NACIONAL

Se borró un trazo muy fino

Luis Rodríguez Ituño: pluma y sello de una gloriosa época tricolor.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Columnas. Escribia sus manuscritos en hojas de renglones escolares.

Aunque memorioso, Hernán Navascués no recuerda “otro caso” en la AUF “de alguien que haya presentado renuncia a un club y los neutrales no sólo le hayan pedido que la retirara: el Ing. (Nelson) Landoni, que era el presidente, habló con (Dante) Iocco y le dijo que la asamblea precisaba personas de su nivel, con ideas claras”.

Sin embargo, el Dr. Luis Eduardo Rodríguez Ituño no dio marcha atrás, pese a la gestión realizada ante el presidente de Nacional, y a que el inicio de los 80 era una época gloriosa para los tricolores, campeones uruguayos, de América y del mundo con el sellogenui no de una camada de dirigentes que gestó una verdadera revolución en el fútbol uruguayo.
Es que, quien fue delegado de Nacional entre 1980 y 1982, siempre según Navascués, “no sólo tenía una gran inteligencia, una capacidad de razonamiento muy sutil, y una sana picardía con la que manejaba el humor en base a una ironía tan fina que enseguida inspiraba una confianza muy grande”: cristalino y principista a ultranza, no dio marcha atrás al no transar en un tema muy delicado que en aquellos días dividió las aguas del club, aunque nunca se alejó y siguió aportando su esfuerzo, conocimiento profesional -era abogado- e ideales desde la trinchera partidaria de la Comisión del Decanato.

Entonces, conviviendo con el hincha, afloró el columnista de la página de Deportes de El País, donde escribió bajo la ocurrente firma de Gerardo Müller García (por Gerd Müller, el 9 alemán del Mundial 74) y en el espacio dominical denominado “Fútbol desde la Torre” (por la del estadio), al influjo de una pluma punzante, a veces irónica y hasta sarcástica, pero siempre respetuosa, delicada, que se rendía con debilidad casi infantil ante el “ángel” de los jugadores virtuosos, talentosos, hábiles.

Esa faceta lo tuvo por agudo polemista, como la vez que los tricolores se sintieron “tocados” por el inefable Cr. José Pedro Damiani, que le puso “Pa´ los bolsos” a un caballo suyo que siempre salía último…por esas casualidades: redactó una carta pública que firmó el Dr. Atilio Narancio, nieto del expresidente de Nacional que hipotecó sus bienes para pagar el viaje de los olímpicos de 1924, y la remató escribiendo que “el ‘plomo’ (apodo de Damiani) nunca va a ser como el bronce”, en alusión al monumento que homenajea al “Padre de la victoria” detrás de la tribuna Ámsterdam.

Un trazo fino, finísimo; tanto, que a los 85 años se terminó borrando.

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