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El Abuelo: De utilero a empresario

A punto de cumplir 50 años se quedó sin su trabajo en Peñarol y sin un lugar donde vivir, hoy la vida le sonríe y es dueño de varios negocios.

Foto: Fernando Ponzetto.
El Abuelo en el parking Prudencio, donde es dueño del negocio, la propiedad pertenece a la familia de Maximiliano Pereira. . Foto: Fernando Ponzetto.

Pablo Méndez, más conocido como el Abuelo, era integrante de la barra de Peñarol. No se perdía un partido en la Amsterdam, hasta que en 1993 nació su hijo Diego, y dijo basta. Pero su amor por los colores eran tan grande que comenzó a colaborar con el club, aunque no cobrara un peso. Antes había tenido una textil llamada “Peñaland” (tierra de Peñarol). En realidad, había trabajado allí como supervisor y cuando los dueños se separaron le pagaron el despido con algunas máquinas y así se armó su empresa.

“Tenía una camioneta y me ofrecí para lo que fuera, para lo que precisaran en el club. Era mi manera de estar cerca. Empecé en 1993 y estuve haciéndolo durante diez años. Viví todo el Quinquenio. Cada vez que precisaban algo de transporte me llamaban y yo dejaba lo que estuviera haciendo”.

Cuando en el 2003 cerró su empresa porque no andaba bien, justo quedó un lugar en la utilería de Peñarol y se lo ofrecieron, dado que él de alguna manera ya estaba dentro del club. “Empecé de cero con la utilería y casi que me fui a vivir a Los Aromos. Y estuve hasta el 2011. La final de la Copa Libertadores con Santos fue mi último partido. Cuando sacan a ‘Tony’ (Pacheco), me sacan a mí”, contó con tristeza.

“Diego Aguirre comenzó a poner gente de su confianza en los diferentes puestos de Los Aromos y puso a un compañero suyo del equipo de 1987 en la utilería. Yo lo veo bien eso, capaz que yo hubiera hecho lo mismo. Lo que me dolió fue que no me dijeran la verdad. Me llamaron a una reunión en el palacio, me dijeron que mi trabajo era muy bueno y que iban a poner una utilería para todo el club que iba a funcionar en el CAR. Y que me iban a llevar para organizarla, que en diez o quince días me llamaban. Nunca más lo hicieron”, relató.

“Pienso un poco de todo. Creo que como yo era amigo del ‘Tony’, le manejaba el auto y le cuidaba la casa cuatro meses al año cuando él se iba a Punta del Este, influyó. Aguirre habrá dicho se va Tony se va este. Es una de las cosas que pienso”.

En ese momento el Abuelo estaba por cumplir 50 años y su hijo Diego, que lo ayudaba en Peñarol, 18. “Quería festejar a lo grande porque yo cumplo el 29 de octubre y él el 30. Me imaginaba una fiesta en algún club con todos los jugadores. Se me rompió el sueño. Me echaron de Peñarol y a mis 50 me encontré sin trabajo y sin un lugar para vivir porque pasaba mucho tiempo en Los Aromos”.

El entonces arquero aurinegro Fernando González le dio un apartamentito para que viviera. Le dijo que lo pintara y que cuando terminara le avisara y veían cuánto le cobraba. “Estuve tres meses para pintarlo porque no tenía plata ni para la pintura. Estuve tres meses viviendo, cuando por fin le dije que lo había pintado, me dijo que el primer mes era gratis. Ese fue un salvavidas que me tiraron”.

Hoy el abuelo tiene dos empresas: “Tapones Mixtos” y “Marca Personal”, esta última tiene sólo dos meses. “Todo comenzó cuando Darío Rodríguez trajo la moda de los tapones mixtos desde Alemania. Allá se usaba un zapato con dos tipos de tapones, acá no existía. Como Peñarol iba a jugar la Libertadores y necesitaba tapones para jugar en las diferentes canchas, Darío me propuso que aprendiéramos a hacerlos y mandó a mi hijo a hacer el curso a Argentina. Pero sólo lo hacíamos para Peñarol. Cuando me echaron le pedí a Darío que me ayudara con los jugadores de otros equipos y con los materiales y empecé con jugadores de todos los clubes. Y resultó más fácil de lo que pensaba, nadie nos cerró las puertas. No trabajamos con los clubes, lo hacemos con los jugadores. ‘Un jugador, un amigo’ es nuestro lema. Nos tratan mejor en los demás equipos que en Peñarol”, aseguró quien por respeto nunca fue a Nacional. “Pero la gente de Nacional que conocemos nos trata muy bien”, aseguró.

