Peñarol

Bengoechea se sacó las botas

El entrenador hizo media docena de cambios con tal de que Peñarol ganara.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Pablo Bengoechea y Marcelo Zalayeta. Foto: Ariel Colmegna

Como todos los técnicos, Bengoechea acierta y puede equivocarse; pero no hay dudas que "no va a morir con las botas puestas", si le toca, como ayer durante el segundo tiempo parecía que podía tocarle por aquello de que en el fútbol los resultados mandan: mueve, prueba todo, aunque a veces, con una personalidad muy diferente, tenga puntos de contacto con el fundamentalismo de Carrasco.

Pruebas al canto: en la mayoría de los amistosos de la pretemporada, Peñarol jugó con línea de tres, pero ante Wanderers, una semana antes del inicio del Torneo Apertura, pasó a línea de cuatro; durante el partido con El Tanque Sisley, hizo debutar a Albarracín y para eso sacó a Ifrán, que esa tarde había metido el gol con el que Peñarol se puso en ventaja; en las dos primeras fechas mantuvo como titular al botija Valverde, que recién cumplió 17 años, y en la cuarta no estuvo ni entre los concentrados; y, pese a que Viera hizo el gol contra Defensor Sporting, como ayer Peñarol iba a volver jugar con línea de tres y no de cuatro, fue al banco.

¿Virtud o defecto? Depende de las circunstancias, pero en el partido de la víspera, esa muñeca firme del capitán del barco afuera de la cancha para pegar los golpes de timón que sean necesarios fue la que salvó a Peñarol; y quizá sostuvo al "Profesor" en su cátedra.

Es que Peñarol ante Fénix empezó jugando con un 3-4-1-2 que, falto de velocidad y dinámica, no funcionaba: la prueba está, que en los 45 iniciales el 90% de las llegadas aurinegras fue con tiros de media distancia, y centros y pases de Forlán que no capitalizaba nadie.

Entonces, Bengoechea sacó a Zalayeta, al que nunca antes había sustituido, puso a Albarracín y a Forlán adelante; pero, como eso no alcanzaba, cambió el esquema cuando salió Viega y entró Palacios: de nuevo cuatro en el fondo, Píriz de tapón en el mediocampo, y de ahí para adelante, aunque escalonados, todos al ataque.

Tras el gol de "Maxi" Pérez, entonces, el capitán del barco afuera de la cancha quemó las naves: puso a Luque y Peñarol pasó a jugar con un 3-3-1-3, "a lo Carrasco"; y así ganó, a lo Bengoechea en este caso, pues está claro que, si le toca, por aquello de que los resultados mandan, no va "a morir con las botas puestas". Ayer, por lo pronto, hizo seis cambios: tres de hombres, dos estratégicos, y uno clave: sumó cuota de gol, velocidad y dinámica.

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