HACIENDO HISTORIA

Boom 1968: la increíble final de la "B"

Parece de fábula, pero ocurrió: Huracán Buceo y Bella Vista, que se preparan para volver tras caer en profundas crisis, se jugaron el ascenso un domingo de mañana, ante 60.000 espectadores en elEstadio Centenario.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Recuerdos de 1968. El equipo campeón de Bella Vista en la lámina publicada por El País al otro día, con la publicidad de un refresco de la época.

LUIS PRATS

Sesenta mil espectadores en el Estadio Centenario un domingo a las nueve y media de la mañana. El país pendiente de una final de la "B". Un barrio entero movilizado por un club al que poco tiempo antes nadie conocía. El resurgir inesperado de un nombre prestigioso. Fueron episodios tan excepcionales que hoy suenan a leyenda.

Se anuncia para el próximo domingo un amistoso entre Huracán Buceo y Bella Vista para celebrar el regreso de ambas instituciones al fútbol oficial, y ese partido remite obligatoriamente a aquella final disputada el 13 de octubre de 1968.

A casi 50 años, ni los propios protagonistas saben explicar las razones del boom del Huracán 68. El club había surgido como tantos en el barrio, cuando la zona contaba con un baldío gigantesco conocido como "Las cinco canchas. Se afilió a la AUF recién en 1952. Y en la segunda mitad de la década de 1960 comenzó a ascender imparablemente.

Su pequeña parcialidad fue sumando simpatías hasta convocar miles de espectadores, identificados por un muñeco de cartón del Topo Gigio, que aquel año tuvo también un arrasador estreno en televisión compartiendo escenario con el artista uruguayo Juan Carlos Mareco, Pinocho. Hasta su camiseta lucía diferente a lo habitual, negra, blanca y roja en tres campos, y muchos niños se la pedían a sus padres aunque no fueran hinchas.

Como Huracán no tenía cancha, para sus partidos eligió el Parque Central, que comenzó a quedar chico ante el arrastre popular. Pero no fue un éxito exclusivo del tricoplayero: el Campeonato de la "B" 1968 resultó apasionante y llevó gente a todos los escenarios. Al cabo de la penúltima fecha, Huracán y Wanderers compartían la punta con 26 unidades, seguidos a una por Bella Vista.

La jornada final, disputada el domingo 6 de octubre, enfrentó a Huracán con Fénix en el Parque Central, en tanto Bella Vista recibió a Wanderers. La venta de entradas resultó récord: 10.784 en el Parque (antes que clausuraran las boleterías y sin contar los muchos colados) y 5.350 en el Nasazzi.

Los papales vencieron 1 a 0, en tanto un muy nervioso playero no pudo superar a Fénix (1-1). Fue necesario disputar una final. Y era casi obligatorio jugarla en el Centenario. Ocupado este por los grandes sábados y domingo de tarde, la única alternativa fue fijarla para el domingo 13 por la mañana.

Empezó a las nueve y media, pero a las ocho las tribunas ya estaban casi llenas. Se vendieron 53.583 entradas, que dejaron 5.688.400 pesos de recaudación. Más que los partidos de Nacional y Peñarol juntos ese fin de semana: los tricolores contra Defensor colocaron 16.452 localidades y los aurinegros ante River 16.604. Más todavía, resultó el partido entre dos clubes menores con mayor concurrencia en la historia del fútbol uruguayo. Ni antes ni después hubo nada igual.

De los 60.000 espectadores de aquel día, puede presumirse que la mayoría eran neutrales que querían ver el boom con sus propios ojos. Después, mayoría de Huracán, aunque los de Bella Vista eran bastantes, con un muñeco de Hijitus, otro personaje infantil de la época, para no ser menos.

Por Bella Vista jugaron González, Vázquez, Custodio, Salazar, Soria, Albornoz, Pisano, Pérez, Franqui, Mayero y Leiva (director técnico: Carlos Silva Cabrera). Por Huracán: Lozano, Casas, Gómez, Fernández, V. Martínez, Martirena, Guillén, Morán, L. Martínez, Pugliese y Díaz Méndez, con Gerardo Spósito como DT. El árbitro fue Ramón Barreto.

Bella Vista se puso 2 a 0 antes de un cuarto de hora, con un penal convertido por Franqui y una definición precisa de Pérez. En ambos casos hubo errores defensivos que los tricoplayeros lamentaron mucho tiempo. Las crónicas aseguran que, de cualquier manera, el partido mantuvo emoción hasta el final.

La vuelta olímpica fue de Bella Vista, que regresaba a primera luego de 17 años, justo pocas semanas después de la muerte de su máximo referente, José Nasazzi. Cuentan que sus dirigentes juraron ante la tumba del Mariscal que lograrían el ascenso como homenaje. Los años de ostracismo habían sido duros. En 1950 igualaron el último puesto con Wanderers, empataron tres partidos de desempate y su descenso se definió por sorteo. Unos años más tarde cayeron incluso hasta Intermedia.

Pocos días después de la final, el presidente de Liverpool, Fidel Russo, propuso que también Huracán fuera admitido en la "A", argumentando que el club había aportado "savia nueva" al fútbol. Con ello, la divisional pasaría a contar con once equipos y no diez, como hasta entonces. La idea fue recibida con simpatía por algunos otros dirigentes, en tanto otros dudaban de su viabilidad reglamentaria. Pasó a una "comisión reestructuradora" y no ocurrió nada.

Huracán Buceo tuvo que esperar apenas una temporada más para ser campeón y celebrar el ascenso. Bella Vista, en tanto, cumplió una campaña muy destacada en 1969: terminó tercero. El impacto de aquella final quizás representó un impulso para ambos. De hecho, Huracán mantuvo en la "A" un extraordinario arrastre durante 1970, cuando a su vez también resultó tercero en la tabla, aunque después el fenómeno de popularidad cesó tan abruptamente como había comenzado.

Aquel 13 de octubre de 1968 hubo otro momento histórico, en el mismo Centenario y pocas horas más tarde. Durante el partido Peñarol-River, Ladislao Mazurkiewicz batió el récord de imbatibilidad, con 987 minutos sin recibir goles. Esa marca sigue firme, como también la venta de entradas para dos equipos chicos.

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