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A 30 años del gol de la trampa y del más bello de Diego Maradona

El 22 de junio de 1986, en el Mundial de México, el argentino anotó dos tantos para la historia.

“¡Para mí el gol fue con la mano. Lo grito con el alma, pero tengo que decirles lo que pienso…!”, relató ese día el periodista Víctor Hugo Morales, conteniendo la emoción. Sus alaridos de gol estaban asaltados por una certeza: Diego Maradona había impulsado la pelota con la mano izquierda. Lo intuía Víctor Hugo, que llevaba el relato a millones de argentinos. Lo sabían los ingleses, iracundos por la flagrante trampa. Lo sabía el propio Diego, cuya picardía lo llevó a argumentar, sin pudor, que esa mano no era suya, que sencillamente era “la mano de Dios”.

Maradona gestó y finalizó aquella jugada que fue hace exactamente 30 años (22 de junio de 1986), pero que hoy conserva testigos eternos, generación tras generación. Es una secuencia memorable: Mundial de México 86, estadio Azteca. Diego Maradona con la camiseta azul de Argentina corriendo con la pelota atada a su botín. Amagó a un rival. Intentó una pared con Valdano, pero se la devolvió el inglés Steve Hodge –con quien después intercambió la camiseta–. Luego vino el descenso del balón. La salida vehemente del portero Peter Shelton, y el salto de Diego, doblando el brazo izquierdo para tocar con descarada sutileza el balón. Fue como un acto de magia, escondiendo la mano culpable.

Diego corrió desaforado por la cancha, levantando con firmeza y alevosía el brazo impune. Los miles de argentinos presentes en el estadio Azteca debieron tener la misma certeza de Morales en su relato, y también debieron gritar el gol con el alma. Al fin y al cabo se trataba de anotarles a los ingleses en un partido donde se jugaba mucho más que el pase a la semifinal del Mundial: se jugaba el orgullo nacional. Fue como una revancha simbólica después de la guerra de las Malvinas entre los dos países. Una guerra que perdió Argentina.

El árbitro, el tunecino Ali Bennaceur, retrocedió hacia la mitad de la cancha, esquivando la furia de los incrédulos ingleses, cuya queja fue en vano. No había nada que hacer. La trampa ya estaba hecha.

Al final del partido, que Argentina ganó 2-1, Maradona, inmerso en su éxtasis, no dudó en explicar: “Fue un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”. A partir de ese momento, el primer gol contra los ingleses tuvo nombre y apellido.

Tiempo después, el propio Maradona admitió que fue con la mano, y aseguró que no era ninguna mano de Dios, que era “la mano de Diego”, como para aumentar su egotismo tan común. También reveló que aunque los jugadores argentinos dijeron que la política no se mezclaba con el fútbol, las Malvinas estuvieron siempre presentes, como una herida abierta.

“Era más que ganar un partido, más que dejar fuera de la Copa del Mundo a los ingleses. Nosotros hacíamos culpables a los jugadores ingleses de todo lo que había sucedido. Nosotros estábamos defendiendo nuestra bandera...”, dijo Diego en una entrevista difundida por la prensa argentina, en 1998. El gol pasó a la historia, pero no fue el único.

"Barrilete cósmico".

Maradona tuvo la fortuna de reivindicarse en el mismo partido, con otra muestra de su genialidad, esta vez con los pies. Diego, con su galáctica velocidad y con el balón encadenado a su pie, fue dejando regados a los ingleses en el césped. Su carrera tuvo fin cuando después de eludir a varios rivales, incluyendo al portero, anotó el segundo gol. Una obra de arte, como lo calificó Valdano.

Víctor Hugo Morales ya no contuvo su relato. Lo narró, de nuevo, con el alma. Esa narración se hizo tan famosa como el mismo gol. Como dijo el escritor mexicano Juan Villoro: “El 22 de junio de 1986, Maradona dejó sin palabras al mundo, pero no a Víctor Hugo”.

“Goool. ¡Quiero llorar, Dios santo! ¡Viva el fútbol! Golazooo, Diegoool. Maradona. ¡Es para llorar! ¡Perdónenme! Maradona, en recorrido memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”, gritó Morales.

El gol fue tan espectacular que el escritor argentino Osvaldo Soriano –famoso por sus letras de fútbol– intentó exculpar al capitán argentino. “El segundo gol de Maradona –escribió Soriano– valía por dos, de manera que valía también por el que anotó con la mano”.

Goles inmortales.

El estadio Azteca no lo olvida. Procura que no se olvide. En su interior, en su museo, la figura de Maradona empujando la pelota con su brazo izquierdo tiene un capítulo especial. Hay esculturas a Diego. Hay fotos. Hay mensajes heroicos. “Diego cae de aquel salto victorioso, anotando el gol ‘la mano de Dios’, demostrando la belleza del fútbol (...). Este es un homenaje al fútbol”, dice, en letras doradas sobre fondo negro, en una placa que acompaña una escultura de Maradona anotando ese gol.
“Maradona dribló, chutó, saltó, regateó...”, dice la descripción de una foto gigante, que capta el momento del gol con la mano. El museo tiene mucho de homenaje al ‘10’ argentino.

Y como es apenas obvio, en Argentina los dos goles engrandecieron la figura de Diego. El cantante de cuarteto argentino, Rodrigo, le hizo un homenaje con una canción que habla de su vida, su carrera y de ese memorable capítulo. “... Su sueño tenía una estrella, llena de gol y gambetas... Y todo el pueblo cantó: Maradó, Maradó... Nació la mano de Dios, Maradó, Maradó... Sembró alegría en el pueblo, regó de gloria este suelo...”, dice aquel coro, enérgico y emocionante.

Treinta años después se desempolvan la canción de Rodrigo, el relato de Morales, el video, los documentales sobre esos goles fabulosos en la carrera de Maradona, quien fue capaz de anotar en un mismo partido el gol más tramposo, y el más bello de los mundiales.

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.
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