SELECCIÓN

El mediocampo celeste es un iceberg

La falta del “Tata” deja a la vista una interrogante abierta en el contexto de la sucesión del “Ruso” y el “Cacha”.

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Uruguay

Una muy oportuna nota de Ángel Asteggiante publicada por Ovación en la edición del lunes pasado, día en el que horas más tarde de que aquel material periodístico tomara estado público la AUF difundió la lista de 23 jugadores del exterior reservados para los partidos que Uruguay jugará por las Eliminatorias contra Argentina en Mendoza y ante Paraguay en el Centenario, encendió una señal de alerta: sólo tres de los más frecuentes titulares de la selección, entrenaron con normalidad durante y al cabo del paso de una temporada futbolística a la otra a mitad del corriente año.

Después, incluso, el aviso pasaría a tener nombre y apellido en el plano periodístico e, incluso, a nivel popular: Álvaro González, porque el "Tata" no estaba en la nómina elaborada por Tabárez.

"Villano".

Es más, muchas veces polémico por ser una de las armas más características y utilitarias con las que el entrenador cuenta para llevar a la práctica el fútbol de respuesta que ha sido una marca registrada de "la Celeste" desde el Mundial de Sudáfrica en adelante, aunque la grifa se identifique con un sello original que la tradición transmite desde el pasado, pasó de "villano" a "héroe" muy rápido, porque surgieron voces que cuestionaron la decisión de no convocarlo, y hasta no faltaron las que advirtieron que la forma de juego y el carácter del "Tata" harán que su ausencia se vaya a extrañar frente a rivales muy bravos como son los argentinos y los paraguayos.

Sin embargo, aunque la baja de Álvaro González sea puntual y probablemente transitoria, pues parece que obedece a que hoy no tiene equipo y, por lo tanto, no está sometido al rigor que impone el "mix" del entrenamiento y la competencia cotidianos, la situación creada en torno a la no citación del "Tata" forma parte de una globalidad que hace que hoy quede a la vista la casi totalidad de un "iceberg" cuya punta empezó a descubrirse hace poco más de dos años.

Es que el 30 de mayo de 2014, cuando Uruguay enfrentó y le ganó 1-0 a Irlanda del Norte en el Centenario, fue la última vez que Diego Pérez jugó en la selección, entrando para el comienzo del segundo tiempo en lugar de Gargano.

Patrimonio.

Aunque el "Ruso" estuvo en el banco en los cuatro partidos que Uruguay jugó en el Mundial 2014, no volvió a ser llamado de ahí en adelante, con lo que en ese momento se formalizó la apertura de la "sucesión futbolística" respecto a uno de los bienes que algún día podría llegar a ser declarado "patrimonio histórico de la humanidad celeste" por la importancia que tuvo para la mayor vigencia que ostentó la selección a nivel mundial en el período comprendido entre el Mundial 2010 y, pasando por la conquista de la Copa América 2011, los triunfos logrados ante Italia y Ucrania, y el empate obtenido frente a Rusia, todos ellos de visitante.

Alma.

En ese lapso, en el que se veía venir el recambio generacional en la zaga por una cuestión etárea referida a Lugano, se presentía que el caso de Forlán (por la misma causa) generaría una situación similar en el ataque, Suárez y Cavani aún no tenían la dimensión de los días actuales, el "doble 5" de marca y raspe que formaban Diego Pérez y Arévalo Ríos era, para el fútbol "de respuesta" que desplegaba Uruguay, el que daba el tono del funcionamiento del equipo: el alma del cuadro; porque, pese a que ambos se hacían sentir por su despliegue y garra, el "Ruso" jugó 75 partidos en la selección y vio una sola roja, contra Argentina por la Copa América de 2011, mientras que al "Cacha" —que, por si fuera poco, resultó el pasador más seguro que tuvo Uruguay en el Mundial de Sudáfrica— ¡jamás lo echaron!

Los 29 partidos siguientes al último que jugó Diego Pérez, entonces, muestran el camino que fue recorriendo Tabárez para elegir y asentar al sucesor del "Ruso" como socio del "Cacha"; y al cabo de esa ruta se verá que, incluso en el marco de distintas figuras tácticas, después de Arévalo Ríos que actuó en 27, porque por un medicamento que tomó en México no pudo estar en los dos restantes, el que jugó más (13) fue…"Tata". Puntualmente, formando parte del "doble 5" tradicional, Lodeiro jugó 10 partidos; Corujo, 3; y Vecino, 4.

Horizonte.

De modo que, ahora que falta Álvaro González, quien no en balde suma 60 partidos con la selección, y en octubre cumplirá 32 años, en el horizonte del mediocampo empieza a quedar al descubierto la casi totalidad de un "iceberg": como Arévalo Ríos anda en 34 y llegará al Mundial de Rusia con los 36 que el "Ruso" tenía cuando dejó de ser citado, no tiene a la vista —salvo Corujo, y tomando en cuenta a quienes ha utilizado Tabárez: Lodeiro, Vecino, y de "auxiliar" al "Pato" Sánchez— jugadores de características similares al "Ruso", el "Cacha" y…el "Tata".

Así, pues, Uruguay es líder en las Eliminatorias, la afirmación de Godín y el surgimiento de Giménez "rellenaron" el hueco de la falta de Lugano en la zaga, y adelante Suárez y Cavani son muchísimo más que hace cuatro años; pero esa mole que ya "rompe los ojos" en el mar donde surcan los volantes, lleva a encender otra bengala por encima de lo que aparecen en el firmamento celeste los partidos contra argentinos y paraguayos: ¿habrá que tirarse al agua con otro estilo distinto al del fútbol de respuesta por carecer de los botes adecuados para operar el "rescate" de aquel Uruguay que, con el "Ruso" y el "Cacha" conformando un bloque que era el alma del cuadro, llegó a estar en el segundo puesto del ranking FIFA hace cuatro años?

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