HACIENDO HISTORIA

En 85 años desaparecieron muy pocas canchas de primera

Con el régimen profesional en 1932 la mayoría de los clubes se asentó en sus actuales escenarios; el crecimiento de la ciudad borró en cambio muchas campos del ascenso, a menudo junto con sus equipos.

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La foto muestra una vista aérea del campo de Defensor a comienzos de la década de 1930,

La posibilidad de que la Intendencia de Montevideo desaloje a Fénix del Parque Capurro fue primero noticia en la prensa, luego motivo de una pancarta exhibida por los futbolistas del club albivioleta y finalmente resultó desmentida por parte del intendente Daniel Martínez, pero reabrió el tema de los escenarios deportivos en la capital.

Con variada ubicación, instalaciones más o menos completas e ubicadas sobre tierras de diversos propietarios, en Montevideo existen hoy 30 canchas de fútbol oficiales de la Asociación Uruguaya de Fútbol, desde el histórico Estadio Centenario hasta algunas que son poco más que un terreno con dos arcos entre cuatro muros. Según una óptica, son demasiadas para un ciudad de 1:300.000 habitantes. Otra opinión las defiende en nombre de la tradición, el barrio y el papel social que desempeñan los clubes de fútbol.

Desde la instauración del régimen profesional en 1932, desaparecieron muy pocos campos donde se hayan disputado partidos de primera división. En cambio, se fueron muchos escenarios de las divisionales de ascenso, generalmente junto con los clubes que allí jugaban. Debe recordarse que en algún momento las estructuras de la AUF contaban con cuatro categorías y decenas de instituciones, todas montevideanas, que en buena medida tenían su casa, aunque esa casa fuera muy básica, prestada o alquilada.

La organización institucional del fútbol corrió casi paralela al proceso de crecimiento de la ciudad en las primeras décadas del siglo XX. Varios clubes reclamaron predios en parques municipales cuando estos se estaban delineando. Como la política oficial hacia el deporte era generosa, en tiempos en que Uruguay era campeón olímpico y mundial, los pedidos fueron generalmente atendidos. Así se instalaron Defensor en el Parque Rodó, Olimpia (luego River), Wanderers y Bella Vista en el Prado, Fénix en el Parque Capurro, Central y Misiones en el Parque Batlle…

A la salida del cisma, en 1927 se disputó la Copa Uruguaya con mayor número de participantes: 20. Salvo las canchas de Rampla y Defensor, Belvedere —que entonces era de Wanderers— y el Parque Central de Nacional —con sus anteriores tribunas de madera—, más Las Acacias de Peñarol, que fue utilizada por Sud América, el resto de los escenarios desapareció:

Peñarol jugó aquella temporada en Pocitos, Misiones en el Parque Bolívar Céspedes en Maroñas, Lito en el Parque Salvo en Capurro, Olimpia en el Parque Higiene y Salud (actual Bulevar Artigas y General Flores), Uruguay en su cancha al lado de la anterior, Bella Vista en el Parque Olivos (actual emplazamiento del colegio Maturana, en Bulevar Artigas y Agraciada), Capurro en el Parque Narancio (General Flores y Rancagua), Liverpool en el Prado (entre el actual Rosedal y el monumento a los últimos charrúas), Cerro en el Parque Santa Rosa (Carlos María Ramírez y Puerto Rico), Racing en su cancha de Enrique Martínez y García Peña (Reducto), Central en el Parque Fraternidad (Garibaldi casi 8 de Octubre), Rosarino Central en el Parque Lugano (Suárez y Lucas Obes), Belgrano en el Parque Erba (a los fondos del Hospital Militar), Solferino en la "Cancha de los huesos" (Ramón Anador entre Alberto Lasplaces y Lyon) y Universal en un predio de la entonces avenida Propios.

Pero, a partir de 1932, la mayoría de los equipos se asentó (¿definitivamente?) en sus actuales campos de juego. Entre los que se perdieron en estos 85 años figuran apenas el Parque Blengio Salvo, en Azara y Aizpurúa, cerca de la calle Comercio, donde Miramar jugó poco tiempo en la "A" en la década de 1940; el Parque Demetrio Arana de Cerro, que dejó su lugar al estadio Luis Tróccoli, así como la cancha de Peñarol de Estación Pocitos, cuyo círculo central se encontraba donde hoy se cruzan Coronel Alegre y Charrúa.

En cambio, la lista de los escenarios perdidos del ascenso es más extensa. El último fue el Parque Luis Rivero, de La Luz, en bulevar Batlle y Ordóñez junto al arroyo Miguelete, pocos años después que su vecina, la cancha del Ipiranga, desapareciera bajo el crecimiento de asentamientos irregulares.

También pueden recordarse el Parque Luis Tropiano, de Uruguay Montevideo, en la avenida Luis Batlle Berres; la cancha de Boston River, donde hoy se levanta el ex Edificio Libertad; el Parque Cauceglia, de Artigas, en Ameghino junto al arroyo Pantanoso (hoy da nombre a un asentamiento), el Parque Miguel Oquela, de Canillitas, en Irureta Goyena entre Capdevilla y Serratosa; el Parque España (o Sáenz), de Villa Española, en Corrales junto a la planta de Funsa, por donde ahora corre la avenida José Pedro Varela; el Parque Domingo López de Alto Perú, en avenida Italia y Mataojo; el antiguo Parque Maracaná de Cerrito, en General Flores y Batlle y Ordóñez.

Y hubo muchas más. Famosa fue la cancha del Misterio, en la ex Propios al costado del Cementerio del Buceo. La zona de La Teja estuvo salpicada de campitos que albergaron partidos por las viejas divisionales Intermedia o Extra: Charleston, Alba, Telier, Sportivo Victoria, entre otros. Lo mismo se daba en el Reducto, Maroñas, Arroyo Seco, Cerrito de la Victoria y Buceo.

Incluso Pocitos tuvo dos representantes en el fútbol oficial en la década de 1920: Oriental, con su Parque William Poole en las actuales 26 de Marzo y Buxareo, y Uruguay Pocitos, con su Parque Artigas en las orillas del viejo arroyo. Y antes fueron los descampados de Punta Carretas, junto al mar o en los alrededores de la antigua cárcel, canchitas improvisadas que marcaron el comienzo de esta historia.

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