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Argentina: esta película ya la vi

El dineral que el gobierno gasta en el “Fútbol para Todos” pareció disparar un gran endeudamiento para muchos.

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Buenos Aires está a media hora de avión desde Montevideo y Argentina ahí enfrente. Sin embargo, pese a la cercanía, hay aspectos en los cuales la diferencia entre los mundos que se abren a un lado y otro de los ríos de la Plata y Uruguay es tanta, que el de la vecina orilla parece el primero, aunque el país haya caído en default, situación que el gobierno niega, y el de la antigua Banda Oriental el tercero; algo que acá, en cambio, con mayor dosis de realismo, casi nadie desmiente.

El ejemplo del dinero que recibe el fútbol por los derechos de televisación de los partidos de la actividad local es, tal vez, uno de los ejemplos más patentes; con la precisión de que ese aporte en Argentina proviene del Estado, que en 2009 firmó con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) el convenio por el cual, bajo la denominación de "Fútbol para Todos", los partidos de Primera División dejaron de ser televisados por T & C Sports y pasaron a ser transmitidos por televisión abierta.

Polémica.

Casi seis años después, el cambio de senda en Argentina sigue siendo motivo de polémica, sobre todo porque el 20 de agosto de 2009, la presidenta Cristina Fernández explicó las razones del acuerdo, diciendo que "no es posible que solamente el que pueda pagar (la TV cable), pueda mirar un partido de fútbol, y que además le secuestren los goles hasta el domingo aunque pagues igual"; y hoy los sectores opuestos al kirchnerismo ponen argumentos hasta más graves que aquel sostiene que, en la práctica, la publicidad oficial en las emisiones de los partidos convirtieron a "Fútbol para Todos" en la mayor máquina de propaganda política favorable al gobierno.

En efecto, en un primer momento desde la Casa Rosada se anunció que la iniciativa no acarrearía costos para el Estado, porque los ingresos por publicidad privada financiarían el proyecto; pero lo real es que desde 2010 a la fecha ese tipo de aportes, según el diario La Nación, provino sólo de la empresa fabricante de camiones Iveco: US$ 6.200.000, que representan sólo el 0,96% de los US$ 66.800.000 que durante el mismo período puso el gobierno para sostener el emprendimiento; con el agregado de que el pago de la automotriz Fiat no se hizo en efectivo, sino con vehículos para la Policía Federal, la Gendarmería, la Prefectura y la Secretaría de Ambiente; y de que la diputada Graciela Ocaña denunció que "la cotización de los vehículos es escandalosa, porque no son los precios de fábrica, sino los de una concesionaria, menos un descuento".

Contradictorio.

En ese aspecto de orden interno, podría decirse "yo uruguayo", a diferencia del "yo argentino" que en Uruguay se utiliza habitualmente para tomar distancia de un determinado tema. Después de todo, el gran contraste entre el primer mundo y el tercero, que conviven dentro de una misma región de América, no está dado tanto por la brecha que hay entre los US$ 66.800.000 que percibe la AFA del Estado argentino y los US$ 30.000.000 que pagó Tenfield a los clubes de Primera División del fútbol uruguayo en el último quinquenio; en ese sentido, hay una diferencia tal entre la cantidad de gente que compone el mercado consumidor a uno y otro lado del río, diez veces mayor en Argentina que en Uruguay, que hasta puede llegar a parecer que lo que se abona por los derechos de televisión del fútbol local en el país vecino, comparado con lo que ocurre en esta margen del Río de la Plata, no resulta tanto, al fin de cuentas.

Lo asombroso, por contradictorio, es que a despecho del fuerte subsidio que reciben del gobierno, los clubes argentinos de Primera División en su conjunto acumulan deudas por US$ 220.000.000, y que ese monto se duplicó desde que empezaron a cobrar el dinero del "Fútbol para Todos", a lo que se debe agregar que el contrato firmado en 2009 —cuando aún vivía Julio Grondona— establecía la aplicación paralela y progresiva de un plan de saneamiento económico-financiero de las instituciones, que incorporaría índices de solvencia y endeudamiento, y también la obligatoriedad de que se le retuvieran los recursos a las entidades que no cumplieran con las metas.

Concretamente, las deudas de River Plate —los llamados "millonarios", paradójicamente — ascienden a unos US$ 72.600.000; las de Independiente a US$ 63.700.000; las de Estudiantes de la Plata a US$ 30.500.000; y, cerrando el cuarteto de los más morosos, está el otrora austero Vélez Sarsfield, que debe US$ 21.500.000 y ha empezado a recortar el plantel bajo el anuncio de su presidente, Raúl Gámez, quien dijo que el club afrontará la segunda parte de 2015 con jugadores en su mayoría amateurs para tratar de ir equilibrando el presupuesto.

Quiebre.

Una realidad, entonces, que en el contexto que se presenta, y por tratarse de Argentina, hace acordar al título —y el argumento— de la película "La plata dulce", que a principios de los 80 recreó la fantasía popular, que se generó primero, y los graves problemas surgidos luego, en el país vecino a raíz de la aplicación de un plan económico financiero que fue impulsado por el gobierno militar en la década de los 70.

En aquella época, José Martínez de Hoz, ministro de Economía argentino, fue el funcionario que instrumentó el citado plan, basado en el liberalismo monetario y apoyado por los organismos internacionales y los bancos extranjeros, que terminó provocando una gran inflación, el quiebre de muchísimas empresas y un brutal endeudamiento externo.

La plata dulce del "Fútbol para todos", pues, parece haber llevado a varios clubes argentinos por un sendero similar; aunque ahora la mayoría se dio cuenta y está emprendiendo el duro camino del regreso.

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