HISTORIAS

En la burbuja: las cuarentenas de Gastón Olveira

El arquero de River Plate estuvo una semana aislado en un hotel tras los positivos de COVID-19 en la selección. Almorzaba y cenaba con sus hijos por medio de una video llamada.

Gaston Olveira
En el Prado. Gastón llegó a River a los diez años. Con el tiempo le fue tomando cariño al club, hoy es hincha y dice que eso es un plus. Foto: Leonardo Mainé. 

El martes pasado el arquero Gastón Olveira abandonó por fin el hotel Regency, donde estuvo haciendo cuarentena tras su convocatoria a la selección para el partido frente a Brasil por la cuarta fecha de las Eliminatorias. Fue llamado de apuro por los casos positivos de COVID-19 en la Celeste, entre ellos el de su colega Rodrigo Muñoz.

Con la alegría lógica de ser convocado por segunda vez a integrar el grupo de la selección, ya había sido citado para un amistoso frente a Perú en Lima en octubre del año pasado, no imaginó que iba a pasar una semana aislado en un hotel, lejos de su familia y sufriendo al ver a River Plate por televisión.

El martes le habían hecho un nuevo hisopado, hasta ese momento todos le habían dado negativo, y esperaba el resultado porque de volver a ser favorable podría abandonar la cuarentena. Estaba ansioso por regresar a su casa para abrazar a sus hijos y de incorporarse a los entrenamientos del equipo de Fossati, a dos días del partido frente a Universidad Católica por la Copa Sudamericana.

“El martes nos iban a trasladar para otro hotel, porque lo tenía reservado Nacional para la cuarentena al volver de su viaje a Quito. Nos iban a llevar a otro Regency, incluso me llegué a subir a la ambulancia, pero la doctora encargada del traslado me dijo que esperara porque estaban por salir los resultados y como yo era el único negativo, si me volvía dar bien no tenían que trasladarme”, contó el arquero. En cuanto le dieron la buena nueva salió corriendo para el Saroldi.

“Yo sabía que alrededor de las tres o las cuatro iba a estar el resultado. Y estaba bastante ansioso, más que nada por quedar habilitado para jugar. Lo que más me preocupaba era volver a estar con el equipo. Miedo no tuve, capaz que porque nunca tuve síntomas y porque a pesar de las limitaciones de estar encerrado puede entrenar bien. Me mantuve siempre muy tranquilo. Y pensaba que en caso de dar positivo al menos era asintomático, porque estar solo, aislado, lejos de la familia y sufrir sintiéndote mal no debe estar nada bueno”, explicó el darsenero.

Esa tarde el entrenamiento de River comenzó un poco más tarde para esperar a Olveira. A pesar de la semana de encierro se sintió bien en su primera práctica y también en el partido ante Católica. “Sobre todo físicamente, porque el profe me había llevado pesas y algunas otras cosas para que pudiera entrenar en la habitación. Y el arquero capaz que la tiene un poco más fácil”. Además, como los resultados de sus hisopados siempre fueron negativos, llegó un momento en que le permitían salir a entrenar afuera en un espacio delimitado para correr.

ETERNO. “Y así se me pasaban un poco más las horas, porque el encierro se me hizo eterno. Trataba de levantarme temprano, desayunar y tomar mate. Y luego trabajar en lo físico. Y de tarde entrenaba afuera, y se me pasaba el tiempo”, contó quien incluía en su rutina diaria almorzar y cenar a la misma hora que sus hijos para compartir las comidas en familia, aunque fuera por medio de una video llamada. Es que generalmente las cosas más sencillas de la vida diaria son las que más se echan de menos cuando no se pueden realizar. Y eso fue lo que le sucedió al arquero de River durante la cuarentena.

“Se extrañaban mucho los niños, mi señora y la rutina diaria, de ayudar en la cocina, poner la mesa y lavar la loza. Mi señora se tuvo que ocupar de todo y los niños todavía son chico y demandantes”, contó, y explicó a la vez lo diferente que era comer en cuarentena. “En el hotel tenía una mesita del lado de afuera de la puerta y ahí me dejaban la comida. Golpeaban la puerta y se ve que salían corriendo, porque cuando abría ya no había nadie. Je”.

Las series no fueron de ayuda para Olveira porque no es mucho de estar frente a la pantalla. “Miré bastante fútbol, incluso había visto el último partido de Católica por el torneo local, pero no soy mucho de la tele o la computadora. Me cansa la vista y después me cuesta dormir”.

Olveira
Olveira con Otero e Irrazabal antes del partido con Brasil, ambos dieron positivo, pero él no se contagió.

Durante el encierro vio el partido donde River cayó ante Deportivo Maldonado por el Intermedio y reconoció que sufrió muchísimo. “Grité de tal manera el gol de Matías Alonso, que Irrazabal me mandó un mensaje y eso que estaba en una habitación bastante lejos de la mía. Se sufre al ver a los compañeros de afuera, más que uno no está acostumbrado”.

CONTAGIOS. El arquero cree que lo que se generó por los positivos en la selección fue un poco exagerado. “La burbuja más que impedir que entre el virus, lo que no permite es que salga. Yo traté de estar siempre con tapabocas y usando alcohol en gel, por mí y por mis compañeros”.

Luego se refirió a la foto en la que varios futbolistas celestes compartían un asado, sin tapabocas y que causó tanto revuelo en Uruguay como en Europa. “Yo no estaba ahí, así que no puedo hablar. Pero creo que una imagen no puede reflejar todo lo que fue la concentración. Para sacar una foto tenés que acercarte, salvo que quieras sacar una panorámica. Y no te vas a sacar con tapabocas, que no se sabe quién es quién. No es para asustar esa foto y no se puede decir que por eso se bajó la guardia. Me parece que hubo muchos otros momentos en que pudieron darse los contagios. Mucho más se compartió entrenando, en el vestuario o en las duchas”, explicó Olveira.

Cuando por fin se reencontró con su familia y pudo abrazar a sus hijos, Lautaro (9) y Emma (4), no quiso ni decirle a la más pequeña que en un par de días iba a volver a irse. Es que al final lo único que hizo Olveira fue cambiar de hotel porque River Plate ingresó en una burbuja el día previo a recibir a Universidad Católica por la Copa Sudamericana y seguirá allí hasta que 12 de diciembre, cuando cumplan con la cuarentena al regresar de la revancha del próximo jueves en Santiago. Y si llegan a poder dar vuelta la serie y siguen en la Sudamericana, volverán a jugar a la semana siguiente, casi que seguirán guardados hasta la Nochebuena.

Sólo salen del hotel para ir a entrenar y hoy lo harán para jugar por el torneo Intermedio frente a Defensor Sporting. “Lautaro está más grande y comprende, pero Emma es más pegada al papá y lo sufre un poquito más. No le quise decir enseguida que me iba a volver a ir. Me pareció que era demasiado para ella”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados