HISTORIAS

"Bebote" Schmidt: entre las lesiones, el fútbol y las máquinas

El exarquero, que maneja una retroexcavadora, se arrepiente de una decisión que marcó su carrera. 

Jimmy Schmidt
Jimmy Schmidt junto a la máquina de la que es dueño y con la que trabaja todos los días. FOTO: Gerardo Pérez. 

Son cerca de las seis de la tarde y Jimmy Schmidt (38) todavía está trabajando, nivelando un terreno en la zona de Melilla, donde lo contrataron para una obra en la que se está construyendo una casa que tiene una vista envidiable. Hace un parate en su tarea para recibir al fotógrafo y al periodista de Ovación y saluda con amabilidad. Está igual que hace 15 años, aunque con la piel un poco más oscura. “No sabés lo que es estar todo el día metido ahí adentro, ¡es como un sauna! Y terminás así, negro”, explica mientras señala a la máquina retroexcavadora con la que trabaja todos los días. También tiene un camión y otra máquina un poco más pequeña.

El exarquero fundó una empresa que no tiene empleados. Él se las ingenia para llevar el camión y una de las máquinas al lugar circunstancial de trabajo. Hace algunas semanas lo contrataron del Colegio San José de Colón para nivelar un lugar para el recreo de los alumnos, y hoy está trabajando en la soledad del campo. “Primero me vengo con la máquina y me traigo el mosquito o una bicicleta para luego ir a buscar el camión. Le doy palo y palo. Esto me encanta. Mis dos pasiones son el fútbol y los fierros”, reconoce.

Jimmy Schmidt

Bebote”, un apodo que le pusieron en Nacional cuando debutó en Primera División con 17 años de la mano de Hugo de León (Ruben Sosa tuvo mucho que ver en la denominación), señala: “Siempre me gustaron las máquinas, los fierros; primero compré una que estaba feita y le empecé a reconstruir. Sabía que cuando terminara mi carrera en el fútbol me iba a dedicar a esto”.

Y agrega: “Mi presentación cuando vengo al trabajo no es del fútbol. Después se enteran, cuando te piden los datos para hacerte las transferencias y ven tu nombre, además en las cooperativas hay mucha gente futbolera… Aparte, ¡grande y feo! (risas), no he cambiado mucho. Estoy más quemado nomás porque el sol te mata, es una lupa eso”.

Schmidt realizó las formativas en Nacional, jugó en los tricolores en Primera entre 1998 y 2002, después pasó a Villa Española y Plaza Colonia, viajó a Bélgica para jugar en Standard de Lieja pero lo cedieron a préstamo al RAEC Mons. Volvió a Uruguay para defender a Rampla y los “Patablanca” nuevamente hasta que logró llegar a España para jugar en Hércules. Tras una temporada, entre 2007 y 2009 estuvo en Central, pasó por Perú, defendió a Envigado de Colombia hasta que en 2014 jugó un semestre en Huracán del Paso de la Arena y finalmente se retiró en Uruguay Montevideo tras jugar un semestre en 2018.

“Con el fútbol me hice la casa en un campo de cinco hectáreas, donde también viven mis padres, y logré comprarme las máquinas”, valora.

EL FÚTBOL. “En la época que yo estaba en las formativas de Nacional no se estilaba mucho subir a juveniles; sólo nos ascendieron al ‘Bombón’ Meneses y a mí, que tenía 15 años”, recuerda mientras le tira un palito a un perro que está todo el día a su lado y que no para de jugar con él.

“Yo ya estaba en Primera cuando (Gustavo) Munúa se lesiona la mano y a (Carlos) Nicola se le escapa aquella pelota en un clásico. Ahí se venía la Liguilla y cuando estábamos entrenando Hugo (De León) me dijo que iba a jugar. Yo tenía 17 en 1998. Hizo una charla adelante de todos, me dio para adelante a muerte y le dijo que iba a ser titular en la Liguilla. Juego ese torneo, pero se recupera Munúa y vuelve a jugar él. Era complicado jugar en ese momento teniendo a Munúa, Nicola y Romay en el plantel. Pero Hugo manejaba todo muy bien, desde el equipo, los periodistas, ¡todo! Y siempre te tenía motivado. Se fue él, vino (Daniel) Carreño y fue del día a la noche. Yo no tuve feeling con (Pablo) Fuentes (era el ayudante y entrenador de arqueros)”.

