ENTREVISTA

Cambio de roles: Bogliacino tomó la decisión más difícil por su mujer

El delantero dejó Plaza Colonia, donde esperaba retirarse, para que su esposa Florencia, que lo acompañó en  Europa, pudiera por fin ejercer la abogacía.

Papito. Mariano Bogliacino junto a su esposa Florencia y sus tres hijos: los napolitanos Celeste y Francesco y Tomás, que nació en Verona. Foto: Ricardo Figueredo
Papito. Mariano Bogliacino junto a su esposa Florencia y sus tres hijos: los napolitanos Celeste y Francesco y Tomás, que nació en Verona. Foto: Ricardo Figueredo

Mariano Bogliacino tuvo que tomar la decisión más difícil de su carrera para dejar de jugar en Plaza Colonia. Y lo hizo por amor a su familia. A sus hijos y sobre todo a su mujer, Florencia. Llegó la hora de que ella pueda desarrollarse en su profesión de abogada, como él hizo con la suya de futbolista durante 12 años en Europa.

El delantero regresó hace tres años del viejo continente, donde jugó en Las Palmas de España y en los italianos Sambenedettese, Napoli, Chievo, Bari, Lecce y Martina Franca. En estas últimas tres temporadas defendió a Plaza Colonia, que es su casa y fue feliz. Pero vivió lejos de su familia, que al regresar de Europa se instaló en Punta del Este.

“Plaza es el cuadro donde me crie, que me que dio todo y ahora al volver viví tres años espectaculares. Regresé y salimos campeones (torneo Clausura 2016), algo que nunca había pasado en la historia del club y fue divino. Al segundo año descendimos, pero en el tercero pudimos regresar. Pasé muy bien pero yo estaba en Colonia y mi familia en Maldonado. Cuando decidimos regresar a Uruguay nos radicamos en Punta del Este, donde veníamos de vacaciones y nos gusta mucho. Y donde viven mi cuñada y mi mejor amigo. Pero se me hacía difícil, fueron tres años y me perdí muchas cosas de los niños”, contó Bogliacino, quien en los dos primeros años se iba para Maldonado cuando terminaban los partidos y después del día libre regresaba a Colonia. Y el año pasado el técnico Mario Szlafmyc le daba un día más de descanso.

“Me hubiera gustado retirarme en Plaza, que es mi segunda casa. Dejar Plaza fue la decisión más difícil que he tomado, más sabiendo que me querían. Además jugué bastante el año pasado. Pero la familia está primero y tengo que apoyar a mi señora en su carrera”, explicó.

Tras decirle que no a Plaza y regresar a Maldonado, a su esposa le salió un trabajo en Montevideo. “Era hora de apoyarla a ella. Estudió esa carrera y le gusta. Era hora de que yo me quedara con los niños”, contó sobre Florencia, que ya había terminado la carrera de Derecho antes de irse con él para Europa. Y allá nunca pudo ejercer.

“Estando afuera, uno no sabe nunca dónde va a estar al año siguiente. Cambiábamos mucho de equipo y de ciudad y no podía dedicarse. Ahora por primera vez se volcó de lleno a la carrera y está muy contenta”, relató.

Florencia, como la mayoría de las mujeres de los futbolistas, se sacrificó por su pareja. Y dejó muchas cosas de lado, entre ellas una carrera que acababa de finalizar y en la que recién ahora va a trabajar. “Ella me acompañó en toda mi carrera, ahora yo la tengo que acompañar a ella que comienza en la suya”.

PADRINOS. Los dos son de Colonia y allí se conocieron. El mejor amigo de Mariano está casado con la hermana de Florencia. Y antes de ser novios, ambos eran los padrinos de Felipe, su hijo. “Ahí, con Felipe en brazos, empezó todo. Al poco tiempo me fui para Europa y ella justo se fue a una beca en España. Fue a visitarme a Nápoles y nunca más nos separamos. Vinimos en diciembre para las fiestas y le dijo a los padres que se volvía a Europa conmigo. Y al año nos casamos y tuvimos a Celeste”, relató.

Celeste, la mayor, tiene hoy doce años, Francesco diez y Tomás siete. “Celeste ya va a comenzar el liceo y con la madre andan a los tiros. Es normal, lo sé porque crecí con dos hermanas y lo viví”, contó riendo. Celeste y Tomás lo apoyaban para que siguiera jugando en Plaza Colonia, pero Francesco necesitaba cerca a su papá. “Estaba dividida la cosa, el único que no quería que siguiera en Plaza es Francesco, el del medio porque quería que me quedara”.

Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo

Los Bogliacino tienen casa en Colonia, la construyeron con la intención de vivir allí cuando regresaran a Uruguay, pero terminaron en Maldonado. “Nos habíamos hecho la casa, pero esas cosas de la vida nos llevaron a parar en Punta del Este y estamos muy contentos. Colonia nos encanta, nunca se sabe si volveremos. Lo que pasa es que cuanto más crecen los chiquilines es más complicado. Conversamos sobre la posibilidad de que yo siguiera en Plaza y vivir en Colonia, pero era tener que volver a cambiar a los chiquilines de colegio y de lugar”.

ITALIA. Tras más de una década en Italia, Bogliacino domina el italiano sin problemas, y lo mismo sus tres hijos, que nacieron allá. Celeste y Francesco son napolitanos, y Tomás nació en Verona. La idea era que en la casa siguieran hablando en italiano, como hacían cuando estaban en Italia con el español, pero no fue tan sencillo. “Estamos bastante vagos. Es una pena que los chiquilines pierdan el idioma. Hablar un poco el italiano para que no se olviden es algo que tenemos en el debe”.

En el proyecto familiar está regresar a Italia de paseo. Tienen muchos amigos, sobre todo en Nápoles y Lecce. “Tenemos muchas ganas de volver, los amigos nos están esperando”, reconoció quien tiene muy buenos recuerdos de su pasaje por el fútbol italiano, sobre todo por Napoli.

“Anduve bien, sobre todo cuando estábamos en la B. Era una Segunda División donde estaban Juventus, Bologna, Lecce y Génova. Había una cantidad de equipos importantes. Después de ese año, me renovaron el contrato por cinco años más”.

Cuando llegó al equipo del sur estaba en la C, pero al otro año subieron a la B y luego, al siguiente, a la A. “Con Napoli jugué todo: desde la C hasta la Champions. Deportivamente fue lo máximo. Estábamos en la Serie C y jugábamos con 35 o 40 mil personas. Es una ciudad que vive para el fútbol. La gente se olvida de los problemas si a Napoli le va bien, y si el equipo va mal, todo está mal. Es una ciudad divina y me fue muy bien”.

Cuando llegó a Napoli usó la camiseta número 10. ”Al principio me costó usar la de Maradona. La gente me decía que estaba usando la camiseta de su ídolo máximo. Era muy pesada, pero por suerte las cosas salieron bien”, dijo. En Napoli le dedicaron una canción. “Boglia, Boglia, il dieci giusto per noi”, (el número 10 justo para nosotros). La tiene grabada.

FUTURO. Bogliacino cumple 39 años en junio y cuando regresó de Colonia la posibilidad de colgar los botines rondó por su mente. Y estaba dispuesto a hacerlo, ya había optado por dejar Plaza Colonia. Pero surgió la posibilidad de jugar en Deportivo Maldonado, y hace unos días empezó a entrenar.

“Estaba la chance de dejar de jugar, a mi edad tampoco es que te quieran muchos equipos. Dejar es un momento duro, no es fácil. Ahora lo que quiero es hacer el curso de entrenador. En Colonia aproveché para terminar tercero de liceo, que te lo exigen para el curso. Fui al liceo nocturno y lo terminé. Quiero ver. El fútbol es lo que hice siempre de chico y me encanta. Sé que ser técnico es otra cosa, totalmente distinta. Tenés que pensar por muchos jugadores. Voy a hacer el curso mientras juego y luego veré. Todavía no sé lo que voy a hacer. El fútbol me encanta, y en el curso me voy a dar cuenta si tengo condiciones para técnico. Quiero ver”.

En Deportivo Maldonado, Bogliacino repetirá la historia de trabajar con un técnico menor que él. “Me toca otra vez un técnico más joven, como me pasó en Plaza Colonia con Mario Szlafmyc, al que le sacaba diez años. Francisco Palladino es un poquito más grande pero es su primer experiencia en Primera y lo que quiero es ayudarlo en lo que pueda. Quiero hacer lo mismo que en Plaza, ayudar al técnico y a los jugadores más jóvenes. Y ojalá que Deportivo pueda subir a la A, algo que hace tiempo que busca y no puede lograr. Así hay un equipo más del interior. Por suerte este año los tres que subieron son del interior, es un campeonato más uruguayo”, finalizó Mariano, que este año estará muy ocupado: entrenando, haciendo el curso de técnico y ocupándose de sus hijos para que la abogada pueda ejercer.

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