EN EL DOMINGO BURGUEÑO 

Un baño de realidad

Peñarol se quedó sin fútbol y sin fuerzas para seguir primero.

Su fragilidad defensiva, la irregularidad en el funcionamiento y en la producción ofensiva -que otras veces rescataron las individualidades- y una sorpresiva debilidad anímica, porque ayer no fue el equipo de siempre en ese rubro, Peñarol padeció una de esas tardes de fútbol que no son apropiadas para equipos que están en una situación límite, y sin chances de fallar. El empate 1-1 ante Atenas, no solo lo castigó a dejar dos puntos y bajarse del liderazgo del Torneo Clausura, que ahora es solo propiedad de Danubio, sino que desnudó a un equipo que comienza a sentir el peso que implica empezar a alejarse de los objetivos que se planteó para este semestre.

Perdió, pero tampoco fue un desastre -eso es importante puntualizarlo- porque la derrota siempre está acompañada de ese drama y morbo que viene adosado, en donde todo parece peor de lo que realmente es. Porque si en el primer tiempo hubiera aprovechado las ocasiones que estuvieron en los pies de Aguiar, Urretaviscaya y Zalayeta, seguro que el hincha hubiera retornado a Montevideo celebrando otra victoria que hubiera adquirido un valor agregado, porque era de visitante y ante uno de los rivales que a fuerza de fútbol, orden táctico y convicción en el proyecto que llevan adelante.

Esta vez fallaron los delanteros, que otras tardes solucionaron los problemas, y luego, en el segundo tiempo, fracasó la estructura defensiva, que a los 51’, muy mal plantada en el campo, fue sorprendida por la velocidad y calidad de Sosa, y el remate del recién ingresado Rafael Acosta que estableció el 1-0.

De ahí en más, a Peñarol le pesó el partido. Bengoechea intentó cambiar con modificaciones de jugadores y movimientos estructurales (quedó con tres en el fondo), porque su rival ya no le iba a inquietar y esperaría en su cancha. Pero a los aurinegros le faltó la tranquilidad, claridad y lucidez futbolística que exigía ese crítico momento. La ansiedad los desbordó. El equipo perdió el rumbo. No obstante, consiguió el empate en una pelota quieta. Y cuando debía arremeter, como lo hizo otras veces, se quedó sin respuestas anímicas. No fue un vendaval, sino un viento, que no incomodó a un Atenas que lo esperó muy bien parado.

Así, Peñarol firmó un empate con sabor a derrota, que lo coloca en un lugar incómodo, pero no mucho más lejos de ese vaivén que se creía podía sufrir en lo previo, pese a que la llegada del nuevo entrenador había renovado las esperanzas del hincha. Ayer, en Maldonado, tocó un baño de realidad. Nada más.

ATENAS 1 - 1 PEÑAROL

Atenas: M. Barlocco, G. Fraga, G. Castillo, H. Petrick, M. Acosta, M. 
Torres, S.  Vanderhoeght (50' R. Acosta), C.  Keosseian (88' S. Canobra), G.  Trinidad (71' F. Castellanos), L. Sosa  y F. Peraza. DT: Edgardo Arias.

Peñarol: P. Migliore, E. Albin (62' N. Nández), C. Valdez, E. MacEachen, Diogo, J. Urretaviscaya, S. Píriz (80' F. Rodríguez), L. Aguiar, J. Rodríguez, A. Pacheco (62' J. M. Olivera) y M. Zalayeta. DT: Pablo Bengoechea.

Árbitro: Andrés Cunha. Asistentes: Raúl Hartwig y Horacio Ferreiro.

Estadio: Domingo Burgueño Miguel (Maldonado). 

Goles: 51' R. Acosta (A), 67' Urretaviscaya (P)

Amarilla: MacEachen (P), Trinidad, M. Acosta, Keosseian (A)

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