HACIENDO HISTORIA

A 60 años de la “catástrofe” celeste de Puerto Sajonia

Uruguay perdió por goleada y quedó fuera del Mundial 1958: algunas de sus figuras fueron calificadas con un cero...

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Oscar Míguez trata de dominar la pelota en un estadio Puerto Sajonia todavía pequeño (foto grande). El campeón de Maracaná fue muy criticado por su actuación ese día. Foto: Archivo El País

Uruguay se clasificó cuarto en el Mundial de Suiza 1954, luego de caer en la semifinal ante Hungría recién en el alargue de un partido épico, pero un diario montevideano consideró esa posición un sitial “reñido con la tradición uruguaya”. Por eso, no fue de extrañar que tres años más tarde la eliminación celeste de Suecia ’58 -y la forma en que se produjo- fuera considerada una verdadera tragedia.

No se trató del fin del mundo, porque después el fútbol uruguayo conquistó títulos continentales con su Selección y mundiales con sus clubes grandes. Pero sí el fin de una era: nunca se volvió a ser el mejor fútbol del mundo, como se podía proclamar entre 1924 y 1930, con una nueva demostración en 1950. Títulos que hicieron creer a muchos que los uruguayos simplemente habían nacido para campeones, sin analizar las razones de aquellos éxitos y los orígenes de las derrotas que vinieron más adelante.

La herida de 1957 fue tan profunda que por años permaneció una cicatriz llamada “Puerto Sajonia”, que era el nombre por el cual se conocía el actual estadio Defensores del Chaco. De hecho, los celestes nunca le ganaron allí a los paraguayos por torneos oficiales. Irónicamente, durante años el escenario también se denominó “Uruguay”, por un doble motivo: era un homenaje a los olímpicos campeones de 1924 y un agradecimiento al fútbol uruguayo, pues Paraguay organizó la Copa América de 1924 en el Parque Central montevideano porque carecía de una cancha apropiada, y con el dinero recaudado pudo iniciar las obras para ello.

En 1957, por primera vez, Uruguay debió disputar eliminatorias para una Copa del Mundo, ya que antes, por diversas razones, accedió directamente. Los rivales fueron Colombia y Paraguay. Si bien los colombianos estaban casi saliendo de su prehistoria futbolística, los paraguayos se encontraban en un buen momento y habían sido campeones sudamericanos en 1953. Claro que Uruguay lo había sido también en 1956. Por eso, nadie esperaba un golpe tan fuerte.

Pero las cosas funcionaron mal de entrada. En el debut solo se consiguió un empate en Bogotá, la primera vez que se jugaba en la altura. “Nos faltó aliento, si el partido seguía perdíamos”, dijeron los jugadores. Sin embargo, Paraguay ganó sin problemas los dos partidos a Colombia.

La revancha con Colombia en el Centenario resultó un padecimiento. Solo se pudo ganar con un penal muy dudoso cerca del final, que Oscar Míguez convirtió bajo una desmesurada tensión. El periodista de El País Dionisio Alejandro Vera (Davy), quien en su columna “Lo que no dice la crónica” brindaba una visión jovial de los hechos deportivos, ese día confesó en un pequeño recuadro que le resultaba “absolutamente imposible” hacer comentarios chistosos.

Quedaban los dos partidos con Paraguay, que llevaba un punto al frente de la tabla. Pero todo se decidió en Asunción, el 14 de julio de 1957, hace ahora 60 años. Entonces faltaban dos días para el séptimo aniversario del triunfo de Maracaná.

Curiosamente, al mismo tiempo hubo partidos aquel domingo invernal: Peñarol enfrentó a Boca Juniors en el Centenario por la Copa Álvaro Gestido y hubo etapa por la Primera “B”. En Puerto Sajonia, que se de eso se trata, terminó en catástrofe: Paraguay ganó 5 a 0 y eliminó a los celestes.

A los 5 minutos ya se perdía con un gol de Amarilla. Se intentó una reacción y a los 18 Cata Roque estrelló un cabezazo en el horizontal. A poco de iniciarse el segundo tiempo, llegó el segundo de Amarilla. Entonces el equipo cayó en la desorganización total buscando el empate. Que se volvió una quimera cuando a los 12 Amarilla hizo el tercero. Cerca del final llegaron dos más, por Agüero y Ángel Jara.

Los comentarios de la prensa fueron lapidarios. “El fútbol uruguayo en plena catástrofe”, tituló La Mañana. “El País” dijo: “Uruguay ya no cuenta en el mundo como potencia en el fútbol”. “El Plata” tituló: “Como nunca, los uruguayos cayeron sin demostrar siquiera un mínimo de fervor”. “Nada mostró el conjunto celeste, ni habilidad ni vergüenza deportiva”, dijo en tanto El Diario.

Radeck Balcárcel, enviado de El País, asignó los siguientes puntajes a los celestes: Walter Taibo 4, William Martínez 6, Omar Vilariño 0, Edgardo González 4, Néstor Goncálvez 4, Luis Miramontes 6, Carlos Borges 6, Javier Ambrois 0, Oscar Míguez 0, Héctor Rodríguez 1, Walter Roque 0. Impresiona el rigor con el cual fueron juzgadas algunas figuras históricas.

Se pensó en cancelar la revancha, ya que todo estaba decidido, pero la FIFA amenazó con una multa de 10 mil francos suizos. La Selección uruguaya había sido disuelta por la Junta Dirigente de la AUF, pero se llamó a algunos futbolistas que habían estado en Asunción y otros nuevos para cumplir con el compromiso. Y se jugó, el 28 de julio, ante unos 25 mil espectadores. Antes del encuentro, los paraguayos dieron la vuelta olímpica y el público los premió con su aplauso.

Después se terminaron los cumplidos. Sobre un terreno muy fangoso, el partido se volvió violento, pese a que el árbitro británico Jack Husband llegó a pedirle a los capitanes que se jugara con lealtad. Hubo varios lesionados. Uno de ellos, el uruguayo Carlos Correa, fue retirado en camilla con fractura de peroné y fisura de tibia en su pierna derecha. En las declaraciones posteriores, cada equipo acusó al otro por los excesos. Para la estadística: Uruguay venció por 2 a 0.

El entonces presidente de la AUF, el político colorado Fermín Sorhueta, ministro de Industria y Trabajo además, declaró que la eliminación podía ser “el punto de arranque de nuestra futura estructura deportiva”. Y aseguró que debía dedicarse “atención profesional” a las divisiones inferiores y del interior”, así como revisar los “contratos millonarios” que se pagaban a los jugadores. Casi las mismas palabras que se dijeron 20 años después, cuando Uruguay fue eliminado de Argentina ‘78, o 40 años más tarde, tras el fracaso de la campaña para Francia ‘98. Pero la vida y el fútbol siguieron. Eso sí, siempre con el reclamo por esos cambios.

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