Cuando se tuvo que ir de Peñarol y arrancó con los tapones no tenía ni para comer. “Trabajábamos de noche para al otro día entregar los zapatos y comprar un kilo de arroz. Esa es la verdad. Una vez teníamos cuatro pares para hacer, pero la gente del apartamento se quejaba porque golpeábamos toda la noche. Entonces, con mi hijo nos fuimos a rambla con los zapatos y los martillos a golpear los zapatos para hacer los mixtos para poder comer. Hoy estamos impuestos en el mercado, con un local y todo”, relató feliz.

También trabajó en una empresa de seguridad y en un parking donde sigue jueves, viernes, sábado y domingo porque considera que hay que ser agradecido y no quiere dejar al dueño. Aunque tiene otro que es suyo.

Pero el Abuelo nunca se queda quieto. Y vio que los jugadores que venían del exterior traían sus zapatos bordados con sus nombres y a los demás les llamaba la atención. Averiguó que la máquina era alemana. Recurrió otra vez a Darío Rodríguez que le pasó la página de internet. Juntó el dinero durante años para traer la máquina, pero se enteró que ponerla en Uruguay costaba el doble. “Estaba otra vez en cero y le puse pausa. Pasaron siete años y eso seguía en mi cabeza. Un día se lo comenté a Matias Pérez , que trae su auto a lavar al parking y le gustó el proyecto. Vino su padre, que es su consejero, desde Mercedes a hablar conmigo y también se entusiasmó. Nos asociamos con él y Damián Malrechauffe y hoy Marca Personal es una realidad. Ya bordamos 250 zapatos”.

Vivió en el consejo del niño de Melo

Nació en Fraile Muerto, Cerro Largo, y su madre lo abandonó, a él y a sus tres hermanos cuando tenía dos años y medio. Lo crió su abuela en el medio del campo. “Luego nos repartieron como animales. Y a los doce años, estando en sexto de escuela, me mandaron al Consejo del Niño de Melo. Allí estuve hasta los 18 años e hice cuatro años de Escuela Industrial. En un momento me quisieron sacar y yo no quise. Allí tenía todo lo que me faltaba en mi hogar”. A los 18, lo mandaron a Montevideo para que siguiera estudiando. Fue militar, trabajó en Punta del Este, vendió hielo y muchas cosas más.

Insignia. Conde fue el primer “Bolso”

Marca Personal tiene dos meses de vida y había que hacerla conocer. Eligieron un jugador de cada plantel y le regalaron el bordado, para entusiasmar al resto. En Nacional, el jugador insignia fue Esteban Conde.

Esteban Conde
Esteban Conde

Los teros. Lo recibieron con las alas abiertas

Marca Personal no tardó en ampliarse a otros deportes: tenis, básquetbol, atletismo, ciclismo y rugby. El capitán de Los Teros, Juan Manuel Gaminara, tiene sus zapatos bordados. “Me recibieron muy bien Los Teros”.

Los Teros
Los Teros

Peñarol. Cree que la herida ya cicatrizó

Dice que la herida de Peñarol cicatrizó, pero no quiso conocer el CDS. “Trato de no pensar, es como cuando uno se divorcia. Enseñé a mi hijo a amar a Peñarol, y por eso mismo no puedo tenerle rencor”.

Fabián Estoyanoff
Fabián Estoyanoff

No descansa. Trabaja 24 horas como antes

El Abuelo duerme en los parkings, en el que trabaja o en Prudencio, el suyo. Atiende autos hasta la hora que sea. Luego, recorre los entrenamientos de mañana y de tarde para promocionar Marca Personal y entregar los zapatos. 

Marca Personal
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