HISTORIA

A 50 años de la batalla de Montevideo

Cuando Racing argentino le ganó al Celtic en el Centenario y fue campeón del mundo 1967.

Foto: Archivo El País
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Para los hinchas de Racing de Avellaneda, fue la mayor alegría de su vida. Para los espectadores uruguayos, representó la derrota del equipo de sus preferencias, Celtic de Glasgow. Para la historia del fútbol, fue “la batalla de Montevideo”, por la violencia con que se jugó. Hoy se cumple medio siglo del triunfo de Racing en la Copa Intercontinental de 1967, definida en el Estadio Centenario con un golazo de Juan Carlos Cárdenas, siempre conocido como El Chango.

Fue la consagración del Equipo de José, por su técnico José Pizzuti, una formación casi sin estrellas -aunque lucían la técnica de Perfumo en la zaga y la generación de fútbol de Maschio en el mediocampo- pero de enorme dinámica y vocación ofensiva. Y el título fue celebrado por todo el fútbol argentino, ya que se trataba del primer título mundial de su historia.

Fatalmente, ese mismo día Racing inició su época más oscura, con una sequía de títulos locales que duró hasta 2001. Por eso, aquel partido se hizo eterno como el más recordado de la historia del club. Aunque hubo quien ironizó que de tanto repetirse el gol de Cárdenas en la televisión un día la pelota iba a terminar afuera.

Celtic, el club católico de Glasgow y primer campeón no latino de Europa, ganó 1-0 la primera final disputada en Escocia. La revancha en Avellaneda fue para Racing por 2 a 1, aunque ya la violencia había manchado la copa: el golero visitante Simpson fue herido con una piedra lanzada desde la tribuna antes de comenzar el encuentro y tuvo que ser reemplazado por Fallon.

Montevideo fue fijada como sede de la finalísima. Y se jugó el sábado 4 de noviembre, ante un Centenario desbordante de público, el marco habitual para la prestigiosa Copa Intercontinental. Los hinchas de Racing llenaron platea y tribuna América.

Los dos equipos salieron a la cancha con la bandera uruguaya, tratando de conquistar el aliento de los neutrales. Quizás porque Racing había vencido a Nacional en la final de la Libertadores, o simplemente por la rivalidad rioplatense, los uruguayos se volcaron masivamente por el Celtic. Un detalle curioso: los escoceses usaban camiseta verde y blanca a rayas horizontales, al estilo del rugby, sin números en la espalda, ya que estos iban estampados en el pantalón, adelante y atrás.

Foto: Archivo El País
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El partido, sin embargo, decepcionó a los espectadores neutrales. Más que fútbol, se vieron patadas, protestas y golpes de puño, así como intervenciones de policías con casco y bastones. En pleno juego, un particular quiso entrar al campo y un policía lo corrió, sin que el juez detuviera el partido.

Particularmente duro fue el tratamiento que recibió el puntero escocés Jimmy Johnstone, pequeño, pelirrojo y habilísimo. El árbitro paraguayo Rodolfo Pérez Osorio expulsó a tres escoceses (Lennox, Hughes y el propio Johnstone) y dos argentinos (Basile y Rulli). Es probable que también haya echado al argentino Yaya Rodríguez y al escocés Auld, pero ambos siguieron jugando. En aquel momento no existían las tarjetas y la expulsión se marcaba simplemente con un gesto mostrando el camino al vestuario, por lo cual se podía interpretar otra cosa. Y más en el medio de las constantes riñas y discusiones de esa tarde.

Lo más singular del caso es que el duelo Racing-Celtic había comenzado, meses antes, bajo señales de amistad. Cuando Peñarol enfrentó a los escoceses en un amistoso, el técnico Pizzuti fue a espiar a su rival. Y su colega de Celtic, Jock Stein, lo recibió con los brazos abiertos, lo acompañó a recorrer Glasgow y hasta lo llevó a un local donde vendían prendas de vestir de primera calidad, según la anécdota que cuenta el periodista Jorge Da Silveira, enviado entonces por radio Sarandí.

Sin embargo, terminaron prevaleciendo los enconos que habían surgido entre británicos y sudamericanos en el Mundial de 1966. Y hubo una consecuencia grave: entre esa y otras violencias, los europeos comenzaron a desdeñar la Copa Intercontinental, hasta que el trofeo retomó brillo cuando pasó a disputarse en Japón.

Para los hinchas de Racing, sin embargo, nada de esto importa. Todavía festejan cuando ven el remate de Cárdenas desde afuera del área y el vuelo imponente, pero inútil, del golero escocés. Un episodio cargado de significados, que tuvo su culminación en Montevideo.

Foto: Archivo El País
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UN CRACK

La figura europea que al otro día jugó por la Mutual

La final intercontinental Racing-Celtic se disputó bajo un sol esplendoroso. Al día siguiente llovió, pero eso no impidió que 30.000 espectadores concurrieran al Centenario a ver un espectáculo benéfico de la Mutual. Un combinado de futbolistas extranjeros que militaban en clubes locales le ganó a otro de uruguayos. Y entre los extranjeros alinearon dos del Celtic, Connelly y Johnstone. Así se registró la curiosidad de que el Colorado Johnstone, considerado el mejor futbolista escocés de la historia, jugó dos veces en un fin de semana en Montevideo.

¿Y cómo hizo la Mutual para alinear a una estrella europea? Durante las reuniones preparatorias del festival a alguien se le ocurrió invitar a Johnstone, por la atracción que iba a despertar. Entonces, José Sacía, Hamlet Tabárez y Roberto Correa fueron hasta el hotel Ermitage de Pocitos, donde se alojaba el Celtic. Se encontraron con el puntero en el bar, donde estaba tomando whisky con cerveza. Tabárez le explicó la idea y Johnstone respondió simplemente: “At what time?” (¿A qué hora?). Cuando Sacía quiso saber la respuesta, Tabárez le “tradujo”: “El petiso sorete dice que no, que un jugador de su categoría, que el riesgo...” Le tuvo que aclarar enseguida que era una broma y que el escocés había dicho que sí, porque el Pepe ya lo iba a tumbar de un piñazo. Y todos se quedaron tomando whisky con cerveza. La anécdota fue relatada por el propio Tabárez en su libro El último gol (Ediciones Túnel, 2015).

Y así, la delantera extranjera en el beneficio de la Mutual estuvo formada por Johnstone, Araquem de Melo, Celio Taveira, Alberto Spencer y Juan Joya. El Colorado jugó 45 minutos en una cancha totalmente embarrada y se retiró bajo una gran ovación de todo el Centenario.

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