HISTORIAS

Campero: "Kily" González cumplió su sueño

Cristian González dejó el fútbol y hoy disfruta de la tranquilidad de su campo en Aguas Blancas mientras se prepara para ser entrenador.

Cristian "Kily" González
Coronilla. Bajo el árbol que más disfruta en su campo. Foto: Darwin Borrelli

"Soy tranquilo. Nunca hice locuras”, admite Cristian González en su campo de Aguas Blancas, en Lavalleja. El “Kily” se refiere a las 40 hectáreas, donde pastan 40 vacas y un toro, a su apartamento en Atlántida, a su auto y al jeep, que resulta ideal para llegar al lugar. “Cuando veo a un exfutbolista que tuvo todo y ahora tiene que alquilar, me da mucha lástima”, agrega bajo la sombra de una vieja coronilla, el lugar más fresco y el que más le gusta al ya exdefensa, que a los 42 años decidió dejar de jugar, al menos profesionalmente.

“Estoy en una etapa nueva, que mientras estás jugando no la imaginás. Nunca te ponés a pesar cómo será el después. Pero lo llevo tranquilo, más que nada por historias de excompañeros y amigos. Los primeros días me sentía raro al no ir a entrenar y no ir a un vestuario, sin compartir esas cosas lindas que tiene el fútbol. Lo tomo con calma, quizás porque estoy estudiando para ser técnico. Me quedan tres meses para recibirme. Además, sigo entrenando en Progreso, mi club en Estación Atlántida, donde están mis hermanos en la Liga de Pando; despuntando el vicio en un grupo lindo, que me permite seguir en rodaje, pero a otro nivel. Me siento bien por colaborar, entrenar y dar una mano en lo que sea. Jugar el torneo del interior para Progreso, que es un equipo de barrio, es muy importante”.

Cristian "Kily" González
Al frente. De su casa en Aguas Blancas. Foto: Darwin Borrelli

Su último club fue Sud América en la Segunda División, que tuvo un parate grande de varios meses. “Eso me ayudó a ir pensando bien a qué quería apuntar. Con 42 años entendí que era el momento justo. Creo haber tomado una buena decisión, por más que me siento bien. Y eso es lo bueno: no tener que dejar el fútbol por un tema de lesiones. Es una decisión que la pensé bien y lo hablé con mis padres, que fueron los que siempre estuvieron conmigo desde que me inicié. Y con mis hermanos”.

CELESTE. Aunque no muchos lo saben, hizo todas las formativas en Danubio, luego de terminar el baby en Alianza de Estación Atlántida. “Arranqué en Octava División en el Parque Forno, que hoy ya no existe. Empecé con el ‘Chino’ Recoba, Richard Núñez, Ignacio Bordad y el ‘Palillo’ Vanzini. Estuvimos juntos en todas las categorías. Yo estaba en Tercera cuando subieron al ‘Chino’ a Primera. En aquel Danubio había muchos problemas económicos y yo no podía seguir viajando desde Atlántida”, explicó. Entonces volvió a su club, Progreso. Y tras pasar por San Jacinto e integrar la selección de Canelones del Este, lo llevó Liverpool, donde debutó en Primera División de la mano del “Cachorro” Sánchez.

Cristian "Kily" González
Vista. Con las sierras minuanas de fondo. Foto: Darwin Borrelli

“He ido disfrutando la carrera paso a paso. Iba subiendo escalones con muchísimo trabajo y un poquito de suerte que siempre hay que tener. De Liverpool pasé a Defensor y fue un gran paso. Un club que me hizo crecer muchísimo como jugador y como persona. Y me hizo llegar a la selección, que para mí fue lo máximo”. Es que el Kily fue convocado por Daniel Pasarella a una preselección y luego jugó en el combinado dirigido por Juan Ramón Carrasco, que apostó a los futbolistas del medio local. “Fue toda una cadena, donde lo más alto fue defender a Uruguay. Estaba en una edad ideal y lo viví a pleno. Mi mejor recuerdo fue un Uruguay-Chile que ganamos 2 a 1 en el Centenario. Lo ganamos de atrás y fue muy lindo, sobre todo por esa pica que hay con Chile. Y además, yo anduve muy bien por suerte”.

"Al principio parecía una locura, no conocía nada de ese fútbol, pero me sentí muy bien y estoy agradecido”.

Cristian "Kily" González
Cristian GonzálezSobre Israel

Después llegó la posibilidad de irse a jugar a Israel. Y se quedó seis años. “Al principio parecía una locura, no conocía nada del fútbol israelí. Me fui encontrando cómodo en un país donde me sentí muy bien y por eso año tras año volvía a jugar ahí. Al principio me costó adaptarme, más que nada a lo extrafutbolístico. Al modo de vida, a la religión, a los problemas internos de Israel en la frontera con los árabes. Y al calor, que es seco y muy diferente al nuestro. Hace unos días me escribió gente amiga de allá porque se enteraron que me retiraba. Y eso es lindo porque uno dejó bien parado al fútbol uruguayo”, dijo.

