CLÁSICO

Y así por siempre: ambiente de unión y paz

Ubriaco convenció a Pacheco y los hinchas vieron juntos a tricolores y aurinegros en la previa.

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Foto: Ariel Colmegna

Ya se había comentado al ver posar juntos a Cerro-Rampla y Defensor Sporting-Danubio el fin de semana: en estos tiempos que corren conviene más que nunca reafirmar los mensajes para una correcta rivalidad deportiva, subrayando la unidad en la pasión futbolística antes incluso que el triunfo de unos colores sobre otros. En ese sentido, el poder de la imagen de ver posar en conjunto a los rivales clásicos tiene una importancia notable; la violencia no se va a terminar sólo con una foto, pero el hecho de que existan motivos para no querer hacerla significa perder tres puntos en la larga carrera contra su erradicación definitiva.

En la previa del duelo de ayer comenzó a circular el rumor de que Peñarol había encontrado motivos para no llevar a cabo lo mismo que sí se había hecho en los otros dos clásicos, con tan buena aceptación por parte de profesionales e hinchas. Cualquiera que fueran las intenciones al respecto por parte del carbonero cuando pisó el césped, el juez Darío Ubriaco se encargó de asegurar que el clásico sí tuviera esa imagen. Habló con Pacheco, disipó sus dudas y, tras unos segundos de conversación, el capitán ordenó a los suyos que se acercaran para posar. Es relevante señalar que antes de eso ya se habían abrazado, por propia iniciativa, varios de los protagonistas en el centro de la cancha.

Más allá de ese instante, lo tristemente ocurrido el jueves pasado en La Bombonera obligaba a estar más pendiente que nunca de la actitud de los hinchas y a la respuesta de las autoridades frente a la misma.

En el interior del estadio, la paz fue total salvo dos pequeñas incidencias: unas balas encontradas por la Policía durante un registro al Centenario en las horas previas y unas breves carreras de hinchas aurinegros que trataron de pasar de la tribuna Olímpica a la Amsterdam en el inicio de la segunda mitad, que cesaron en cuanto las autoridades policiales hicieron acto de presencia. Afuera del recinto, el operativo fue un éxito.

La separación de las hinchadas en la entrada al Parque Batlle funcionó y los aledaños al estadio quedaron blindados, por lo que los efectivos policiales pudieron controlar bastante bien los accesos al Centenario, en los que no ocurrió nada señalable. Sí que se produjeron las habituales detenciones en puntos más alejados del espectáculo deportivo, debido a algún incidente menor con hinchas en los ómnibus.

Tampoco en la salida se registraron hechos violentos y aquí sí que la sensación general fue de una tranquilidad impropia de un post-clásico. El público abandonó el Centenario con pocos cánticos y con mucha paz, la hinchada tricolor primero y después la aurinegra, que era local y esperó con gran calma en las tribunas a que llegara su turno para abandonar el recinto. Alguno que otro comentaba a la salida que parecía el final de un partido de la selección. Ojalá que todos los Peñarol-Nacional terminaran así.

Al fin y al cabo, como la Celeste, el clásico uruguayo es también un bien común propiedad de los hinchas del fútbol de todo el país.

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