CENTENARIO

100 años de Racing: del Reducto a Sayago por la ruta del fútbol

Ayer los Cerveceros, hoy la Escuelita: los albiverdes festejan su centenario con una tradición de cracks y estilo que les dio identidad.

El Racing de 1969, que en el todos contra todos terminó quinto pero no pudo pasar a la ronda final debido a que se armó en base a la tabla del descenso.
El Racing de 1969, que en el todos contra todos terminó quinto pero no pudo pasar a la ronda final debido a que se armó en base a la tabla del descenso.

El Racing Club de Montevideo, que el 6 de abril celebrará su centenario, tuvo su primera patria chica en el Reducto, cuyos amplios baldíos invitaban a jugar al fútbol. Desde los fondos del hospital Vilardebó hasta los terrenos donde algún día se abriría el Bulevar Artigas había espacio para todos. La estación Reducto era el nudo del barrio y allí llegaban y partían los tranvías de la Sociedad Comercial, pintados con los colores blanco y verde que inspiraron su camiseta.

Racing surgió en un tiempo en que un grupo de muchachos podía crear un equipo y llegar a jugar muy pronto en primera división, sin otro impulso que su entusiasmo. En 1924 ya se codeaba con los mejores de la divisional principal de la AUF y tenía dos jugadores en la selección uruguaya (Alfredo Mazzone y Carlos Giovanola); en 1932 fue una de las diez instituciones fundadoras del profesionalismo. Después siguió una trayectoria con alegrías y penas, pero con un hilo conductor en su fútbol, que siempre lo prestigió, hizo surgir de sus filas grandes jugadores y le valió el apodo de La Academia o el más cercano y entrañable La Escuelita.

Pudo ser Yuyito F.C. o Guaycurú, pero al final se prefirió el nombre más cosmopolita de Racing Club, que hizo famoso el de París y que justo en 1919 identificaba al de Avellaneda en sus mejores días del amateurismo.

Pese a sus raíces, la primera cancha la tuvo en Piedras Blancas. Allí debutó en la Extra de la AUF en 1920. Pero su despegue está asociado a la canchita de Burgues y el actual Bulevar Artigas, vecina a la de Colón y a la pista de Stockolmo. Con escasas comodidades e incluso cables que la cruzaban y donde rebotaba algún pelotazo alto, pero con iluminación para los torneos barriales de verano.

Del otro lado del Bulevar estaba el Parque Munich y la Cervecería Oriental, donde se ofrecían espectáculos: era natural que surgiera el otro apoyo, hoy perdido, de “Cerveceros”.

Una celebración racinguista en un boliche de los de antes.
Una celebración racinguista en un boliche de los de antes.

Siempre con el blanco y el verde, Racing mostró seguramente la mayor variedad de combinaciones de una camiseta en el fútbol uruguayo: blanca con bolsillo y cuello verdes, en mitades, verde con una o dos franjas verticales blancas sobre el costado derecho, blanca con tres finas rayas verdes sobre la izquierda… La más habitual, la rayada, es la actual. Cada una representa una época, que los hinchas recordarán bien.

El club también es uno de los pocos ejemplos exitosos de mudanza deportiva: cuando debió buscar un nuevo campo de juego en la década de 1940, puso su vista en un predio de las avenidas Millán y Sayago. Allí asentó en 1941 el Parque Osvaldo Roberto (homenaje a uno de los hermanos fundadores del club), cuyos terrenos son de su propiedad, algo que no resulta habitual en el fútbol montevideano. Y pasó a ser el Racing de Sayago.

De sus filas surgieron innumerables cracks, en una lista que bien puede comenzar por Santos Iriarte, el Canario, autor del tercer gol uruguayo en la final del Mundial del 30. Y lo siguieron Héctor Macchiavello, Blas Bas, Julio Pérez, William Martínez, los cinco hermanos Bergara (Mario, Ignacio, Alberto, Ernesto y Enrique), los Benítez (Julio y Eladio), Ladislao Mazurkiewicz, Julio César Morales, José Jorge González, Alfredo Lamas, Rodolfo Sandoval, Nelson Chabay, los Corbo (Walter y Romeo), Fernando Morena, Jorge Siviero, Miguel Bossio, Rodolfo Abalde, Miguel Gómez...

Y hubo cracks que llegaron veteranos, como Atilio García, Aníbal Paz, Juan Eduardo Hohberg, Julio César Britos, José Sasía, Domingo Pérez, Venancio Ramos, Alberto Bica, Jorge Villazán, Ruben Sosa. También argentinos que dejaron su marca, como Guido Baztarrica, Sebastián Guzmán, Eugenio Callá, Osvaldo Vega, Luis Díaz… El continuador de esa larga lista en la actualidad puede ser bien Líber Quiñones, máximo goleador histórico del club desde 2015.

Varias veces campeón de la “B”, en Primera Racing no tiene títulos, pero en el registro quedan actuaciones memorables. Durante los años 60 fue la sombra negra de Peñarol y también supo amargarle tardes a Nacional. Peleó el Apertura 2008-2009, aunque quedó finalmente cuarto, y se clasificó segundo del Apertura 2014-2015.

Imposible olvidar el título de la “B” de 1989, cuando el respaldo económico de General Motors permitió armar un equipo de figuras, con Ramos, Bica, Villazán, Tuja, entre otros. Jugando casi siempre ante estadios llenos, logró el retorno a la “A” después de tres lustros.

Al año siguiente cumplió muy buena campaña en Primera y estuvo a punto de entrar en la Libertadores, pero perdió por penales el partido de desempate de la Liguilla ante Bella Vista, campeón uruguayo.

En 2010 llegó por fin a la Libertadores para cumplir una destacable actuación. Superó la ronda previa eliminando a Junior de Barranquilla y luego quedó segundo de Corinthians en el grupo 1 con ocho puntos, postergando a Independiente Medellín y Cerro Porteño. No avanzó a la siguiente fase porque entonces solo se clasificaban los mejores segundos.

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