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Del abandono a ser gran figura

Alex Silva estuvo cuatro años sin jugar al fútbol, “Leo” Ramos le dio la chance y Wanderers la confianza.

Mensajes de texto, de Whatsapp, llamadas por doquier y su muro de Facebook lleno de felicitaciones. Alex Silva no puede creer el presente que está viviendo. El lateral derecho de Wanderers viene siendo una de las grandes figuras del "bohemio" en la Copa Bridgestone Libertadores y uno de los de mayor regularidad en el Torneo Clausura, en una campaña irregular de los dirigidos por Alfredo Arias.

En el último partido de Copa, frente a Palestino, Silva tuvo el plus de anotar un golazo que le permitió a Wanderers traerse un punto vital desde Chile, pensando en la clasificación a la siguiente fase.

Quizás un desconocido para la gran mayoría de los futboleros en Uruguay, no hay dudas de que Alex es, en la actualidad, de los mejores laterales del medio. Marca, es veloz, deja la vida en cada pelota y, por si fuera poco, se manda al ataque con determinación.

"Cuando era más chico quizás no tuve la suerte necesaria. Ahora, vivir este momento que estoy viviendo en un club tan lindo como Wanderers y representar a un país como lo estamos haciendo junto a mis compañeros, me llena de orgullo. El hincha de Wanderers siempre está apoyando, no sólo a mí, sino a todos los compañeros, a todo el grupo. Es muy lindo que la familia, los hinchas, los amigos, te feliciten por tus logros", comenta Alex, sentado en el banco de suplentes locatario del Parque Alfredo Víctor Viera.

A sus 21 años, el lateral analiza su pasado. No todo fue color de rosas en su carrera. Por esa razón, es que lo que está viviendo hoy se disfruta mucho más.

Oriundo del barrio Flor de Maroñas, luego de pasar por varios equipos de baby fútbol —Flor de Maroñas, Club Ciclista Fénix, Ciclón de Cerrito y 7 Estrellas— Silva fue a probar suerte a Basañez, impulsado por su primo. Si bien jugó algunos partidos, al poco tiempo dejó y estuvo cuatro años sin jugar al fútbol.

Se fue a probar a Wanderers, River Plate, Danubio y Rentistas pero no quedó y, de a poco, el sueño de jugar al fútbol se fue desvaneciendo.

"Por momentos pensé que dejaba definitivamente porque no me salían las cosas. Era muy chiquito físicamente y quizás en el equipo había gurises de mi edad que eran más grandes, con otro físico, y quizás por la estatura decía pucha, no puedo creer que no pueda jugar a lo que más me gusta, que es jugar al fútbol", analiza ahora, reviviendo uno de los momentos más complejos de su vida.

"A los 17 me llamó para jugar en Progreso Leo Ramos, para ir a practicar a Cuarta, donde estaba como técnico Cóccaro; ahí jugué dos partidos y me ascienden a Primera, donde empecé a jugar en la B, hasta que ascendimos y pude jugar en la A", recuerda el jugador bohemio que tiene un vínculo con el actual DT de Danubio porque es amigo de su padre —Víctor Silva— ya que jugaron y fueron campeones en el histórico Progreso de 1989. Además, es padrino de uno de sus hermanos.

Si bien en Progreso le fue bien, quedó libre, fue a la Mutual y otra vez la misma historia: "remar" contra viento y marea por su sueño. "Fue más difícil porque ya era más grande, tenía 20 años...".

Tras un semestre en la Mutual, su representante —el exarquero Álvaro Escames— le consiguió un lugar en Wanderers, para por lo menos empezar a entrenar. Justo fue en el momento en el que los bohemios se consagraron campeones del Torneo Clausura y en el que Mauricio Gómez, el por entonces lateral derecho del equipo, estaba en gran nivel.

Pero Alex fue paciente. Esa fue su gran virtud. Practicó seis meses sin contrato hasta que Gómez se fue a Argentina y le hicieron el anhelado contrato. "Era increíble lo que estaba viviendo; tenía todo: ropa, canchas preciosas y todo lo que un equipo necesita. Uno siempre tiene la esperanza de jugar en cualquier equipo al que va, hay que saber esperar el momento. Para eso tenés que estar bien preparado".

Pero, ¿Qué cambió en Alex Silva, que pasó del abandono del fútbol a ser figura en Wanderers? "Uno cambia. Yo me siento más fuerte, quizás porque uno entrena de otra manera, quizás porque en este equipo tenés todo para entrenar de buena forma. También pienso que tengo otra fortaleza física y que estoy más maduro", analiza.

Con su habitual sonrisa, Alex concluye: "Pasé por momentos que no fueron lindos y la verdad que ahora, estar en este momento, se disfruta el doble. Jugar el Uruguayo, Copa, jugar cada tres o cuatro días, compartir tanto tiempo con los compañeros hace que seamos como una familia, nos llevamos muy bien y eso es muy gratificante. Es muy lindo lo que estoy viviendo. Valió la pena el sacrificio...".

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