SUDAMERICANO SUB 20

Agustín Dávila, con sangre de campeón, fue el mejor celeste

Es nieto de Walkir Silva, ganador de Copa Libertadores e Intercontinental con Peñarol.

Foto: AFP
Agustín Dávila festeja uno de sus tantos ante Ecuador junto a Darwin Núñez. Foto: AFP

Su abuelo, Walkir Silva, corría por la punta y levantaba el centro para que Fernando Morena anotara otro gol para Peñarol. El riverense, cartero de profesión, fue campeón del Uruguayo, de América y del Mundo con la camiseta aurinegra. Es más, en 1982 anotó uno de los goles con los que el equipo dirigido por Hugo Bagnulo derrotó 2-0 a Aston Villa en Tokio y obtuvo su tercer título Intercontinental.

Agustín Dávila, el nieto de Walkir, bajó a la capital cuando tenía 13 años para defender la misma camiseta que su abuelo. Agustín no corre pegado a la raya; arma las jugadas y, sobre todo, manda la pelota al fondo de la red. Es lo que hizo ayer dos veces en Curicó y fue fundamental para que la selección de Fabián Coito pudiera ganar su primer partido en el torneo Sub 20, algo que necesitaba tras la derrota que había sufrido en el debut.

“La verdad es que estamos contentos porque pudimos concretar las jugadas que tuvimos, como no lo habíamos hecho frente a Perú”, dijo Agustín tras el triunfo. “No sé si somos candidatos a ganar el título. Estamos tranquilos y confiamos en nuestro juego. Vamos paso a paso”, agregó el futbolista, que se fue a préstamo de Peñarol y hoy defiende a Real Sociedad B.

En 2013, cuando jugaba en la Séptima División aurinegra, Agustín anotó 33 goles. Y luego en la Sub 15 hizo otro tanto; algo de Walkir debe traer en la sangre.

“Juega en otra posición. Cuando yo jugaba existían los punteros. Yo era veloz y mi función era desbordar. Él juega más por el medio o de punta. Yo nunca fui un goleador, era más de crear la jugada, aunque hice algunos goles importantes como el de Tokio”, le dijo hace un tiempo Walkir a Ovación. “Sinceramente no le veo nada mío, pero algo tendrá en la sangre”, añadió Walkir, quien tuvo cuatro hijas mujeres y hoy disfruta con Agustín lo que le hubiera gustado vivir con un hijo varón. Aunque hoy su nieto está muy lejos de Rivera.

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