DEPORTE Y PANDEMIA

El apresurado regreso al fútbol en                  Río de Janeiro tiene un trasfondo político

Bolsonaro presiona al alcalde de la ciudad para autorizar partidos incluso en el peor momento de los contagios

Botafogo
Jugadores de Botafogo protestan porque fueron obligados a jugar ante Cabofriense hace una semana.

El regreso del fútbol en Río de Janeiro, con o sin público, además de representar una medida insólita en un país con alarmantes números de difusión del coronavirus, encierra un tema político: es una punta de lanza del presidente Jair Bolsonaro y de sus aliados para reabrir todas las actividades incluso en plena pandemia. Esa postura encontró un adherente en Flamengo, cuyo plantel campeón de América le resulta muy caro para mantener inactivo.

El 18 de junio, el torneo carioca se convirtió en el primero en reanudar los partidos en toda América del Sur, pese a que Brasil es el segundo país del mundo que sufre más contagios,con cerca de un millón y medio infectados y el que tiene más fallecidos por la enfermedad, con alrededor de 65.000 casos, Y en ese panorama, Río de Janeiro es el segundo estado más afectado del país luego de San Pablo.

Pese a esas cifras, se siguen registrando situaciones extrañas en Río. El miércoles pasado, la autorización para la reapertura de los bares originó aglomeraciones de jóvenes, sin tapabocas, frente a esos establecimientos y en las calles del elegante barrio de Leblon. Las redes sociales ardieron en críticas a esos “irresponsables”, anotando que los mozos, en cambio, que estaban allí obligados porque se trata de su trabajo, usaban todos mascarillas.

Flamengo-Bangú fue el primer partido de esta nueva era. Fue en un Maracaná a puertas cerradas. Dos días más tarde, el alcalde Marcelo Crivella suspendió el fútbol hasta el 25 de junio. Crivella, obispo pentecostal además de político, es aliado de Bolsonaro y está siendo presionado por el mandatario, quien desde el principio minimizó la pandemia.

Finalmente, el domingo 28 fue el turno para Botafogo, que se midió con Cabofriense. El viejo club de Garrincha, al igual que Fluminense, se resistía a la decisión de la Federación de Fútbol de Río de Janeiro (FERJ) de regresar a las canchas, pero el Supremo Tribunal de Justicia Deportiva los obligó.

Por eso, los jugadores botafoguenses salieron al campo con una pancarta que decía: “El mejor protocolo es respetar las vidas”. Y durante el partido, se arrodillaron en apoyo al movimiento Black Lives Matter, cuyo lema llevaban en sus camisetas.

Crivella llegó a manejar que desde el 10 de julio se admitiría a hinchas en las tribunas, pero luego puso marcha atrás ante las críticas, pues ni siquiera en Europa, cuyas ligas ya volvieron a competir, permiten la presencia de espectadores.

La idea original del alcalde carioca era que los estadios recibieran hasta la tercera parte de su capacidad, que los hinchas solo pudieran comprar las entradas a través de Internet y que en las tribunas se mantuvieran en un espacio de cuatro metros cuadrados por persona. Por ejemplo, en Maracaná eso equivale a 22.000 espectadores.

“Eso es inusitado. Ningún país en el mundo hasta ahora ha autorizado una cosa de esas. Le aconsejo a los que quieran ir a los estadios en este momento que lleven un rosario y que recen mucho para que no ocurra nada”, comentó Carlos Augusto Montenegro, expresidente del Botafogo.

La postura de Flamengo es radicalmente opuesta. Según la prensa local, esa insistencia por jugar se debe a la necesidad de obtener fondos para sostener su caro plantel, pues a diferencia de otros países, incluido Uruguay, los futbolistas brasileños no fueron amparados por el seguro de desempleo. Los dirigentes del campeón de la Libertadores 2019 buscan forzar a otros torneos estaduales a seguir su camino y adelantar cuanto antes la disputa del Campeonato Brasileño. Si este logra mantener su formato original de 38 fechas, sus 20 participantes obtendrán el 100% de los ingresos por TV y publicidad.

¿Qué ocurre mientras tanto en otros estados de Brasil?

Los clubes paulistas volvieron a entrenar el 1° de julio, pero la federación local no sabe cuándo se reanudará el torneo estadual.

En Río Grande do Sul, con bandera roja en estos momentos, no se permiten los entrenamientos conjuntos de los planteles. Si se habilitan, se podría volver a jugar pronto, quizás a fines de julio.

En Bahía, la situación es muy problemática más allá de la pandemia. Cuatro equipos ya están entrenando: Bahia, Vitória, Bahia de Feira e Jacuipense. Se espera la decisión sobre el paulatino levantamiento de las restricciones, que debería tomarse mañana, para definir qué pasará con el fútbol. Pero salvo esos clubes, el resto desvinculó a todos sus jugadores y técnicos, y se asegura que no tienen dinero ni siquiera para pagar los test de COVID-19.

En Minas Gerais, el agravamiento de la situación sanitaria determinó que la Secretaría de Salud estadual advirtiera: “Entendemos la importancia del fútbol y el deporte en la vida del brasileño, pero ningún protocolo sería adecuado en este momento”.

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