Bibil Delgado alentará a Nacional por siempre desde el cielo

Falleció días antes del clásico por el Intermedio y los futbolistas tricolores salieron con un brazalete, aunque el minuto de silencio será en el Gran Parque Central.

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Bibil Delgado rodeada de copas en la sede de Nacional, el club que fue su gran amor por 102 años.

Bibil Delgado, cuyo verdadero nombre era Milca Antonia Raquel, falleció a los 102 años cinco días antes del clásico del 1° de septiembre que Nacional ganó 3 a 0. Fue la segunda hija del presidente albo José María Delgado, cuyo nombre lleva la tribuna oficial del Gran Parque Central.

Bibil fue protagonista de una historia de amor incondicional hacia el club de los Céspedes. Tanto que al final, después de haber pasado sus últimos ocho años prácticamente sin poder levantarse de la cama, con algunas de sus capacidades disminuidas y habiendo perdido ya la noción de los días, no dejaba de preguntarle a sus hijos y nietos cuándo jugaba Nacional y contra quién. “Uyy, ese es bravo”, comentaba sobre algún rival que consideraba difícil.

José María Delgado asumió por primera vez la presidencia del club en 1911 cuando tenía solamente 26 años de edad. Estuvo en el cargo 10 años seguidos y durante ese lapso Nacional consiguió 19 títulos entre campeonatos Uruguayos, copas Competencias, copas de Honor y copas León Peyrú. Delgado, médico y poeta, volvió a ocupar la presidencia en el período 1929 -1932.

Bibil Delgado
La composición que hizo la familia de Bibil Delgado para recordarla.

Bibil siempre decía que para su padre Nacional era el hijo varón que nunca había podido tener. Delgado fue clave en la conducción del club. Y se ocupó mucho de la formación de las personas antes que de los futbolistas. Se dio cuenta que era necesario incorporar al club gente de todas las clases sociales, porque en 1911 la sociedad uruguaya estaba muy lejos de ser inclusiva. Eso le costó caro, porque el club se quedó con muy pocos socios, pero él siguió adelante aunque lo trataran de loco porque se consideraba que el fútbol que habían traído los ingleses era sólo para los caballeros.

El entonces presidente de Nacional fue un adelantado y con esas actitudes se ganó la gran admiración de su hija menor, que creció muy marcada por Nacional. Pasó su niñez y su adolescencia en el Parque Central mientras su padre se ocupaba de los asuntos del club, mantenía reuniones o jugaba a la paleta. Y por si fuera poco, allí conoció a su novio, quien luego fuera su esposo por 70 años.

La Blanqueada
Allí vivió su niñez y juventud
Foto: Archivo El País

Bibil se crió en el Parque Central, donde concurría siempre acompañando a su padre, José María Delgado, el presidente del club. Además, allí conoció a quien fuera su novio y su esposo durante 70 años.

José María Delgado falleció el 5 de mayo de 1956, un día antes de un clásico. Los futbolistas tricolores hicieron guardia de honor toda la noche en la sede. Y al día siguiente, en un Uruguay muy diferente al actual, los jugadores de Peñarol también salieron a jugar de brazalete negro al igual que sus tradicionales adversarios. Nacional perdió aquel clásico de 1956, lo que no dejó nada feliz a Bibil, aunque su hija Raquel intentara explicarle, años después, que los futbolistas habían pasado la noche en vela.

El homenaje en el clásico.

El hecho marcó tanto a toda la familia que el martes, cuando falleció Bibil antes del último clásico, sus hijos mayores recordaron lo que había pasado con su abuelo y temieron que se repitiera la historia. “Sin embargo, fue un día mágico. Y aunque el minuto de silencio por mamá se va a hacer cuando Nacional juegue en el Parque, ver a los jugadores con el brazalete negro nos impresionó mucho. Nadie se merecía como mamá ese brazalete, porque no creo que haya muchas instituciones en el mundo que hayan tenido el mismo presidente 11 años, como mi abuelo, ni una socia 102 años como mi madre”, dijo Raquel Reyes, hija de Bibil, quien contó a su vez, que su madre siguió al club de sus amores por todas las canchas, aún cuando tenía más de 80 años.

Lo mejor
Atilio García y el gol de Eduardo De la Peña
Atilio García

Atilio García, quien sigue siendo el máximo goleador de la historia de Nacional, fue el gran ídolo de Bibil. Aunque a la hora de elegir un gol se quedaba con el de volea de Eduardo De la Peña a Olimpia en 1980.

Cábala: no mirar los penales.

Bibil fue una mujer sumamente inteligente que, lamentablemente, debido a la época en que vivió sólo se ocupó de su casa y de sus cinco hijos. Hay muchas anécdotas que la pintan de cuerpo entero. Por ejemplo, jamás miró los penales, ni siquiera los que terminaron con los tricolores siendo campeones de la Intercontinental en Tokio en 1988. Era cábala y se encerró en su cuarto. Pero le encantaba ir al estadio con sus hijos y nietos y se cambiaba de lugar según para donde atacara Nacional.

No le gustaba mirar los partidos por televisión, pero sí escuchar los comentarios por la radio. Y a los comentaristas los llamaba “speakers”.

Siempre dijo que era cardíaca, aunque vivió hasta los 102 años. Le costaba subir las escaleras de la tribuna Olímpica en el Estadio Centenario. Un día anunció que si se moría subiendo la escalera se iba a morir feliz y que su máxima aspiración era irse gritando un gol de Nacional.

El día que no comulgó por Spencer.

Alberto Spencer
Alberto Spencer. Foto: Archivo El País

Siempre fue muy católica y concurría con sus hijos a misa todos los domingos. Raquel recuerda un día —cuando ella era una niña de unos 12 años— en que estaban todos en la fila para la comunión. Ella estaba detrás de su madre, que de repente salió de la cola y volvió a sentarse en su sitio en la iglesia. “Yo no lo podía creer; imaginate: salir de la fila y no comulgar era poco más que pecado mortal. A mí me impresionó mucho y fui a preguntarle qué le había pasado. Esa tarde se jugaba un clásico y me reconoció que había pensado en Alberto Spencer, el histórico goleador aurinegro y con ese sentimiento negativo en el corazón no podía comulgar. Es que era una persona íntegra”, contó Raquel.

Años después Raquel se cruzó con Spencer en un aeropuerto y le contó la anécdota de su madre, además de recriminarle que la mayoría de sus goles habían sido con falta porque se apoyaba en los defensas rivales para cabecear. El ecuatoriano, todo un caballero, se rió a carcajadas con la historia.

Patriarca
Admiradora de Hugo De León
Foto: Archivo El País

Era gran admiradora de Hugo de León y la gesta del Nacional campeón de América y del mundo en 1988 fue una de sus preferidas. Aunque nunca miraba los penales y tampoco lo hizo ante el PSV Eindhoven.

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