HACIENDO HISTORIA

Así fueron los primeros días de estos 90 años del Estadio Centenario

El escenario se convirtió en un emblema de Montevideo, pero también es el símbolo del comienzo de una nueva era en el fútbol mundial

El Estadio Centenario el día de su inauguración
El Estadio Centenario el día de su inauguración

Empecemos con una pregunta: ¿existirá algún uruguayo que nunca visitó el Estadio Centenario? Es muy dudoso, porque incluso aquellas personas indiferentes al fútbol pudieron visitarlo alguna vez, para ver a Zitarrosa, los Stones o Pavarotti, para asistir a la misa del Papa Juan Pablo II o, hace ya mucho tiempo, para seguir un partido de básquetbol.

Ese anillo de hormigón con su torre que apunta al cielo desde el centro geográfico de la ciudad es tan montevideano como el Cerro o la rambla, tan uruguayo como la Cumparsita o la Celeste. Pero su proyección es internacional: fue el escenario principal de la primera Copa del Mundo y como tal, inauguró una nueva era en el fútbol internacional.

Por su magnitud y su construcción increíblemente rápida (desde la colocación de la piedra fundamental hasta su apertura pasaron solo 362 días, en un tiempo con maquinarias rudimentarias) se convirtió además en un símbolo de una época pujante del país, en la cual se podía acunar el sueño más ambicioso y cumplirlo.

Este 18 de julio el Centenario cumplirá 90 años, una edad avanzada incluso para los edificios. Quedan pocos estadios en el planeta tan antiguos con su estructura original, ninguno de su porte. También son poquísimos los que encierran tanta historia. El dilema es cómo renovarlo preservando esa historia.

Obras en la tribuna Amsterdam
Obras en la tribuna Amsterdam, mientras al fondo comienzan las de la América

Su origen, incluso, antecede mucho al 21 de julio de 1929, el día que se colocó la piedra fundamental en el amplio y pantanoso descampado conocido como “Campo chivero” y que había pertenecido a Antonio Pereira, hijo de Gabriel Pereira, presidente de la República a mediados del siglo XIX.

En 1889, el arquitecto paisajista francés Edouard André fue contratado por el gobierno de Montevideo para que diseñara un plan de embellecimiento de la ciudad. Ese proyecto, que promovía parques y grandes avenidas, fue completado por compatriota Carlos Thays en 1911. Y una de las propuestas fue crear un “parque central” en la zona del actual Parque Batlle. En la Biblioteca Nacional existe un plano, sin fecha pero presumiblemente impreso entre 1918 y 1920, que muestra ese parque con árboles, juegos, canchas de tenis y cricket, incluso un zoológico. Y un “stadium” en el sitio exacto del Centenario.

En 1923, el Concejo Departamental de Montevideo llegó a discutir la construcción de ese “stadium”, con un plan del ingeniero Roberto Acosta. No le venía mal a un fútbol de creciente popularidad, cuyos escenarios mayores eran las gradas de madera del Parque Central de Nacional y Pocitos de Peñarol. Claro que la idea exigía una fuerte inversión

Cuando el Congreso de la FIFA en Barcelona, realizado en mayo de 1929, otorgó a Uruguay la sede de la primera Copa del Mundo, la primera tarea de la organización fue lanzarse a construir ese estadio. Un acuerdo entre la Asociación Uruguaya de Fútbol y la Intendencia de Montevideo se tradujo en la creación de la Comisión Administradora del Field Oficial (CAFO), con representación conjunta: todavía hoy el estadio pertenece a la AUF y el terreno donde se levanta es municipal.

El 12 de julio, CAFO designó al arquitecto Juan Scasso, director comunal de Paseos Públicos, para diseñar el “stadium”. Scasso contó con la colaboración de dos estudiantes de Arquitectura, José Domato -reconocido años después como coautor del proyecto- y Pedro Daners, a quienes se agregó un dibujante, Cayetano Magliano. La piedra fundamental se colocó el 21 de julio, como se dijo. Y el 17 de agosto, Scasso convocó a la prensa para presentar el proyecto: un recinto elíptico, con cuatro tribunas y una torre como signo distintivo.

Como se ve, todo se hizo contrarreloj, con la acción de 1.100 obreros trabajando en tres turnos, incluso por las noches. El 3 de setiembre de 1929 comenzaron las excavaciones. El 30 de noviembre se entregó el plan para la licitación de las obras de hormigón armado. Estas se iniciaron el 1º de febrero de 1930, salvo en la tribuna América, que fue posterior.

Arquitecto Scasso
El arquitecto Juan Scasso durante una de sus frecuentes visitas a la obra.

No faltaron los contratiempos, paralelos a los que tuvo el propio Mundial para convocar a selecciones europeas. Durante la obra se registraron 95 días de lluvias y eso llevó a que se temiera no poder completar la obra a tiempo. Pero el cemento se fue elevando, para asombro de todos. El 12 de junio, CAFO lo bautizó Stadium Centenario. El 3 de julio se lo consideró pronto, aunque todavía quedaban andamios y algunos sectores con el cemento fresco.

El 18 de julio, el Estadio Centenario abrió sus puertas, cinco días después del comienzo de la Copa del Mundo, con el partido Uruguay-Perú. Fue un día de fiesta, como se suele decir, aunque de fiesta bastante caótica. Las entradas se agotaron pronto y prosperaron los revendedores. En cierto momento, los porteros dejaron sus puestos para irse a ver el partido y entonces ingresaron miles de personas como colados. Hubo empujones, tumultos y un policía amenazó al público con su arma. Un avión militar hizo acrobacias tan bajo que se temió su posible caída sobre la multitud.

Y, pese a que Uruguay jugó bastante mal, se ganó con un gol del Manco Héctor Castro. Desde entonces pasaron 90 años de partidos, goles y triunfos, registros indelebles en la memoria de los uruguayos.

Estadio Centenario
El Estadio Centenario en 1930.
Estadio Centenario
Inauguración del Estadio Centenario, el 18 de julio de 1930
Andamios en el estadio
Los andamios todavía cubrían el exterior del estadio el día de su inauguración.
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