HACIENDO HISTORIA

Brandao: el técnico más discutido de la historia aurinegra

El prestigioso entrenador brasileño llegó hace 50 años a un Peñarol que se acercaba al fin de un ciclo: todavía se polemiza sobre su papel en ese proceso.

Brandao. Foto: Archivo El País.
Foto: Archivo El País.

El técnico más discutido de la historia de Peñarol se incorporó al club hace ahora 50 años y duró 10 meses en el cargo, durante los cuales perdió el Uruguayo ante Nacional pero logró la Supercopa y estuvo cerca de ganar la Libertadores con un equipo de emergencia. Sin embargo, ese breve pasaje del brasileño Oswaldo Brandao es recordado por su papel en el alejamiento de los grandes ídolos aurinegros de la década de 1960: el final traumático de una era de glorias.

Brandao llegó a Montevideo a fines de julio de 1969, pocos días antes del comienzo del campeonato, con prestigiosos antecedentes. El más fresco, un brillante equipo de Independiente, campeón argentino de 1967, cuyos jugadores expresaron admiración profesional y humana hacia él.

En Montevideo enseguida llamaron la atención algunas de sus ideas: prohibió jugar a las bochas y el billar durante la concentración porque exigían “movimientos musculares incompatibles con las exigencias de un futbolista”. Para los entrenamientos, también pidió que los jugadores concurrieran a la sede de la calle Maldonado y desde allí todos juntos cada día se trasladarían en un ómnibus del club hasta Los Aromos para evitar las “tensiones nerviosas del tránsito”. El cigarrillo pasó a estar prohibido, pero cambio permitía un whisky como aperitivo. En relación más directa con la preparación, estableció un régimen de doble horario, con la preparación física por las mañanas (también a su cargo) y el fútbol de tarde.

De inmediato se vio que el ritmo de entrenamiento era demasiado intenso para los varios futbolistas veteranos del plantel (entonces Abbadie tenía 39 años, Joya 35, Goncálvez 34, Spencer 33, Lito Silva 30, entre otros). Algunos de ellos dejaron de ser titulares. Y en su lugar, el DT brasileño promovió a juveniles como los delanteros Luis Lamberck y Julio Losada y el lateral Mario González.

La idea que corrió en el ambiente futbolero fue que Brandao había sido “contratado para jubilar” a las figuras que ganaron todo en la década de 1960 pero aparentemente ya estaban declinando. Figuras que además eran ídolos de la hinchada, por supuesto.

Los intentos de renovación no tuvieron resultados en la cancha, donde Peñarol pronto le perdió el tren a Nacional por el título de 1969. Sin embargo, jugando con las viejas estrellas ganó la Supercopa. En el partido decisivo frente a Estudiantes de La Plata su mano fue decisiva: reemplazó a Onega por Cortés y adelantó a Rocha en el campo, con lo cual el aurinegro terminó ganando el partido y el trofeo con dos goles del propio Rocha.

Pese a ese éxito, los problemas volvieron a salir a la luz en enero de 1970. Goncálvez y Spencer realizaron planteos a la directiva del club, disconformes con el trato que recibían de Brandao. Los dirigentes, sin embargo, respaldaron al técnico, según la prensa de la época. Por esos días, Abbadie decidió retirarse en silencio y Joya se fue con el pase libre.

En entrevistas concedidas por esos días, Brandao afirmó: “Suena ridículo que yo llegara a Peñarol dispuesto a eliminar a determinados jugadores. Primero, porque no permitiría ser utilizado para una cosa como esa. Segundo, porque mi profesión es la de director técnico y no la de verdugo”. Negó tener problemas con Goncálvez y Spencer, aunque insistió en que había demasiados futbolistas pasando la treintena en el plantel, y más para el fútbol que pretendía. Y mandó contratar a tres jugadores para el puesto de número 5, que el Tito ocupaba desde fines de la década de 1950.

En ese panorama, la hinchada comenzó a silbarlo cada vez que sacaba del equipo a alguno de los ídolos. Eso llevó al periodista Juan Ángel Miraglia a comentar en la revista Deportes: “El promocionado y muy bien pagado Oswaldo Brandao, entre otros defectos, tiene el de ser testarudo con tendencia al masoquismo”.

Poco después, con un plantel diezmado por la Selección uruguaya, que se preparaba para el Mundial de México, el Peñarol de Brandao llegó a la final de la Libertadores y la perdió por escaso margen ante Estudiantes. Entre muchos jóvenes, allí estaban Goncálvez y Spencer como puntales.

Esas finales fueron los últimos partidos que dirigió en Peñarol. Sin el impacto periodístico que originó su llegada diez meses antes, Brandao regresó a su país mientras comenzaba el Mundial (durante el torneo hubo quienes lo acusaron de ser, junto al ex DT brasileño de Nacional Zezé Moreira, espías del seleccionado brasileño).

Algunos futbolistas aurinegros fueron muy duros con Brandao. Por ejemplo, Lito Silva hizo fuertes declaraciones. Otros, en cambio, lo despidieron con abrazos emocionados cuando dejó Los Aromos.

La carrera de Brandao continuó en su país: sacó campeón a Corinthians luego de 20 años de espera e incluso estuvo al frente de la selección verdeamarilla en 1976-1977, de la cual fue despedido por empatar contra Colombia como visitante el primer partido de las eliminatorias para Argentina 1978.

Los finales de ciclo suelen dejar muchas heridas. A Brandao le tocó estar en un buen lugar aunque en el momento inadecuado. Su papel todavía es discutido por los hinchas veteranos, pero más culpa que él la tuvo el tiempo, que todo destruye.

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