Liga de Campeones

El antiguo "Pupas" aprendió a terminar sufriendo y feliz

Triunfo agónico del Atlético, que ya está en cuartos de final.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sufrimiento. Arda Turan no podía ni mirar los penales. Foto: EFE

En el último tramo del siglo XX y en el inicio del XXI, el Atlético de Madrid se ganó a pulso el apodo de "El Pupas", que viene a significar algo así como el eterno sufridor. Todo se motivó por los muchos disgustos que el colchonero le daba a su hinchada, especialmente en casa. Se hacían típicos los partidos en que los rojiblancos dominaban al primer tiempo en el Calderón y terminaban empatando o perdiendo, por cualquier tipo de razón, y sus fieles terminaban resignados y volviendo a casa por esa metafórica avenida que da acceso al estadio: el Paseo de los Melancólicos. Hasta el himno que compuso Joaquín Sabina en el centenario del club tuvo espacio para esta corriente con aquel verso que decía: "qué manera de sufrir...".

Resulta imposible pensar que el Atlético de aquellos años terminara feliz tras una noche como la de ayer. El Calderón presentó sus mejores galas, como había pedido Simeone, y los rojiblancos respondieron con un gran partido. No tardaron en adelantarse con un afortunado gol de rebote de Mario Suárez. El Bayer Leverkusen utilizó las armas favoritas de su rival para responder: solidez defensiva y rápidas salidas al contraataque. Los del "Cholo" tuvieron las mejores chances de gol, pero con el paso de los minutos la batalla se fue igualando hasta su inevitable desenlace: los penales. Ahí los alemanes decepcionaron con varios pésimos lanzamientos que alzaron como héroe al joven arquero esloveno Oblak, que había ingresado durante el juego tras la lesión de Moyá. 

Por su parte Giménez, sin ser Godín, volvió a deleitar a la hinchada rojiblanca con su desparpajo y ésta terminó evocando aquellos gritos de "Uruguayo, uruguayo" que antes lograron Forlán o el propio Godín. Y los hinchas se marcharon tan felices por el Paseo de los Melancólicos...

Arsenal nadó y se ahogó en la orilla; una película ya muy vista.

Si en esta misma página contamos cómo el Atlético ha aprendido a superarse, lo del Arsenal de Wenger va camino de la maldición. Lleva incontables temporadas que le pasa lo mismo: conforma un joven y talentoso equipo que arranca ilusionante y que para el mes de marzo, cuando se cuece lo importante, decepciona. Y algo de mala suerte tiene que haber cuando se fue sin perder sus últimos cuatro duelos de vuelta de octavos de final, pero eliminado. Tanto en 2012 como en 2011 ganó y quedó a un gol de clasificar (ante Bayern y Milan). Ayer le ocurrió lo mismo: se preparó para lograr la hazaña de remontar el 3-1 ante Mónaco: encerró a su rival, le hizo dos goles y... para casa.

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