CERRITO

Tras 12 años, "Betito" volvió a casa

Para Alberto Acosta, la vida nunca fue sencilla: “Es difícil pasar de no tener nada a tenerlo todo”.

Foto: Ariel Colmegna.
Foto: Ariel Colmegna.

Alberto Acosta, el "Betito", regresó a Uruguay tras doce años jugando en Brasil. A los 41 años firmó contrato por seis meses con Cerrito, el equipo que lo catapultó a Peñarol primero y al fútbol norteño después, donde llegó a jugar con el mismísimo Ronaldo en Corinthians.

Llegó hace tres meses y aún se sorprende, si va a un shopping o camina por la calle, de cómo la gente lo recuerda. “¡Betito, volvé a Peñarol!”, le dicen y él responde riendo: “Ya estoy viejo”. O le preguntan por su salud. Porque un problema en el corazón que tuvo el año pasado lo hizo alejarse de las canchas. En principio le dijeron que no podía volver a jugar al fútbol, pero estudios posteriores detectaron un problema de hipertensión que se solucionó con medicación, y pudo volver. Es más, el presidente de Taboão da Serra, el equipo que defendía, se enteró que lo autorizaron a jugar y que lo hará en Cerrito y lo llamó para que regresara a terminar allí su carrera. Y luego quedarse trabajando en el club. Es que "Betito" fue el goleador del torneo paulista pese a que no jugó los últimos seis partidos.

“Siento una alegría inmensa de volver al equipo donde todo empezó. Tuve algunos problemas de salud y familiares y poder volver a entrenar y a jugar que es lo que más me gusta, me tiene feliz y con muchas ganas”, contó en el apartamento de su madre, Isabel.

“No volví con la intención de jugar, pero se dio todo. Yo ya no quería jugar más, pero fue una locura, como toda mi carrera. Estuve jugando unos campeonatos de mayores de 35 años, para chivear nomás y como estaba haciendo goles, la gente se enteró y me llamaron dos equipos de Primera. Yo les dije que no quería jugar más, pero cuando me llamó Cerrito, acepté, sobre todo por la hinchada. Sobre todo para ayudar”, explicó.

En setiembre del año pasado, jugando el Paulista con Taboão da Serra, empezó a sentirse mal. Se le dormía el brazo y algo le apretaba el pecho. “Estuve como un mes así, pero como igual jugaba miércoles y sábado y hacía goles no le daba mucha importancia. Hasta que un día terminé muy agitado y le hablé al médico por primera vez. Me llevaron de apuro y al principio me dijeron que me había dado un preinfarto y que no podía volver a jugar. Pero luego me hicieron otros estudios, y lo que tengo es la presión alta, que es algo hereditario en mi familia. Nunca había tomado remedios. Hoy estoy medicado, tomo un remedio de mañana para la presión y otro de noche para el corazón, y por eso pude volver a jugar. Y la verdad, desde que tomo eso estoy igual o mejor que antes”, contó riendo, con la complicidad de Junior, el menor de sus hijos, que es “candango” como le dicen a los nacidos en Brasilia.

“A Cerrito lo encontré mejor. El vestuario y muchas cosas han cambiado. Hay muchos gurises y otros jugadores que vienen de la A, pero que no conozco. Lo primero que me preguntan es cómo fue jugar con Ronaldo, con Roberto Carlos y con otros monstruos. Y cómo es jugar con 60.000 personas en la tribuna. Al principio soy un poco tímido, no me gusta hablar mucho de mí. Además no me siento ejemplo de nadie, no creo que nadie lo sea”, dijo convencido.

Recife. En sus doce años en Brasil tuvo dos grandes momentos: en Náutico de Recife y en Corinthians. “En Corinthians estuve dos años y medio, gané muchos títulos y me acostumbré a ser campeón. Aunque si es por la forma en que jugué, mi mejor año fue en Naútico. Un día me fue a ver mi padre y le hice cuatro goles a Botafogo. Me llamó aparte y preguntó si me estaba drogando con algo, porque nunca me había visto jugar así. Je... Era mi primer año y me adapté enseguida. Y la gente me acogió muy bien. No ganamos nada, gané cosas yo solo: fui Balón de Plata y el mejor jugador del Brasileirão. Me hicieron una canción que ponían en el estadio. Era una locura. Iba a un restaurante con toda mi familia y no me dejaban pagar. Iba a un shopping y me regalaban de todo. Y fueron del consulado uruguayo a darme una plaqueta. Hoy que estoy más grande recién me doy cuenta todo lo que logré en Náutico, que es un equipo regional, más chico. Corinthians es otro mundo”, contó "Betito", a quien le decían “Lula Molusco” por uno de los personajes del dibujo Bob Esponja, en Uruguay conocido como Calamardo. “Por la nariz grande”, explicó riendo. “Llevaban banderas a la cancha con la imagen de 'Lula Molusco'", agregó quien aún hoy cuando visita Recife recibe mucho cariño de los hinchas.

