MUNDIAL

Brasil 2014: un sueño que se convirtió en pesadilla

Un 12 de junio pero de hace cuatro años, la "Canarinha" inauguró su Copa del Mundo ante Croacia.

Foto: AFP
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Hace cuatro años exactos Brasil inauguraba su segunda Copa del Mundo, con la cual esperaba enterrar el amargo recuerdo de la primera, que como todos saben terminó con el Maracanazo uruguayo. Pero el sueño se convirtió después en pesadilla, acaso peor que la de 1950.

Todo era colorido y expectativas el 12 de junio de 2014 en el flamante Arena Cotinthians de San Pablo para el partido de apertura, Brasil-Croacia. La fiesta previa fue un gran espectáculo con más de 600 bailarines en la cancha, que desarrollaron un homenaje a la fauna y flora brasileña, seguido por el recuerdo a los primeros pobladores de Brasil. Después cantaron Pitbull, Jennifer López y Claudia Leitte.

Sin embargo, cuando comenzó a rodar la pelota se advirtieron los primeros problemas. A los 11 minutos, el gol que estrenó el Mundial fue de un brasileño, Marcelo, pero en contra para Croacia. Neymar acudió al rescate y marcó un golazo para el empate antes del final del primer tiempo.

Avanzado el segundo, el encuentro seguía 1-1. Fue entonces cuando el delantero brasileño Fred realizó su mejor actuación en toda la Copa: se tiró en el área ante el fugaz contacto con un rival y el árbitro japonés Nishimura creyó ver penal. Neymar lo convirtió, para alivio de la torcida. Ya en los descuentos, Oscar puso el 3-1.

Con más ganas que fútbol, Brasil llegó hasta las semifinales. Por el camino perdió a su mayor esperanza, Neymar, que sufrió ante Colombia la fractura de una vértebra. Y a continuación cayó por 7 a 1 ante Alemania, en su peor humillación de la historia. Como cierre, otra goleada (3-0) frente a Holanda, por el tercer puesto.

Si fuera por los brasileños, el Mundial 2014 debía pasar al olvido inmediatamente. Pero allí quedan 12 estadios, construidos o remodelados para el torneo, que lo recuerdan día a día. Incluso con los impuestos que deben pagar para mantenerlos, pues muy pocos se autofinancian.

El Mané Garrincha de Brasilia es demasiado grande y caro para los pequeños clubes de la capital federal, que no llevan más de 3.000 personas por partido. Ante la falta de uso de su cancha, su predio exterior sirve como estacionamiento para ómnibus. El Arena Amazonia, en Manaos, es alquilado para fiestas y casamientos con el fin de atenuar su déficit. Y en el Arena Pantanal de Cuiabá funciona un colegio estadual para estudiantes secundarios, ya que los clubes locales llevan apenas entre 500 y mil personas por encuentro.

Para colmo, luego se supo que la mitad de esos estadios tuvieron sobrecostos: gastos inflados por las propias constructoras para desviar dinero, según lo admitieron ante la Justicia directivos del grupo Odebrecht, investigado por haber corrompido a numerosos políticos en Brasil y otros países sudamericanos.

En el caso del Maracaná, los costos fueron 75 % superiores a los calculados, por lo cual terminó costando 383 millones de dólares.

El Arena Pernambuco fue construido en la localidad de São Lourenço da Mata, a 20 km de Recife, porque Odebrecht lo incluyó en un proyecto denominado “Ciudad de la Copa”, que tendría hoteles, centros comerciales y otras atracciones. Pero el plan naufragó y el estadio permanece aislado y lejos de los hinchas de Recife.

Muchos brasileños ya miraban con desconfianza desde mucho antes el desmesurado gasto para la Copa del Mundo exigido por la FIFA. Por eso se multiplicaron las protestas en plena disputa del certamen, al grito de “FIFA go home”, reclamando invertir el dinero público en salud, educación y transporte en vez de estadios.

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