ENTREVISTA

Agustín Canobbio: la vida después de Peñarol, el presente en Fénix y sus sueños

El atacante aprovecha la cuarentena para mejorar: dejó atrás un trago amargo y ahora toma impulso para cumplir sus objetivos.

Agustín Canobbio entrena en su casa mientras espera para el regreso de la actividad. Foto: Francisco Flores.
Agustín Canobbio entrena en su casa mientras espera para el regreso de la actividad. Foto: Francisco Flores.

Todo pasa por algo. Parece un pensamiento sencillo y alejado de la realidad, pero no lo es. Y menos para un futbolista que se planteó aprender de varias situaciones que vivió a lo largo de los últimos años en su corta carrera deportiva.

Agustín Canobbio (21) tenía la ilusión y también la certeza de que tras la temporada 2019 iba a continuar en Peñarol, al menos por seis meses más. Sin embargo, las cosas cambiaron y su destino también. Cuando desde el club aurinegro le dijeron que no iba a seguir vistiendo la camiseta de sus amores, todo se vino abajo.

Fueron días difíciles, pero ahí apareció el sostén de toda su vida: la familia; contención, ayuda y mente positiva. “Miento si digo que las cosas fueron fáciles. Me costó mucho al principio y el primer día como que estaba medio desorientado. Pero con mis padres acá en el día a día todo se hace menos complicado. Me dieron las fuerzas para poder seguir y ahí me di cuenta que todo pasa por algo. Lo tomé como un aprendizaje. A los pocos días apareció la chance de volver a Fénix y no la dejé escapar porque la vi como una oportunidad para hacerme más fuerte, madurar y mejorar como jugador y también como persona”, le contó Agustín a Ovación.

La situación no fue la mejor. El atacante no se reprocha absolutamente nada, pero contó cómo se desencadenó todo: “No pude ni asimilarlo porque fue como que de un día para otro apareció una razón que no me dijeron cuál fue y me comunicaron que no seguía. Ligué unos problemitas internos de costado y me tocó quedar afuera, pero logré sacar lo mejor de mí para superar eso y hoy junto a mi familia el duelo se hizo rápido porque tengo que seguir madurando”.

Agustín Canobbio entrena en su casa mientras espera para el regreso de la actividad. Foto: Francisco Flores.
Agustín Canobbio entrena en su casa mientras espera para el regreso de la actividad. Foto: Francisco Flores.

Y mientras la incertidumbre trataba de adueñarse de la cabeza de Agustín, él no le daba espacio: trabajo, trabajo y más trabajo. Durante todo enero entrenó con un preparador físico por la mañana para no perder la forma y por la tarde su padre era el entrenador con la destreza y la técnica como principales premisas.

A pocos días de que Fénix debutara en la Copa Sudamericana 2020, Canobbio regresó al club en el que había debutado en Primera División. “No estaba dolido ni nada de eso porque pasaron pocos días y no tuve mucho tiempo para hacerme la cabeza por eso que pasó con Peñarol. Volví a Fénix siendo más jugador que antes de irme de este club y también más maduro desde lo mental y más equilibrado en temas emocionales”, contó.

En el albivioleta se encontró con “un grupo espectacular con muchos jóvenes y también jugadores de experiencia” bajo la conducción de un Juan Ramón Carrasco que siempre tiene cosas para aportar adentro de la cancha, sobre todo a los más jóvenes. “Juan te trata de llevar siempre hacia la filosofía de juego que tiene para que las jugadas salgan a la perfección. Estamos convencidos con su idea. Por ahí en el torneo local hubo partidos en los que merecimos e hicimos todo para ganar, pero no se nos dio. Se escaparon por detalles. Tenemos que tratar de corregir esas cosas y ya sabemos que cuando vuelva la actividad tenemos que pulir esos aspectos porque estamos en el debe con el triunfo en el Apertura, más allá de que en la Sudamericana arrancamos muy bien”.

Muchas veces pasa que a un equipo que logra un muy buen resultado a nivel internacional, luego afronta la competencia local de otra manera y eso a Fénix le jugó en contra: “Jugamos contra Torque y nos costó cambiar el chip. Ya había vivido algo así estando en Peñarol. No pudimos manejar esa situación y se nos escapó el partido. Lo que más cuesta es el equilibrio emocional después de lograr algo importante. Nos ‘relajamos’ y fue algo involuntario, porque nadie quiere aflojar, pero no pudimos estar fuertes de cabeza y nos costó caro. De todas maneras, perder con Torque fue como ese cachetazo que necesitábamos”.

Y uno de los puntos más altos de Fénix en el inicio de la temporada fue precisamente Agustín Canobbio. En el Torneo Apertura jugó tres partidos y anotó dos goles.

Agustín Canobbio entrena en su casa mientras espera para el regreso de la actividad. Foto: Francisco Flores.
Agustín Canobbio entrena en su casa mientras espera para el regreso de la actividad. Foto: Francisco Flores.

La falta de gol era lo que el hincha de Peñarol le recriminó desde 2018. Su entrega nunca estuvo en discusión, pero tuvo altibajos que le jugaron una mala pasada y lejos de caerse su objetivo siempre es mejorar. “Todo enero trabajé mucho con mi padre, pero no tanto en lo que es la definición, si no más bien en generarme situaciones que se pueden llegar a dar en el ataque y si en el día de mañana aparecen en la cancha, ya pueda saber cómo resolverlas o de qué manera actuar. Entonces llegás a los partidos con otra confianza. Eso fue lo que cambió un poco del año pasado a este: la confianza. Lo otro es lo mismo: jugar al fútbol, en este caso con otra camiseta, y tratar de disfrutarlo siempre porque no deja de ser un juego”, remarcó.

Agustín aprovecha y disfruta de tener un referente en casa como su padre Osvaldo. “Vale una vida. Me crió, me vio crecer y estuvo siempre a mi lado. Lo valoro muchísimo y aunque las críticas son constructivas, que te las haga tu padre a veces choca un poco (risas) y al principio te molestan, pero sabés que a la larga termina teniendo la razón, entonces trato de aprovechar todo eso porque me genera muchísima confianza”.

El presente en Fénix es auspicioso, pero el atacante no se apura. Hay que ir paso a paso. “Cuando me tocó salir de Peñarol lo asimilé y me dije a mí mismo que esto era para crecer y para volver en el día de mañana siendo un jugador más completo y poder ayudar al club a lograr buenos resultados”.

Acerca del futuro, Agustín tiene las cosas bien claras y contó que “a largo plazo mi meta es jugar en un club de elite mundial; en el mediano es poder emigrar a Europa y en el corto dar el máximo en Fénix. Son muchas metas personales que me las pongo en la cabeza y laburo mucho para tratar de cumplirlas. Creo que voy por buen camino, porque si tenés la confianza, el resto de las cosas llegan con sacrificio y trabajo. No hay recetas para inventar”.

Hoy Agustín Canobbio no para de entrenar. Mantiene su forma física, intenta mejorar la técnica y se planteó nuevos objetivos en su carrera. La vida después de Peñarol continúa y él ya lo tiene más que claro porque en definitiva, todo pasa por algo.

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