Wanderers

Albarracín, el bohemio, volvió a su casa

No se arrepiente de haber ido a Peñarol, donde aún tiene un año de contrato y asegura que maduró en el exterior: "antes capaz que esperaba que me llegara la pelota, ahora corro todo el partido", dijo mientras se prepara para enfrentar a Nacional

Albarracin
Nicolás Albarracín en el Parque Viera, que es su casa. Foto: Francisco Flores.

"Necesitaba volver a Wanderers”, confiesa Nicolás Albarracín sentado en la tribuna del Parque Viera. “Desde que regresé de España tenía claro que quería quedarme en el país y en Wanderers. Se conversó con Peñarol y gracias a Dios se dio”, agregó el futbolista, que estuvo entrenando unos días en Peñarol, el equipo donde aún tiene un año de contrato.

“Estar parado y jugar poco no me servía, quería sumar minutos. Yo sabía que Peñarol venía armado y el entrenador por más que recién había llegado, no me había pedido. Por suerte Wanderers, que es mi casa, me abrió las puertas. Tuve algunas ofertas para volver a salir, pero yo quería quedarme acá con mi familia. Necesitaba estar cerca de ellos”, explicó y aclaró riendo que cuando dice su familia, es su familia verdadera y también la bohemia. “Quería estar cerca de mi señora y también en Wanderers donde tuve mis mejores rendimientos”.

Más allá de que ahora el Viera cuenta con iluminación, Albarracín encontró igual a Wanderers el club donde se crió y del que se fue a mediados del 2015 para jugar en Peñarol a pedido de su técnico de entonces, Pablo Bengoechea. El reencuentros con los utileros, “Cani” y la flaca Ivonne así como el canchero Jesús y varios de sus compañeros lo tiene feliz. “Acá me siento muy cómodo, es mi casa. Y estar con la gente que me vio crecer como jugador y como persona, me tiene muy contento. Eso también influyó para que me decidiera a volver”.

EL CDS.  
En Peñarol jugó un año y medio y fue Campeón Uruguayo en la temporada 2015/2016. Fue además quien anotó ante Danubio, el primer gol oficial en el Campeón del Siglo. “Yo quería jugar ahí y no me arrepiento. Nadie me va a quitar lo que viví en Peñarol, como haber sido campeón o ese gol en el CDS. Era cumplirle un sueño a mi abuelo, que siempre me había dicho que iba a jugar en Peñarol. Él lo vio de arriba y seguramente se puso feliz al verme hacer goles con esa camiseta”.

En enero del año pasado se fue a jugar a Colombia, al Deportivo Cali, y viene de haber estado 10 meses en el Lugo español; dos experiencias que le sirvieron. “El Cali es un equipo muy grande y muy popular. Un equipo lindo y una ciudad a la que nos adaptamos muy bien con la familia. Después hubo un tema con un entrenador y decidimos terminar un par de meses antes el contrato y volver a Peñarol. Yo ya estaba con la idea de volverme en la cabeza. Pero al final del período de pases surgió la posibilidad de ir a Lugo. Estuve casi una temporada entera. La primera mitad de año fue muy buena, pero luego los equipos más grandes, que estaban para ascender, nos pasaron para arriba. Igual fue positivo. Esas experiencias me ayudaron a madurar porque el fútbol es distinto. En Uruguay se marca mucho, pero no se corre. Y en Europa tenés que correr todo el partido. Yo antes capaz que me quedaba parado esperando que me llegara la pelota y ahora corro todo el partido”, relató.

GOLAZO. El fin de semana pasado entró y anotó un golazo, el del empate para el equipo de Espinel ante Fénix. “Había sido una semana complicada para mí porque me había tocado salir del equipo y nosotros siempre queremos jugar. Entrar esos minutos y mandarla a guardar me dejó muy contento. Además, fue un partido muy lindo, donde los dos equipos tomamos riesgos”.

NACIONAL. 
Ahora se prepara para enfrentar el sábado a Nacional. Y ya estuvo hablando al respecto con su excompañero Luis Aguiar. “El ‘Canario’ me llamó el otro día para felicitarme por el gol. Y le dije que le iba a hacer alguna jugadita o darle alguna patada. Je”, confió. Y luego habló más en serio sobre el próximo rival.

“El otro día Nacional no la pudo meter, pero jugó un gran partido. Creo que van a salir a presionarnos desde el primer minuto porque Peñarol se alejó y necesitan ganar. Ahí estará la viveza nuestra para sacarles la pelota y hacerlos poner nerviosos. Sé que es así, que esas cosas pasan, porque lo viví con Peñarol. Tenemos que sacarles la pelota y jugadores para hacerlo tenemos. ¡Ojalá le pueda hacer un gol!”, se ilusionó tras reconocer que el partido es especial para él por su pasado aurinegro. Aunque la mayoría de los clásicos que jugó los empató. “Perdí uno de verano y el otro lo gané por penales”.

Al final, insistió en su felicidad por estar otra vez en Wanderers, el club donde  fue campeón del torneo Clausura en 2014. Y donde se ha reencontrado con varios de sus compañeros de aquella época: Rodrigo Pastorini, Adrián Colombino, Santiago Martínez y Diego Riolfo. “Hoy tengo la cabeza en Wanderers, estar acá me tiene muy bien, muy tranquilo. Sé que alguno de acá se pudo ofender en algún momento, pero le estoy demostrando que al club lo amo porque me crié acá”.

reconciliación

Con Natalia, más unidos que nunca

Su familia también tuvo mucho que ver para que decidiera quedarse en Uruguay y jugar en Wanderers. Su mujer Natalia y los dos hijos de ella a quienes Nicolás considera como propios. “Lo que yo más quería era estar cerca de ellos. Mi señora siempre me está acompañando y apoyándome juegue en la cancha que juegue”, afirmó. “Estuvimos un tiempo separados, pero son cosas de las relaciones, y eso nos fortaleció. Estamos más unidos que nunca, lo mismo que con los niños, Joaquín y Juan Cruz. Con ellos es como si fuéramos uno solo”, aseguró sobre los pequeños de diez y seis años respectivamente.

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