HISTORIAS

El otro Balbi: el preparador físico de Liverpool

El "profe" de los negriazules que acaban de ganar la Supercopa, aún espera por la felicitación de su hermano Alejandro, el vicepresidente de Nacional.

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Su fuerte. "Tengo muy buena llegada con los jugadores, mucha empatía. He logrado entrar a un vestuario y que  no se callen", dijo Pablo Balbi. Foto: Marcelo Bonjour.

"Fue una alegría tremenda, como todos los títulos, pero en el caso de Liverpool era lo que más se le reclamaba. En el ambiente del fútbol se alababa la parte institucional del club, pero lograr un título estaba en el debe. Para nosotros un Intermedio o una Supercopa son cosas muy importantes. Los logros se festejan en la medida de la institución en la que uno está”, dijo el preparador físico de Liverpool, Pablo Balbi.

El profe reconoció a su vez que la Supercopa tuvo otro valor porque se consiguió frente a un grande y al campeón uruguayo. “Ganarle a Nacional, en un alargue y con un estadio prácticamente en contra enlantece más lo de la Supercopa”.

Y aunque le costó admitirlo y puso como excusa que en estos días estuvieron desencontrados, reconoció que su hermano mayor Alejandro, el vicepresidente de Nacional, no lo felicitó tras la victoria de Maldonado. “Ya está, suponemos que hay un poquito de bronca. Pero sé que se pone contento cuando logro cosas importantes”, dijo quien ya había enfrentado a Nacional en una final con Danubio junto a Lasarte. “Somos muy diferentes, pero nos llevamos muy bien”, dijo sobre el vice tricolor.

Dirigir un grande es una asignatura pendiente para Pablo Balbi después de 30 años de carrera. “Sería muy importante. Y soy profesional. Pero cuando uno trabaja en otra institución, el cuadro grande pasa a ser ese club. Y en Liverpool encontré un lugar en el mundo, donde se trabaja muy cómodo. Y el presidente José Luis Palma será difícil, pero lo quiero siempre en mi equipo”.

técnicos

Cambio: de Pezzolano a Román Cuello

Balbi llevaba años trabajando con Paulo Pezzolano y Villazán y aún está en período de adaptación con Román Cuello. “Empezamos el 6 de enero, ganamos la Supercopa con menos de un mes de trabajo. Con Paulo llevábamos varios años juntos, desde Torque. En la personalidad son diferentes, pero en la línea futbolística muy similares. Cuando nos enfrentábamos al Wanderers de Román se nos planteaba una especie de espejo. Eran partidos parejos y muy pensados. De mucha estrategia”.

Paulo Pezzolano
Dupla. El profesor Pablo Balbi con Paulo Pezzolano tras ganar el Intermedio. Foto: Leonardo Mainé.

MALVIN. Se crió en la plaza de los Olímpicos a dos cuadras de la cancha de Unión Atlética, en el seno de una familia futbolera y bolsilluda. Su padre era taximetrista y su madre trabajaba en la Caja de Jubilaciones, en el Banco de Seguros y era depiladora. “Superman Vargas, el arquero que atajaba en la Universidad de Chile, siempre decía ‘mi familia era de clase media tirando a un cuarto’. Je. Yo no me quejó tanto, nunca faltaron las cosas esenciales. Pero por ejemplo, cuando tuvieron que operar a mi padre, Alejandro salió a manejar el taxi. La que nos inculcó el fútbol fue mi mamá. El abuelo de ella, Italo Della Valle, siempre estuvo muy vinculado al deporte. Y mi tío Víctor fundó El Tanque Sisley y fue muchos años dirigente de Nacional, al igual que Alejandro. Era mi madre la que me llevaba al baby fútbol. A mí padre no le gustaba, le empezó a interesar cuando nosotros comenzamos la carrera”.

EL FÚTBOL. Pablo jugó en Nacional hasta Cuarta División y en Huracán Buceo. Era puntero derecho. “Era un jugador rápido, levantaba el centro, una especie de Federico Martínez”, aseguró comparándose con el jugador de Liverpool que acaba de marcharse a Rosario Central.

“En esa época era difícil llegar a Primera, el fútbol no daba muchas posibilidades en aquellos años. Y en casa me exigían mucho con el tema del estudio”, explicó sobre su frustrada carrera, la que siguió luego por muchos años en el fútbol Universitario defendiendo al Malvín 59 y a Defensor.

Por estar cerca del fútbol es que hizo la carrera de Educación Física en el ISEF. Al mismo tiempo realizó el curso de entrenador, pero le gustaba más la preparación de los equipos y por su personalidad le costaba tomar decisiones, como debe hacer constantemente un técnico.