Jimmy Schmidt

Desde lo alto del campo de Melilla se ve cómo el sol se esconde de a poco y a lo lejos se ven las canchas del complejo de fútbol de la Liga MVD, al tiempo que “Bebote” se entusiasma al contar su historia.

“En 2003 Gustavo Matosas me llevó a Villa Española y todos anduvimos muy bien. Se va a Plaza, me lleva y en ese momento es cuando me agarra Daniel Fonseca, me empieza a representar, y me traspasa al Standard de Lieja, donde en ese momento estaba Fabián Carini y el ‘Lalo’ Sorondo. Supuestamente iban a vender a Fabián, pero no se dio y fui al Mons. Bélgica está divino pero estaba solo y extrañé mucho. Si hubiera tenido esto (toma y muestra el celular) estaba hasta hoy... Sufrí mucho. No entendía nada, a las cinco ya era de noche, no la pasé para nada bien y me tuve que volver”.

TODO Y NADA. Jimmy está tan copado hablando que pierde la noción del tiempo. Viene el empleado de la obra y le dice que se va. El sol ya se escondió y el perro sigue fiel a su costado. “Después de unos meses en Uruguay, Fonseca me vende al Hércules en un millón 600.000 euros, con un contrato a cinco años. Era bajar la persiana... ¡no sabés lo que era Alicante! Imaginate, el ‘Flaco’ Schiavi había ganado todo con Boca, hasta la Libertadores, y fue a Hércules, es un fenómeno. Ahí fui con mi señora Selene y mi primer hijo Nathan. Era titular, estaba muy bien”.

Se toma unos segundos, piensa, y el exarquero de 1.94 metros prosigue con la historia, dando a entender que lo que viene a continuación es algo no tan lindo de expresar: “Yo tenía mucha amistad con Daniel (Fonseca) y su familia... Los mismos dueños de Hércules eran los dueños de Villarreal, que en ese entonces tenía a Seba Viera, que estaba lesionado de la cadera. Daniel me dice ‘Jimmy, en el club no están de acuerdo en que pases a Villarreal, vamos a rescindir’. Yo tenía cinco años de contrato, pero también tenía amistad con él. Y nos fuimos... Me arrepiento de esa decisión. Ya no me sonaba en ese momento y menos después”, explica, a la vez que no es capaz de argumentar la decisión de Fonseca, a quien nunca le preguntó el motivo de esa determinación. “Yo tenía cinco años de contrato, en el peor de los casos, me iban a dar a préstamo, pero tenía el futuro de mi familia asegurado”, se lamenta.

“Vuelvo a Central y me fue muy bien. En las vacaciones Daniel (Fonseca) me puso a entrenar con Seré para no perder la forma y en la tercera práctica me estalla el tendón. Ahí se me vino toda la película arriba... Sin club, porque ya había terminado en Central, sin nada. De tener todo en España, a no tener nada. Esa fue la gota que rebasó el vaso, me empezaron a dar ataques de pánico, fue horrible. Se me fueron las ganas de jugar en ese 2009. Me recupero en Nacional con Walter Ferreira, pero todo el tiempo me maquinaba con no haberme quedado en España”, dice “Bebote” con tristeza. Estaba decidido a abandonar el fútbol a sus 28 años.

Jimmy Schmidt
Jimmy Schmidt cuando atajaba en Central Español. FOTO: Archivo El País.

Gerardo Pelusso fue importante para que volviera a jugar. Cuando se recuperaba hablaba mucho con él, que era el técnico de Nacional. “Walter (Ferreira) me comió mucho el coco también, je”.

Lo invitaron a entrenar en River y le surgió la posibilidad de jugar en el Sport Áncash de Perú, donde dirigía Gustavo Ferrín. Un equipo de Huaraz, a 3.000 metros de altura, pero ya tenía la experiencia de haber jugado con la selección Sub 20 en un lugar con altitud. Por ese entonces ya había perdido todo el vínculo con Fonseca. Le fue bien, lo vendieron a Envigado, donde fue titular. Pero se volvió a romper el tendón de Aquiles (el de la otra pierna) y regresó a Uruguay. Ya con con otra endurance se recuperó y jugó en Huracán y Uruguay Montevideo.

Hoy en día distribuye su día entre el trabajo con el camión y las máquinas y el ser el entrenador de arqueros de Villa Teresa, donde el técnico es Gustavo Biscayzacú. “Encontré mi lugar en el fútbol”, afirma.

También es el arquero de la senior de Nacional, que el 22 inicia el inédito campeonato. Hoy Schmidt está feliz. “Todo por algo pasa”, concluye.

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