BARCELONA CAMP

Un aprendizaje para toda la vida

Mauro Sorrentino fue uno de los entrenadores que vivió la experiencia “Barça”.

Foto: Javier de Souza
Foto: Javier de Souza

Tiene 34 años y una energía abrumadora. Seguramente su multiplicidad de trabajos dentro del fútbol (ver aparte) es lo que lo lleva a mostrarse de esa manera y si esa misma energía se la logra transmitir a los niños seguramente estarán muy motivados.

Mauro Sorrentino fue uno de los 26 entrenadores uruguayos que fue seleccionado para participar de la experiencia del Barcelona Camp y sin duda quedó fascinado por el Mundo Barcelona con el que compartió una semana.

“Fue una capactiación muy grande para mí que terminé el curso de entrenador el año pasado. Soy un apasionado del estilo del Barcelona y tengo mucha lectura y trabajo sobre ese modelo”, manifestó Sorrentino.

“Las expectativas fueron ampliamente superadas y a pesar de eran jornadas exigentes y se sentía el cansancio, fue muy disfrutable. Los trabajos comenzaban máximo a las 08:15 en el Náutico y nos íbamos cerca de las 19.15, después de planificar el trabajo del día siguiente”,agregó el entrenador que se enteró de la posibilidad de participar un 23 de diciembre. No lo dudó e inmediatamente mandó su curriculum esperando una respuesta que parecía ser eterna, pero que finalmente llegó con un resultado afirmativo ingresando en una selecta lista luego de que fueran muchos los que se anotaran con la ilusión de participar del proyecto.

Junto a los 26 entrenadores uruguayos que trabajaban con un grupo por la mañana y con otro distinto por la tarde, estaban nueve técnicos que vinieron desde España. Para Sorrentino “los profes catalanes tenían una participación activa y muy importante, pero de todas maneras nos daban mucha libertad a nosotros para trabajar y sentí una confianza muy grande por parte de ellos que son un grupo de técnicos jóvenes pero con mucha experiencia, calidez humana y seriedad”.

El entrenador trabaja con un equipo de 12 niños por la mañana, que tenían 12 años, mientras que por la tarde hacía lo propio pero con 10 niños que rondaban entre los siete y los ocho años, lo que sin duda son experiencias distintas. “Había que adaptar algun contenido dependiendo de la maduración de los niños, pero siempre trabajamos con los mismos bajo las premisas de familiar y empatizar con ellos. El hecho de trabajar con grupos chicos te permite aprender los nombres fáciles, mantenerlos concentrados y que ellos entiendan ciertos conceptos, pero la verdad lo disfruté con los dos grupos. Se los veía a todos disfrutando”, sentenció.

“La filosofía del Barcelona es muy rigurosa y al presentarnos el domingo se nos dejó en claro que teníamos que estar organizados, antes, durante y después de los trabajos e incluso teníamos que usar la remera por adentro del short. Esas cosas son las que hace que Barcelona sea lo que es a nivel deportivo e institucional y reconocido en el mundo”, opinó el entrenador.

Para Sorrentino, en Uruguay se hacen trabajos que intentan asimilarse al del Barcelona, pero muchas veces se hace muy difícil por la cultura que tenemos en nuestro país, pese a que nos ha dado mucho rédito. De todas maneras, entiende que cada vez se trabaja más y más en la técnica de los niños para seguirla depurando y así trabajar en otros estilos.

Antes de finalizar, el entrenador reflexionó: “Fue un privilegio enorme. Más que nada por ese vínculo estrecho que siento yo por calzar la ropa de Barcleona y ser parte de un modelo de juego que me gusta, que es creativo y ofensivo, de posesión. Está claro que esto es una experiencia muy enriquecedora para mí y una capacitación y aprendizaje que sin duda queda para toda la vida”.

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