FÚTBOL INTERNACIONAL

Árbitros: Un oficio que se complica

La nueva realidad del fútbol, cada día más intenso y veloz, aumenta las exigencias para los jueces. Y no siempre el VAR puede ayudar...

Juez revisando el Var
Juez revisando el Var Foto: AFP

Más que un tributo a las nuevas tecnologías, el VAR parece ser un salvavidas lanzado a los árbitros de fútbol, cuya tarea se complica día a día: el juego se vuelve cada vez más rápido y engorroso. Sin embargo, lo ocurrido en la Copa América de Brasil revela que ni siquiera los varios ojos de las cámaras pueden solucionarlo todo.

La International Board, el órgano responsable del reglamento del fútbol, fue tradicionalmente un cuerpo conservador, pues se señalaba que las reglas simples, conocidas y estables del fútbol constituían una de las razones del éxito de este deporte. Pero en los últimos tiempos han llovido cambios a esas normas, al punto que nada de lo escrito parece ser definitivo.

El offside es una regla tan vieja como el fútbol. En los orígenes, buscó disciplinar el movimiento de los jugadores en el campo, para que nadie se quedara cómodo en una solitaria posición junto al arquero rival, esperando un pase de sus compañeros. Inicialmente todos los jugadores que atacaban debían estar por detrás de la línea de la pelota, y gradualmente se llegó a la modificación fundamental de la norma en 1925, que limitó a dos los rivales que deben estar por delante para evitar caer en infracción. Últimamente la regla ha tenido retoques no esenciales.

Pero la evolución de la preparación de los jugadores y de las estrategias hacen cada vez más difícil determinar con acierto esas posiciones adelantadas. Mientras los delanteros son más veloces en sus desplazamientos, la mayoría de las líneas defensivas ejecutan el achique lejos de su área penal, también con jugadores rápidos. Así, cuando se registra la acción simultánea del atacante que avanza y el defensor que sale, en fracciones de segundo los dos futbolistas se verán distantes entre sí, engañando la percepción del árbitro asistente. El problema es que a veces ni siquiera el VAR puede dar la visión definitiva. El gol anulado a Cavani contra Perú es un ejemplo.

Si se observan películas de partidos de hace 30 o 40 años, resulta curioso descubrir que los futbolistas esperaban los corners quietos y separados entre sí. Hoy, un tiro de esquina puede encontrar a 18 o 19 jugadores concentrados en un espacio reducido del área penal. Y, además, en contacto entre ellos, ya sea con agarrones, toques o al menos hombro con hombro. Varios de ellos, además, suelen correr y detenerse de golpe, o correr en círculos para despistar a sus marcadores.

Es probable que cuando la pelota viene en el aire tras el corner se produzcan varias infracciones simultáneas a cargo de jugadores de ambos equipos. Muchas veces se han sancionado con penal o con tiro libre para el bando que defiende, pero no siempre ocurre eso. Por supuesto, el VAR puede ayudar a clarificar las cosas, pero no es posible parar el partido para mirar el video de cada corner.

Los cambios en los criterios para sancionar las manos, sobre todo en el área, también marcan un nuevo parámetro. Por mucho tiempo, la frontera se encontraba en la intencionalidad: el jugador debía querer tocar la pelota con la mano. Esa intencionalidad está bastante arrinconada con la nueva interpretación. Si la pelota pega en la mano o el brazo, es infracción si el jugador, independientemente de su intención, adopta una postura “antinatural” que amplía el espacio de su cuerpo e impide que el balón siga su curso. Eso ya determina que muchos defensores corran a marcar con los brazos detrás de su cuerpo. Sin embargo, tampoco esa es una postura “natural” en el fútbol.

Hay situaciones especiales: cuando el jugador que comete el presunto hand cae y se apoya con las manos en el suelo, cuando tiene los brazos pegados al cuerpo y finalmente cuando la pelota hace carambola y pega en una parte del brazo o la mano luego de un rebote en sus pies, cuerpo o cabeza. En estas incidencias el árbitro no está obligado a sancionar, sino que debe interpretar en cada caso. Como la variedad de situaciones es amplia, habrá manos que terminen en penal y manos sin importancia.

Las situaciones revisadas por el VAR confirman o rectifican las decisiones de los árbitros, con lo cual se evitan polémicas posteriores, pero al mismo tiempo significan una interrupción del juego, que puede hacer perder concentración a todos los actores, además de promover diálogos y protestas.

Además, el uso del VAR puede generar desconfianza si el sistema no es transparente. Por ejemplo, si no se difunden públicamente las imágenes que llevaron a sancionar una incidencia. Incluso mantener en secreto el diálogo entre el árbitro en la cancha y sus colegas en el VAR conspira contra el objetivo de cristalinidad en las decisiones. Puede decirse: “Antes un juez anulaba un gol y la gente se quedaba con la duda sobre el motivo”. Pero si funciona un sistema de alta tecnología y no termina con esas dudas, el descontento del aficionado resulta todavía mayor.

Hay menos árbitros “cancheros”

La velocidad e intensidad del juego determinan que los árbitros también deban ingresar en esa dinámica: hay que estar siempre cerca de la incidencia. La FIFA quiere árbitros más jóvenes y mejor entrenados, tan atletas como los futbolistas. El problema es que cuando los árbitros adquieren la experiencia justa, deben retirarse. Y así se extraña a jueces veteranos, capaces de controlar partidos en base a su “cancha”.

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