SELECCIÓN

Maduro: Uruguay después de Venezuela

El retoño del equipo de 2010 y 2011 tiene rasgos por los que, tras la primera rueda, es único líder de las Eliminatorias.

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Uruguay

Hay equipos que, sin ser los mejores, tienen un estilo que los hace difíciles de doblegar para algunos rivales, y el caso de Venezuela con Uruguay es uno de ellos, como lo ratificó el último partido entre ambos que, pese al triunfo celeste, no fue una perla ajena al collar de 16 años en los que "la Celeste" no pudo vencer a "la vinotinto" en el Centenario por las Eliminatorias.

Por eso, entonces, y porque concluyó la primera vuelta de la ronda clasificatoria sudamericana para Rusia 2018, lo que no es poco, pasó Venezuela y dejó algunas conclusiones; o reflexiones.

Por ejemplo, esa noche Uruguay no se enloqueció, no perdió la línea, aunque muchas veces no guste, y no cambió el plan con el que salió a jugar el primer tiempo, ni cuando Venezuela fabricaba situaciones de gol casi una tras otra, ni tampoco luego de que Lodeiro convirtiera en forma oportuna; como dice Tabárez de costumbre: el equipo sabe lo que hace y lo que quiere, y en el cumplimiento de ese cometido, las dificultades no lo perturban.

A esta altura es claro que en materia estratégica Uruguay tiene dos fórmulas: una de local y otra de visitante; y, aunque son muy distintas (ver aparte), el rendimiento es tan alto y parejo que ganó todos los puntos que disputó en casa y obtuvo afuera algunos muy valiosos, amén de que los que perdió en esta última condición fue por muy poco.

En la selección hay un orden establecido, adentro de la cancha, y afuera: fue notorio por algunas de sus manifestaciones, que Suárez y Cavani no se sintieron cómodos —y quizá hasta no estuvieron totalmente de acuerdo— con el austero 4-1-5-1 utilizado en Mendoza; pero su entrega y compromiso no mermaron, sino al revés, en los dos partidos posteriores.

Cierto: Uruguay tiene la mejor dupla ofensiva del mundo y así es simple lograr triunfos; pero lo mismo podría haberse dicho de Ibrahimovic y el salteño en el PSG, y esa sociedad futbolística nunca se produjo: este Suárez asistidor de Cavani, y el Cavani que volantea hasta de local para ayudar a recuperar la pelota, son una prueba rotunda.

Ahora Peñarol pierde a Guruceaga para un partido clave con Danubio. Antes Nacional perdió a Victorino y Fucile para jugar con Plaza cuando estaba apremiado por un triunfo. Sin embargo, no hay protestas: casi una cultura de que "la Celeste" está por encima de todos.

Son todos rasgos distintivos, pues, de este retoño de "la Celeste" que logró el 4° puesto en Sudáfrica 2010, ganó la Copa América 2011, perdió varios gajos gruesos y vitales tras el Mundial 2014, y hoy es líder de las Eliminatorias, al cabo de la primera rueda y después que pasó Venezuela: está muy maduro.

5 RAZONES.

1 - El libreto original, pese a todo.

Uruguay recién cambió el 4-1-3-2 inicial por un 4-4-2 cuando iban 2-0, para asegurar los tres puntos; antes siguió fiel a su libreto, con convicción, aunque al "Cacha" no le era fácil recuperar la pelota, y Peñaranda, Añor y Rondón complicaban a Coates y Corujo.

2 - Alto rendimiento con distintas fórmulas.

La propuesta local es de presión ofensiva, y de visita un 4-1-5-1basado en la verticalidad del contragolpe: la primera ganó 15 puntos; y la segunda, 3 en La Paz y uno en Brasil, y perdió 6 en Quito y Mendoza, por la altura, un caño (era el gol de Cavani) y uno en contra.

3 - Pensar diferente, pero jugar igual.

Cavani dijo que con Argentina, "quizá nos faltó proponer, ser algo más concientes de lo que tenemos", y Suárez habló de su soledad de único punta; pero no hubo nadie más "obrero" y abnegado que ellos en los partidos posteriores: el DT y el grupo, por sobre todo.

4 - Son los mejores, pero no se nota.

Suárez y Cavani no tienen vedettismo de primeras figuras: en los dos últimos partidos, el "Matador" hizo 4 goles, el "Pistolero" lo asistió en 3 y sólo metió uno, y de visitante el primero baja casi de volante y hasta de lateral-bis para ayudar a recuperar pelotas.

5 - Cambio profundo, éxito silencioso.

Si los grandes necesitan a Guruceaga, Victorino y Fucile, pero la selección los convoca, no se discute; quizá sea uno de los resultados más innovadores del proceso de Tabárez en "la Celeste", aunque parezca un éxito silencioso.

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