


En 2010 comenzó a pensar en incursionar en política, desde una postura antisistema. Por ejemplo, llamó a un boicot contra el sistema financiero, retirando el dinero de los bancos. Dos años más tarde intentó sin éxito reunir las firmas necesarias para presentarse como candidato a la presidencia de Francia.

Ya estaba dedicado a la actuación, que se volvió en los últimos años su principal actividad. Para sorpresa de muchos, mostró que allí también podía ser crack.

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