SUB 20

Estos botijas son un orgullo

Uruguay es un equipo en el que todos corren y meten, pero lo fundamental es que todos juegan.

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Uruguay sub 20

Aquella noche terrible que tuvo el árbitro Alejandro Mancilla en el cierre de la primera fase, en Maldonado, es el único sabor amargo que ha dejado esta selección Sub 20 de Uruguay.

Esa derrota 1-0 sufrida ante Venezuela, luego de que el boliviano anulara un gol (de Agustín Ale) lícito en el último minuto, igualmente no logra opacar lo que ha sido el rendimiento del equipo de Fabián Coito en lo que va del certamen.

Uruguay está ahí, a un paso de clasificar al Mundial. Mañana, cuando se dispute la tercera fecha del hexagonal final, la Celeste ya puede quedar perfilada e incluso como líder en exclusiva del Sudamericano.

Los botijas enfrentarán a un Paraguay que llegará con la imperiosa necesidad de ganar (tiene un punto) y con tres bajas por suspensión. En caso de vencer, llegarán a siete puntos, y jugarán con la ventaja del resultado visto entre Brasil y Argentina —los otros dos que los acompañan en lo más alto de la tabla—, que se enfrentarán en el turno anterior, el de la hora 20.

Si hay un ganador, entonces habrá un puntero menos; un empate le vendría muy bien a Uruguay, porque en ese caso podría acceder a la punta en solitario en caso de conseguir los tres en el partido ante los guaraníes.

Pase lo que pase mañana en el juego entre los dos gigantes del continente, a la Celeste nadie le quitará el respeto que ya se ganó. El equipo de Coito ha demostrado ser el de mejor juego colectivo y bien merecido tiene el rótulo de candidato a conseguir un título esquivo para Uruguay desde 1981.

Recambios.

Precisamente la gran virtud de esta formación juvenil celeste ha sido su funcionamiento colectivo. Y en ese sentido no se limita únicamente a los 11 que el entrenador considera titulares. Por el contrario, todo el plantel ha respondido en gran forma.

La línea final ha sido inamovible (Cotugno, Lemos, Cabaco y Suárez), pero en el resto han habido variantes durante y previo a los partidos que, lejos de mermar el rendimiento, lo han potenciado.

¿Ejemplos? Cuando Gastón Faber tuvo que ingresar a la mitad del terreno demostró tanto o más despliegue que Nahitan Nández o Mauro Arambarri.

Diego Fagúndez comenzó como titular por el sector derecho de la línea media, no anduvo correctamente y en su lugar entró Facundo Castro, quien ha sido clave en el manejo de la pelota por sus rompimientos en velocidad o sus pases en profundidad.

Y el que más ha sorprendido como revulsivo, sin dudas, es el más chico de todos los jugadores celestes: Rodrigo Amaral. Cada vez que lo mandan a la cancha revitaliza al ataque de tal manera que Uruguay arrincona al rival en su área. Tiene una gran personalidad, va a todas y no es de quedarse tirado quejándose cuando le entran duro. No; se levanta, protesta, hace una mueca de dolor y sigue para adelante, salvo como cuando de verdad le duele y tiene que dejar el campo de juego, como lo hizo el jueves frente a Perú.

Amaral da la sensación de ser de esos jugadores que cuanto más le pegan, más encara al rival. Esa valentía (o desfachatez, como quiera llamarlo) le significó ganarse un puesto en el equipo titular.

Columna vertebral.

Más allá de los casos puntuales, Coito ha encontrado una columna vertebral que, con grandes rendimientos, es el sostén del equipo. Ella está compuesta por el arquero Gastón Guruceaga, Mauro Arambarri, Nahitan Nández, Gastón Pereiro y Franco Acosta. El arquero solo recibió dos goles en cinco partidos, los volantes han conformado el mejor doble cinco del torneo, Pereiro ha sido el cerebro de Uruguay y Acosta el delantero punzante y goleador de un equipo con pasta de campeón.

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