VENEZUELA

Barinas, la ciudad Chávez

Aquí nació Hugo y su hermano, el gobernador, dio una misa para recordarlo.

Misa. Poca gente y muchos militares durante el recuerdo a Hugo Chávez ayer, cuando se cumplieron seis años de su desaparición física.
Misa. Ayer, cuando se cumplieron seis años de la desaparición física de Hugo Chávez. Foto: Juan Pablo Romero

Le pregunto a Jesús si es normal que a pesar de ser feriado circule tan poca gente por las calles. Él me responde que sí, que en días de feriados la gente se levanta temprano y aprovecha para ir a “los altos” o a disfrutar del río. En Barinas es Carnaval y se ve muy poquita gente en todos lados.

Barinas es una ciudad al occidente de Venezuela, con cerca de 400.000 habitantes, que queda a 507 kilómetros de distancia de Caracas (seis o siete horas de viaje en auto) y que está a dos o tres horas de la frontera con Colombia. Gran parte del estado es limítrofe con Mérida. Se caracteriza por los llanos y por el trabajo agrícola y ganadero. Desde el avión se podía percibir mucho verde, unas cuantas calles sin asfaltar y una ciudad casi sin edificios. Más en el centro hay alguno, pero ninguno demasiado alto. Aquí debutará Nacional en la Copa Libertadores 2019 frente a Zamora.

Quiero salir a recorrer la ciudad, pero acá todo el mundo me recomienda no hacerlo solo. Le pregunto a un seguridad del hotel si es normal que siempre haya militares custodiando la puerta y me responde: “Sólo porque están ustedes, para que estén protegidos”.

Este martes es 5 de marzo y se cumplen los seis años del fallecimiento del expresidente de Venezuela Hugo Chávez. Por ello hay una celebración religiosa en el frente de la imponente casa del gobernador de la ciudad, que desde 2017 es Argenis Chávez, hermano de Hugo; como Adelis Chávez, el presidente del Zamora. Es que Hugo Chávez es nacido en el Estado de Barinas, en una ciudad que se llama Sabaneta, que está a poco más de 50 kilómetros desde el centro de Barinas.

Misa. Poca gente y muchos militares durante el recuerdo a Hugo Chávez ayer, cuando se cumplieron seis años de su desaparición física.
Poca gente y muchos militares durante el recuerdo a Hugo Chávez. Foto: Juan Pablo Romero

Pregunto en el hotel cómo llegar al lugar porque me advirtieron que es peligroso tomar taxis y enseguida me solucionan la situación. Llega una camioneta, pero un seguridad del hotel decide acompañarme porque “es peligroso para los turistas recorrer solo la ciudad”. Ahí es cuando conozco a Jesús. No me acompañó un guardia militar, como pasó con otros colegas, porque fueron a custodiar el entrenamiento de Nacional en un complejo militar llamado Fuerte Tavacare.

En la celebración por Hugo Chávez imaginé que podía estar lleno, pero había pocas personas, quizás unas 200 o 250. Lo que no faltaban eran militares: casi la misma cantidad. En la Misa, que se desarrollaba en una carpa y la mayoría de las personas estaban al aire libre, un cura hablaba de estar preparados para la muerte.

En la pequeña y humilde catedral, así como en la plaza principal de la ciudad, no había casi nadie. Apenas unos pocos niños jugando y unas personas vendiendo frutas. Ni el lunes ni este martes hay algún indicio de que la ciudad se haya movilizado tras el regreso de Juan Guaidó al país y tampoco hubo manifestaciones de los militantes de Nicolás Maduro en contra del llamamiento.

Las estaciones de servicio están llenas y pregunté qué pasaba. Jesús me responde que no sabe, que no entiende las colas porque la nafta sobra y es baratísima. Saca un billete de 10.000 bolívares (poco más de 3 dólares al cambio del gobierno) y me dice que con eso carga varias veces el tanque de la camioneta que me está llevando. Me pregunta que tal está la gasolina en Uruguay y le respondo que con ese dinero no llego siquiera a ponerle dos litros al auto. Queda anonadado.

Los venezolanos, al menos en Barinas, tienen salarios muy pero muy bajos. Bellamar, una chica que trabaja en el hotel, dice que ella gana 24 dólares al mes, trabajando 8 horas diarias y dos jornadas libres por semana. Ella se siente una afortunada, porque en la ciudad es de los mejores trabajos a los que se puede aspirar. Para poner otro ejemplo y relacionarlo: un sándwich caliente y un capuchino cuesta en el restaurante del hotel 4 dólares.

En los supermercados de Barinas, a diferencia de lo que sucede en Caracas, no se nota un desabastecimiento. Recorrí cinco, tres pequeños y dos más grandes, y todos tenían los productos con normalidad. Sólo que en uno de los más grandes había toda una góndola vacía y algunos estantes en donde se repetía un mismo producto.

Fuimos al estadio donde se medirán Zamora y Nacional. El escenario Agustín Tovar “La Carolina” fue construido para la Copa América de 2007 y tiene capacidad para 24.396 personas. Es de las edificaciones más modernas de la ciudad, pero en los alrededores hay mucha pobreza. Insisto para bajar, me dejan, pero con la condición de que Jesús me acompañe.

Barinas parece estar algo más alejada del caos de otras ciudades, de la crisis social, política y económica que está viviendo Venezuela, pero aun así se percibe la pobreza: muchos lugares abandonados o descuidados, autos en su gran mayoría añejos y muchos comercios cerrados. Eso sí, según a quien le preguntes es como te cuenta la realidad del país. Para unos (la mayoría) “es insostenible la situación”; para otros Venezuela “está tranquila y la oposición al gobierno pretende transmitir hacia afuera una visión del país que no es la real”.

Lo que sí me quedó claro es que hay personas que al ser consultadas sobre la realidad del país tienen cierto temor en responder. Por ello, optan por callarse y no dar su opinión.

Hoy ya habrá pasado el feriado, las personas ya no estarán en el río y deberán volver a la rutina. Una que muchos no saben qué les deparará.

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