BÚNKER. Pero hubo una oportunidad en que sintió miedo. Fue en 2008, cuando jugaba en el Ashdod. La ciudad del mismo nombre está ubicada a poco más de 30 kilómetros de Gaza. Vivía en un edificio donde cada apartamento tenía un búnker. Pero nadie le había explicado cómo usarlo, porque hasta ese momento no había pasado nada. “El dueño del apartamento lo usaba para guardar cosas. Un día se escuchaban los misiles y yo no sabía dónde meterme. El búnker estaba cerrado con llave. Al final me puse abajo del marco de una puerta, me hinqué y me puse a rezar. Por suerte no pasó nada. Salvo esa vez, nunca me tocó vivir nada fuerte, aunque al ser un país chico todo lo que pasaba en la frontera repercutía. Pero me sentí seguro y estoy muy agradecido”.

Cristian "Kily" González
Sueño. El que cumplió el Kily cuando se compró el campo en Aguas Blancas. Foto: Darwin Borrelli

CRUCERAS. Antes de irse a jugar a Israel le surgió la posibilidad de comprar el campo. “Salió sin querer. Yo jugaba en Peñarol y un 1° de mayo me llamó mi tío -que estaba comiendo acá un cordero con unos amigos- para que viniera. Yo ya conocía Aguas Blancas porque venía de niño a pescar y cazar. Después de preguntarle a varios vecinos pude llegar. Mi tío me contó que el dueño lo quería vender y que le hiciera una propuesta. El hombre se había quedado solo y quería vender. Y así se dio. Para mí era un sueño, porque siempre me gustó el campo. Como yo me fui enseguida a Israel, se ocupó mi padre, que fue trayendo de a poco los animales. Todos los años sacamos los terneros para vender. Es como un hobbie. Es lindo, sobre todo por la tranquilidad y los animales”.

Cristian "Kily" González
Aljibe. Al que tuvo que bajar para limpiarlo. Foto: Darwin Borrelli

Aguas Blancas es tierra de cruceras y yararás, pero Kily nunca vio ninguna. “Hay que tomar precauciones, por ejemplo siempre tenemos el pasto cortado y todo limpio alrededor de la casa. Igual hay que tener cuidado sobre todo cuando vas a buscar leña. Nunca me cruce con una. Si pasa, creo que no salgo en varios días de la casa. Je”.

En 2011 regresó a Uruguay y Guillermo Almada lo invitó a unirse a River Plate, el equipo donde estuvo cinco años y con el que consiguieron cosas importantes: jugaron dos Sudamericanas y una Libertadores, a la que clasificaron por primera vez en la historia darsenera. Quizás por eso la gente lo identifica más que nada con River. “Vivimos cosas muy fuertes en un plantel que se formó con mucha gente joven, que hacía sus primeras armas en Primera. Éramos solo dos o tres los mayores”, relató.

Cristian "Kily" González
Compañero. Con Rony, el perro de su madre. Foto: Darwin Borrelli

“Nunca me puse a pensar qué hubiera sido si no hubiera tenido una buena carrera en el fútbol”, reconoció. “Mis padres tienen una tapicería en Atlántida y yo había aprendido bastante. O sea que supongo que hubiera agarrado para ahí”. Kily tiene sangre yugoslava en sus venas. Se llama Gónzález Adinovich. Su abuelo vino de la ex-Yugoslavia huyendo de la guerra y se afincó en Rincón de Pando.

Cristian "Kily" González
Añeja. Así es la cocina de la "casa de los esclavos". Foto: Darwin Borrelli

Antes de regresarnos de Aguas Blancas, el Kily nos mostró el lugar, sobre todo la vieja construcción del fondo, donde le contaron que era la casa de los esclavos. Allí hay una añeja estufa a leña que estaba a full porque los amigos del exfutbolista preparaban el almuerzo. También contó que tuvo que bajar a limpiar el aljibe, unos siete metros. Y fue una experiencia impresionante. “Sobre todo después de ver muchas películas”, contó.

El técnico

“Me gusta un equipo que no pierda nunca la agresividad”

Le quedan tres meses para tener el diploma de entrenador y ya le han consultado al respecto. “He recibido algunas preguntas sobre qué idea tengo, pero hoy en día es difícil porque hay muchos técnicos, gente del fútbol, que también está esperando su oportunidad para dirigir. He aprendido que lo principal es el trabajo. Me gusta un equipo que corra la cancha y desnivele cuando tenga la pelota. Y que no pierda nunca la agresividad, que es lo que ha hecho competitivo al fútbol uruguayo”.

Le gustaría comenzar con juveniles, para ir adquiriendo experiencia. Los errores se disimulan más en formativas. Irse a dirigir a Israel no es una idea descabellada.

El amor

“A unos les demora más que a otros”

Estuvo casado durente seis años, pero el matrimonio se terminó y ahora Kily lleva tres de divorciado. No tiene hijos. “Hoy estoy tranquilo, sin novia. Pero las puertas están abiertas. Aunque el amor a veces a unos les demora más que a otros. Je”, admitió.

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