Su primer trabajo fue en el año 1988, en una escuela pública sita en camino Carrasco frente a la vieja fábrica de ladrillos Andrés Deus. Trabajó en varios equipos de básquetbol y de fútbol. En la selección uruguaya varios años con Víctor Púa y el profesor Jorge Franco. Y luego con Gustavo Ferrín. Fuera de fronteras estuvo en Perú en Alianza Athletic con Omar Garate, en China con Osvaldo Giménez, en la Real Sociedad de España y en Universidad Católica de Chile con Martín Lasarte. A Martín lo había tenido como jugador en Rampla Juniors. “El siempre bromea diciendo que yo lo retiré”.

Pero a la hora de elegir, se queda con el fútbol, por más que reconoce que el básquetbol es emocionante. “Hasta el año 1999 puede hacer las dos cosas, pero en la selección Víctor Púa hacía ir bien temprano a los jugadores a perfeccionar la técnica y el profe que calentaba a las seis menos cuarto de la mañana era yo. Je. Y llegaba del básquetbol a la una, con los nervios de punta y no me podía dormir. Estaba sobregirado”, contó sobre la razón por la que dejó el básquetbol, donde dirigir Unión Atlética, el cuadro del que es hincha, fue lo máximo.

Pablo

EMPATÍA. Tuvo varios buenos momentos en su carrera, pero el punto máximo fue la Real Sociedad con Lasarte. “Hubo madurez y Europa es un lugar que todo el mundo quiere alcanzar. En ese momento éramos el único cuerpo técnico uruguayo trabajando en España”, dijo quien está convencido que lo mejor que tiene como profesional es la parte psicológica. “Tengo muy buena llegada con los jugadores, mucha empatía con ellos. Les digo siempre que soy un compañero más, pero con un rol diferente. He logrado entrar a un vestuario y que los jugadores no se callen. O que vengan y me cuenten pila de cosas personales. Hablo mucho fuera de hora con ellos, sabiendo los roles de cada uno. Es un poco difícil no involucrarse, pero el jugador tiene que entender que de la línea de cal para adentro es una cosa y afuera es otra. Adentro es trabajo y rigor, pero puede ser con alegría. Esa diferencia noté en Europa. El europeo es mucho más concentrado, más mecanizado, casi robótico. Lo ideal sería un poco de cada cosa. A mí esa llegada que tengo con los jugadores me ha dado resultado”.

EL DISFRUTE. “Hace unos cinco años que empecé a disfrutar de esas otras cosas que te brinda el fútbol. Antes estaba 24 horas pensando en el entrenamiento y en el ganar. Y me perdía un paisaje, un monumento, un lugar. Fue el profesor Julio Gioscia quien me abrió la cabeza en ese sentido. Yo trabajaba con él en la selección y a veces paraba el auto en la ruta para mirar los cerros y los árboles. Y yo no lo entendía, ahora lo hago y se lo digo a los más jóvenes", reconoció. Y contó una anécdota. 

"Recuerdo una vez que fuimos a jugar un torneo Sub 17 con la selección del ‘Polilla’ Da Silva a un pueblito a 70 kilómetros de Roma. Le dije que teníamos que llevar a los chiquilines al Vaticano. Él me decía que no, que querían ir a un shopping, pero yo insistí, estaba seguro que nos lo iba a agradecer cuando fueran grandes. Fernando Muslera, que estaba en ese grupo, me pidió después la filmación que yo había hecho en el Vaticano. Lo quería ver porque estaba seguro que nunca iba a volver en su vida. Y después de Wanderers pasó a Nacional y terminó jugando cinco años en la Lazio. Lo más cómico es que me lo encontré en esa época y me contó que pasaba todos los días por el Vaticano y lo tenía podrido. Je”.

padre

Micaela: "Verla feliz y que sea una persona de bien"

Hace tres años que Pablo vive solo con su hija Micaela, de 14 años. “Es una experiencia muy linda, que me obliga cada día a esforzarme para ser un mejor padre y un poquito de madre también. Quiero verla crecer feliz, que estudie y que sea una persona de bien. Apunto a los valores y al respeto por los mayores, algo que se ha perdido mucho hoy en día”. A Micaela le gusta el fútbol y siempre está pendiente de cómo le va a su papá,  pero el fútbol es también la razón por la que él estuvo ausente. “En China me escondía la maleta cuando me tenía que ir a concentrar”.

Balbi
Juntos. Pablo Balbi vive solo con su hija Micaela de 14 años. Foto: Marcelo Bonjour.
formativas

Coordinador: que la máquina siga funcionando

“Si yo tengo perfil bajo, mis compañeros peor. Somos cuatro los que nos quedamos de la época del Papa y tienen tremendo aporte. El profe Mathías Filippini, Gonzalo Noguera, que entrena a los arqueros, y Juancito Giuffra, que es el analista. Le dedicamos muchas horas al trabajo, llegamos dos o tres horas antes y nos vamos dos o tres después”, explicó quien hoy es el coordinador físico de las formativas de Liverpool trabajando junto a Gustavo Ferrín. “Queremos que la máquina de sacar jugadores siga funcionando”.

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