HISTORIAS

Atiende el kiosco del fútbol

Adrián Romero lleva un año y medio sin jugar. Hoy admite que colgó los botines, pero no se olvida del jugador.

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Adrián Romero. Foto: Francisco Flores

Hace un año y medio que jugó su último partido. Fue con Miramar Misiones en cancha de Juventud de Las Piedras y empataron de atrás. En principio el Adrián Romero no tenía claro si había llegado el momento de colgar los botines, pero ahora con el tiempo transcurrido sin fútbol, parece haberlo asumido.

"Tuve una posibilidad de volver a Paraguay y lo analizamos con la familia, pero decidimos no volver a salir. Yo quería tratar de disfrutar más a mi hija que va creciendo y uno se pierde muchas cosas. Y en lo local tuve unos llamados, que al final no se concretaron. Le estoy muy agradecido al presidente de Danubio que mostró interés y me llamó para ofrecerme las instalaciones para entrenar, porque su deseo era que yo jugara en el club. Pero era un momento complicado, justo al final de la era Ramos, con algunos problemas internos y preferí no presentarme", contó el "Hueso" en el kiosco "Los Arcos", negocio que comparte con su esposa Viviana y que atiende todas las mañanas. El nombre del kiosco no tiene nada que ver con el fútbol sino con el acueducto de agua bendita de Querétaro, donde nació su hija Catalina, que hoy tiene cuatro años.

"Ahora que ha pasado un año y pico y no se ha presentado ninguna oportunidad, creo que definitivamente colgué los zapatos y estoy buscando nuevos horizontes. Se extraña, porque fueron 15 años de fútbol profesional, entrenando y jugando siempre en diferentes lugares. Extrañé sobre todo al principio, ahora ya no tanto. Durante los primeros meses me costaba ir a los partidos. Estuve como seis meses sin ir. No podía. Me daban ganas de volver a jugar, pero de a poco comencé a dedicarme a disfrutar de la familia. Hoy puedo ir a buscar a mi hija al colegio. Después empecé a ir a los partidos, porque me gusta, y ya no lo sentí tanto", relató.

El kiosco está ubicado en Francisco Vidal a pasos de 21 de Setiembre y el movimiento es intenso. Al principio los clientes le encontraban cara conocida, hasta que le preguntaban si no había jugado al fútbol o si no era el "Hueso". Hoy muchos van a conversar con él de fútbol y a compartir un mate.

"El kiosco es también una forma de distraerme un poco. La gente es muy amable. Me han tratado muy bien. Lo lindo es que vienen hinchas de varios equipos y me preguntan cosas del fútbol. De lo que pasa ahora. Y si no estoy cansado de hablar de fútbol. Pero no... a veces son personas mayores que me piden un mate y conversamos de lo que pasó el fin de semana. A mí me pone contento".

Hace un tiempo que el "Hueso" está trabajando con un empresario uruguayo que trabaja en México. "Veo jugadores, determinados puestos, para ver a quién se le puede facilitar la llegada al fútbol mexicano. Me gusta. Soy frontal y quiero lo mejor para el jugador. No como siempre ha sucedido, que hacen muchos negocios y el jugador es el que pierde y los empresarios se llenan de plata. Intento que salga bien el jugador".

Carne propia.

Su intención de ayudar al futbolista se basa en su experiencia. "Viví esas cosas en carne propia. Cuando me fui a jugar a Argentina por ejemplo, el que se benefició no fui yo sino el empresario. Y después hasta me tuve que arreglar yo mismo el contrato porque me habían llevado a Estudiantes y nadie en el club sabía que yo era jugador de selección. Lo tuve que hablar yo con el vicepresidente y le dije que si no se arreglaban las cosas me volvía a Nacional. Por suerte se solucionaron", relató.

A pesar de que mucha gente que lo conoce le ve condiciones —sobre todo por su temperamento— para ser entrenador, el asunto no lo seduce. "Me dicen que tengo el carácter para serlo, pero acá hay muy pocos equipos y muchos entrenadores. Tengo compañeros que han hecho el curso hace ya tiempo y están sin nada".

Si mira hacia atrás, considera que sus mejores momentos dentro de la cancha fueron en su segunda etapa en Nacional, antes de irse para México; en el país azteca y en Paraguay. "Con Nacional fuimos Campeones Uruguayos en la temporada 2008-2009, ganándole a Defensor Sporting varias finales. Y jugamos la semifinal de la Copa Libertadores. En Querétaro y en Olimpia también me fue muy bien. En Paraguay hice muchos goles, logramos ser campeones después de muchos años y la gente me quiere mucho".

Pero no todo fue positivo. Al consultarlo sobre el peor momento de su carrera, reconoce que no debió haber regresado a Nacional. "Lo hice con muchas ganas y le estoy muy agradecido a Ricardo Alarcón, que conmigo se portó muy bien. La idea era regresar antes de que terminara su mandato y así fue, pero hoy creo que debí quedarme en México. Debí haber pensado mejor si era el momento de regresar a Nacional. Después Alarcón dejó el cargo y asumió Eduardo Ache y ya no estuve tan conforme", admitió.

"De adentro de la cancha no me arrepiento de nada. Siempre traté de dejar todo por el equipo en el que jugaba. Me puede haber ido bien o mal, pero rescato siempre lo positivo. Y fueron muchas más las buenas que las otras. Salí campeón varias veces, algo que muchos no consiguen a pesar de haber muchos años en Primera División", finalizó.

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