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Agustín Canobbio ve el medio vaso lleno tras su lesión frente a Nacional

Ya comenzó a entrenar y se sorprendió con los mensajes del “Huevo” Lozano y Lucas Torreira.  "Sentí el 'crack' y cuando llegó el médico le dije que había comido del tupper", contó sobre la lesión.

Agustin Canobbio
Al play. Agustín Canobbio en su casa de Carrasco donde se recupera de la fractura que sufrió y se entretiene jugando al play station y mirando los partidos del Apertura.

Agustín Canobbio lleva seis días con yeso por la fractura de peroné que sufrió en el partido frente a Nacional. Ayer fue el primer día en que no sintió molestia ni dolor. Tiene para un mes con el yeso y las muletas porque no puede apoyar el pie. Y luego vendrán dos o tres más de recuperación.

Pasa el día mateando con su familia, jugando al Play y mirando los partidos que por suerte tiene para elegir, aunque ayer cuando se disponía a sentarse frente al televisor se suspendió la fecha. “Los primeros días tenía la sensación de que el yeso me apretaba y no me dejaba llegar la sangre a los dedos. Es una sensación fea, pero es parte de la cosa. Me habían mandado a mover un poco los dedos, pero ayer ya empecé con el trabajo de cuádriceps y de tren superior. Tenía muchas ganas de empezar a entrenar. Estaba desesperado”, contó el futbolista a quien le apasiona el entrenamiento.

Agustín vio la jugada en la que se fracturó y al principio le impactó. “Pero después vi que no fue tanta la torcedura, aunque cuando sentí el ‘crack’ me di cuenta de lo que tenía. Me imaginé todo. Me pasó eso por la cabeza y fue tal cual. Le dije al ‘Rodri’ (Amaral) que había sentido el ‘crack’ y cuando llegó el médico le dije que había comido del tupper, queriendo decirle que me había fracturado”, relató quien está muy acompañado por sus padres y hermanos. También recibe muchas visitas de amigos, tías y abuelas.

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Lesión. Agustín es retirado del Capurro tras haberse fracturado el peroné. Foto: Leonardo Mainé.

“Se le dice fractura de tobillo porque la fractura es ahí, al lado del tobillo, en la parte bien abajo del peroné. Por suerte no me fracturé también la tibia y no tuvieron que operarme. O sea que dentro de lo malo fue lo mejor. Hay que mirar el vaso lleno y no el medio vacío”, agregó el joven de sólo 21 años y que sabe que tiene toda la vida por delante. “El médico que me conoce y sabe que mi cabeza no va a 100 sino a 200 me dijo que estuviera tranquilo, porque iba a ser una recuperación bastante larga”.

Los malos momentos suelen tener aspectos positivos. Y Canobbio no para de recibir mensajes de aliento y de apoyo. Todavía no había llegado a la Asociación Española y ni siquiera había terminado el partido entre Fénix y Nacional cuando ya le había escrito su excompañero el “Lolo” Fabián Estoyanoff. Un rato más tarde llegó el mensaje de Rodrigo Amaral, de quien fue compañero en la selección Sub 20 y que había participado en la jugada en la que se fracturó. También le escribieron otros futbolistas de Nacional, como Neves, Cougo y Carballo, pero hubo dos mensajes que le sorprendieron: el del “Huevo” Brian Lozano y el de Lucas Torreira.

“Eso fue increíble, porque no los conozco personalmente a ninguno de los dos. Creo que fue porque ellos tuvieron lesiones similares hace poco. El “Huevo” tuvo fractura de tibia y peroné”, explicó.

PROTAGONISTA. La lesión tuvo lugar cuando el volante había pasado página a su salida de Peñarol y había comenzado a disfrutar en el equipo de Capurro.

“Estaba en un momento en que pensaba en Fénix y en mejorar. Me sentía muy tranquilo y capaz de aprender cosas distintas para poder potenciarme. Por ejemplo, en la posición en que estaba jugando. Me sentí muy cómodo en el puesto ese de mediocampista, en la línea de tres en el medio. Con mucha dinámica y estando mucho más en contacto con el balón. Y mucho más protagonista al poder manejar el hilo del partido con la pelota. Carrasco siempre me tuvo muy en cuenta y me hizo sentir importante dentro de su esquema. Fueron muchas cosas de aprendizaje. Mismo lo de la lesión, aunque me tomó por sorpresa; también hay que tomarlo como un aprendizaje que el día de mañana espero poder contar como una anécdota”.

en capurro

Llegó a Fénix a los doce años

Agustín hizo el baby fútbol en Córcega y en el Carrasco Polo. De allí directo a Fénix a donde llegó con 12 años. Empezó en el albivioleta un año antes y tuvo que hacer dos de Preséptima. Y luego todas las juveniles hasta debutar en Primera División de la mano de Rosario Martínez, cuando tenia solo 17 años. “Fénix es un club al que siempre le voy a estar muy agradecido”.

Aunque aún no le encuentra explicación a su salida de Peñarol, el tiempo le hizo comprender que son cosas que pasan en el fútbol. “Tengo que tratar de entenderlo y dar vuelta la página porque me sirvió mucho de experiencia y maduré muchísimo. Hoy sigo aprendiendo otras cosas para poder volver en el día de mañana. Me sentí muy bien y me gustaría volver”, admitió quien prefiere quedarse con las cosas más lindas que vivió allí.

“Salir campeón, jugar Copa Libertadores y la gente”, dijo, aunque también reconoció que la presión de defender a un grande es mucha y hay que acostumbrarse a ella. “En Peñarol las responsabilidades y los objetivos son distintos. Eso también me permitió crecer. Fueron dos años de mucho crecimiento. Miro fotos de cuando llegué a Peñarol y hoy soy otro. Me cambió el físico, la manera de jugar, hasta la cara”.

Agustín Canobbio y Martín Ferreira en el duelo entre Peñarol y Cerro Largo. Foto: Gerardo Pérez.
Agustín Canobbio enfrentando a Cerro Largo con Peñarol. Foto: Gerardo Pérez.
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La frase de Alejandro Cappuccio

El año pasado terminó el liceo. Antes de lesionarse estaba a punto de comenzar un curso de inglés. No descarta retomar los estudios. “Capaz que más adelante, hoy quiero dedicarme en un 100% a mi profesión. No quiero sentir que no hago bien ninguna de las dos. Quiero vivir para el fútbol para después vivir del fútbol. Es una frase que me quedó de Alejandro Cappuccio, a quien tuve en las juveniles de Fénix”.

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