La cima. Tras sus buenas actuaciones en Náutico, Acosta pudo haber pasado a cualquier equipo grande de Brasil. Palmeiras, São Paulo, Santos, Corinthinas, Cruzeiro, Flamengo, todos querían contratarlo. “Juan Figer me dijo que firmara con el que quisiera. Él me dijo que a los uruguayos siempre les iba bien en São Paulo, que en ese momento ganaba todos los títulos. Incluso llegué a hablar con Lugano que ya se había ido, pero me explicó lo que era el club. Pero Corinthians me ofrecía un contrato un poco más extenso y más dinero. No sé si hice bien, pero en ese momento yo miraba mucho lo económico. Sufrí mucho en la vida, trabajé levantando cajones en el mercado, llegué al fútbol ya de grande. Quería ir al que me pagara más. Aunque São Paulo jugaba Libertadores y Corinthians estaba en la B. Pero como me daban una plata en la mano, firmé con Corinthians”, relató.

En Corinthians le fue bien, pero en un partido se quebró la tibia. “Cuando estaba volviendo de la fractura, llegó Ronaldo que se estaba poniendo en línea porque había llegado que parecía un luchador de sumo. Me pusieron a entrenar y a concentrar con él y estábamos 24 horas juntos. No digo que hoy seamos amigos, pero lo fuimos en aquel momento. Fue a los cumpleaños de mis hijas y yo a su casa. Creo que se llevaba bien conmigo porque yo lo trataba como a cualquiera. Y él sabe cuando se le acercan porque es Ronaldo. Siempre lo traté normal. Hoy si le mando un Whatsapp me contesta dentro de tres meses, pero sigo en contacto con los de su seguridad y sus fisioterapeutas. Y siempre me manda saludos”, aseguró.

“Ronaldo parecía el presidente. Era una locura, de la gente y de los jugadores. Todos le tenían un respeto impresionante, los compañeros y los rivales. A mí me mataban a patadas y a él nadie le entraba duro. En el grupo quedaba medio aislado de tanto que lo respetaban. Él de un lado y los demás, todos juntos del otro. Hasta que nos habló y nos dijo que sabía que lo veíamos como un ídolo, pero quería que lo tratáramos como uno más. Y rompió el hielo”, recordó. Y agregó una anécdota de su ex compañero.

“Jugábamos una final contra Santos y estábamos todos muy nerviosos. Teníamos que salir campeones y la presión era grande. Son 30 millones de hinchas... Mano Menezes dio la charla y luego Ronaldo, que no era de hablar, le pidió para hacerlo. Nos dijo que no nos preocupáramos y que le diéramos la pelota a él. Así fue: metió dos goles y salimos campeones”, contó.

“Teníamos un equipazo, lleno de fenómenos y ya no jugué tanto, al menos los partidos más importantes. Pero fue una experiencia buena: gané tres títulos”, dijo orgulloso, quien admitió que así como ganó dinero también lo gastó.

“Es como todo, hice plata, gasté e invertí en negocios donde no me fue bien. Y no tuve cabeza, es difícil para un jugador cuando pasa de no tener nada a tenerlo todo. Gané dinero, pero también perdí bastante. Si hubiera tenido entonces la cabeza de ahora... Porque aprendí. No me arrepiento de nada, pero iba con mis hijas al shopping y les compraba lo que quisieran, no le daba valor a la plata. Y cuando pasé a Corinthians, les hice terrible cumpleaños. Pero es que acá nunca habían tenido una fiesta de cumpleaños, sólo el de la familia, donde cada uno lleva algo. Nunca olvidaré que me dijeron que había sido el mejor día de sus vidas. A veces, cuando uno tuvo que hacer tantos sacrificios, le quiere dar a los hijos lo que no tuvo. Hoy no soy rico, pero no me faltan las cosas”, dijo con sinceridad.

“Nadie me regaló nada, todo lo que conseguí fue por mérito mío. Anduve bien en Cerrito y fui a Peñarol, anduve bien en Peñarol y fui a Náutico y anduve bien en Náutico y fui a Corinthians. A mí nadie me hizo ganar plata, yo le hice ganar a otros”, finalizó.

El helicóptero que alquilaba Ronaldo

“El tránsito es San Pablo es impresionante. Yo vivía a cinco minutos del lugar de entrenamiento y demoraba una hora en llegar. A veces me daban ganas de ir caminando. Ronaldo iba en helicóptero y un día le pregunté. Me dijo que lo alquilaba, ¡pero era carísimo para mí! Igual un día me llevó”, contó “Betito” quien no olvida el día que Ronaldo llegó tarde a la práctica. “Estábamos haciendo fútbol y se bajó del helicóptero en la mitad de la cancha en piyama”.

El día que le hizo dos goles al Nacional de Luis Suárez

Jugó en Peñarol dos temporadas: del 2005 al 2007. Disputó cuatro clásicos y nunca perdió. Ganó dos y empató dos. En uno de ellos marcó dos goles, y en la vereda de enfrente estaba un joven Luis Suárez. “Es raro porque en aquel momento no parecía tan bueno ni que iba a llegar a lo que llegó. O al menos no como está hoy, tan despegado. Son esas cosas raras del fútbol”, recordó “Betito” sobre el delantero celeste. “Es más, me gustaban mucho más el “Chory” Castro y Juan Albín. Albín estaba salado y se hablaba más de él que de Suárez”.

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