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Albín toma impulso en el Olímpico

“En Chipre me sentí humillado, me trataron mal y me hicieron dudar de mí mismo; esto no es un paso atrás”, dijo el talentoso volante que volvió para sentirse útil

Albín
Juan Albín en su nueva casa: el estadio Olímpico. Foto Leo Mainé. 

Rampla Juniors dio el batacazo y contrató a Juan Albín. Su llegada al equipo picapiedra sorprendió. Pero, tras una mala experiencia en Chipre, el talentoso volante necesitaba volver a sentirse bien. Y nada mejor que volver a Uruguay para hacerlo.

“Estaba en Chipre, donde había firmado por un año, pero rescindí mi contrato. Mi representante (Marco Vanzini) me pasó esta posibilidad y luego hablando con ‘Nacho’ (Ignacio Durán) y con el entrenador me brindaron mucha confianza y me entusiasmaron”, contó Albín en su nueva casa: el Olímpico.

“Siempre me gustó lo difícil, dar pelea. Lo tomo como un paso importante en mi carrera. Muchos dirán que, tratándose de Rampla, es un paso atrás, para mí no. No venía jugando y necesitaba volver”, agregó. Y pasó a relatar su última experiencia en el Omonia Nicosia de Chipre.

“Primero tuve una lesión en la nariz. Me la tuvieron que arreglar, no sé si quedé más lindo o me la desviaron todavía más. Je. Y después tuve una diferencia con el entrenador. Pero todo eso ya es tema del pasado, ahora estoy en Rampla. Surgió esta posibilidad y no lo dudamos con mi representante. La idea es tomar impulso para volver a ser lo que era antes”, admitió quien jugó su último partido oficial en Chipre hace meses.

“Estoy bien, lo que me falta es fútbol. Dinámica. No es lo mismo entrar 20 minutos o 30, que jugar todo el partido o al menos 70 minutos seguidos. Eso se extraña un poco. Pero acá hay un buen grupo y espero encontrar la mejor forma rápido. Y tomar aire. En Chipre me sentí humillado. Son muy raros. Te tratan mal, no te respetan. En el equipo había mucha gente joven y me trataron igual que a ellos. No tienen en cuenta la trayectoria ni nada. Y no es que yo creyera que tenía que jugar, lo que esperaba era que me respetaran la carrera, lo que hice. Pero no fue así y me hicieron sentir que no podía más. No pensé en dejar el fútbol, pero me hicieron dudar de mi capacidad. Por dentro llegué a preguntarme si soy tan malo. Porque llegaban los partidos y no jugaba. Fue una mala experiencia, pero por suerte ya estoy acá, cambiando de aire”.

MEMORIA. El plantel de Rampla Juniors hizo ayer un rato de arena en la playa del Cerro y luego entrenaron en la cancha de La Marina, allí cerca. Albín, criado en Nacional y con siete temporadas en el fútbol español podría extrañar las comodidades y la infraestructura, pero no lo hace.

“Me crié en Nacional, pero también en Salto. No miro esas cosas, no me interesan. Sólo quiero ser uno más en el plantel. No tengo problemas para adaptarme. Tengo memoria y sé donde nací. De donde vine y lo que soy. Esas cosas no me influyen para nada”, aseguró.

Cuando Rampla Juniors arranque el torneo Apertura, las miradas estarán todas puestas en Albín. Pero lejos está el salteño de creerse la estrella del equipo.

“Sé que se me está nombrando mucho por esto de Rampla, pero yo estoy tranquilo. Sé que me falta un poquito todavía, pero no vine de paseo ni nada por el estilo. Vengo a ganarme un puesto, a jugar, a volver a sentirme importante porque últimamente no pude”.

El volante había hablado por teléfono con el entrenador Julio César Toresani y el miércoles, en su primer día de entrenamientos, lo conoció. “Me transmitió buena vibra. Aún no hemos hablado del sistema futbolístico, pero ya tendremos tiempo ahora en la pretemporada”. Es que los picapiedras viajarán hacia Argentina el domingo, concretamente a Santa Fe, donde harán un trabajo especial por diez días y jugarán varios amistosos.

TRICOLOR. Albín debutó en la Primera División tricolor en 2002 y en la temporada 2006-2007 se fue a España para defender a Getafe por seis temporadas y a Espanyol. En el 2012-2013, regresó al equipo donde nació. Pero su segunda etapa en Nacional no fue nada buena.

“Mi regreso despertó muchas expectativas. Venía de hacerle un gol a Real Madrid con el Espanyol y de casi anotarle a Barcelona. Jugué un partido frente a Guaraní, anduve bien y la gente se entusiasmó, pero me lesioné la rodilla. Tuve que jugar infiltrado y cuando uno juega así no está en un 100%. Pero esas son cosas que la gente no sabe, que no se entera. Uno no va a salir a decir que no jugaba bien porque estaba infiltrado. A mí no me gusta poner excusas”.

En aquel momento también tuvo algunos problemas familiares que influyeron. “Uno siempre dice que cuando entra al campo se olvida de todo, pero tampoco es un robot. Y hay cosas que te afectan”, reconoció.

primera vez

El día que tenga que jugar contra Nacional

“Todavía no me puse a pensar cómo me voy a sentir cuando me toque jugar frente a Nacional, pero sé que va a ser muy raro porque nunca enfrenté al equipo donde hice todas las juveniles, que me dio la oportunidad de debutar en Primera División y de emigrar a Europa. Seguro va a ser una mezcla de sensaciones, pero igual trataré de difrutarlo”, dijo Albín sobre una experiencia que vivirá por primera vez esta temporada. La llegada de Albín a Rampla Juniors se dio casi por casualidad. Marco Vanzini, quien lo representa desde hace un año cuando estaba en Veracruz, se encontraba hablando con el presidente picapiedra, Ignacio Durán, por un juvenil. Y Durán le comentó que querían traer a un futbolista que hiciera ruido en el mercado. Entonces el “Palillo”, que sabía de la necesidad del volante de volver a jugar,  y de ser mimado, se lo propuso al titular de los rojiverdes. Y le encantó la idea.

familia

No maneja: va de acompañante

Juan Albín es un futbolista fuera de lo común, porque no maneja. Nunca lo hizo y no le gustan los autos. “Nunca me gustó manejar. Siempre me gustó la comodidad, que me lleven. Ahora, por ejemplo, me lleva ‘Panza’, me deja cerca de mi casa”, contó refiriéndose a Ignacio Panzariello, quien regresó a Rampla tras su pasaje por el Cienciano de Perú.
Panzariello lo deja en Bulevar Artigas, dado que Albín y su familia viven en el Prado. Él, su esposa Valentina y sus dos hijos: Francisco de siete años y Josefina de 22 meses. “Por suerte, vino bien, sanita. Ahora estoy más grande y la disfruto mucho más. Cuando tuvimos a ‘Fran’ yo estaba siempre viajando. Y, además, las niñas son siempre muy padreras. Valentina y mi suegra se enojan porque le preguntan a ver de quién es. Y ella siempre responde ‘de papá’, contó Albín, quien no sólo se pone al día con el fútbol en Rampla, también con su familia porque a Chipre había ido solo.

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