Copa América 2015

La Serena, la ciudad helada

Es Piriápolis gigante en el verano, y como el polo en invierno.

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La Serena. Una postal de la ciudad en la que Uruguay enfrentará a Argentina. Foto: F. Flores.

La Serena, con 200.000 habitantes que pueden llegar a los 600.000 en el verano, es una ciudad balnearia a la que el uruguayo que la ve podría considerarla una Piriápolis gigante.

Muchos edificios, y sobre todo condominios, tanto sobre la costanera como en las zonas aledañas, aunque con cantidad de espacios amplios que los separan. Bares, pubs y restaurantes a lo largo de las dos aceras de lo que acá no conocen como rambla. Y un centro urbano más antiguo y de mayor aspecto colonial que el de Antofagasta, que está ubicado más lejos del océano Pacífico, aunque también de la montaña.

Dentro de ese contexto, hay algunos detalles, tal vez folklóricos, y de humor negro en uno de los casos, que causan cierta aprehensión en quien llega a La Serena sin haber venido antes: el primero, de bienvenida casi, es que cuando el avión va descendiendo, se ven dos cementerios linderos al predio del aeropuerto, uno al principio y otro al final de la pista de aterrizaje; y el otro es una señalización, como las de los estacionamientos tarifados, situada a unas cuantas cuadras del mar en la esquina de la terminal de ómnibus, que indican hacia dónde hay que correr si se produce un tsunami.

Frente a esta última eventualidad, lo peor es que la gente acá dice que los expertos sostienen que si el cataclismo llegara a registrarse, el aluvión llegaría más lejos de lo que el cartel está indicando como distancia aconsejable para ponerse a salvo.

Igual, por más que es obvio que el recelo por ese "enojo" de la naturaleza está omnipresente en La Serena, como lo estaba frente a la posibilidad de un temblor de tierra en Antofagasta, hay otro aspecto característico de esta zona de Chile que, al menos en esta época, marca al visitante: el frío es mortificante.

Obvio, los efectos de ese factor climático son más pronunciados en zonas más australes; pero aquí se hace sentir con mayor fuerza, "pega" más, porque esta es una ciudad en esencia balnearia y, tanto en los edificios como en los apart hoteles, aún modernos y lujosos, no hay —o hay, pero muy poca— calefacción, porque fueron construidos sabiendo que casi todos tienen residentes permanentes sólo en el verano.

Si para muestra bastan dos botones, alcanza con decir que en el gigantesco y mundanal hotel Enjoy donde se aloja Uruguay, hay áreas frías, porque no llega el aire acondicionado; y el apartamento sobre la costanera que ocupa el embajador uruguayo, quien siguió a la selección desde Antofagasta, no tiene calefacción, al extremo de que en la noche del domingo pasado Rodolfo Camarosano vio el partido Brasil-Perú… ¡envuelto en dos frazadas!

Tienen algo en común.

Hay un aspecto que establece un parentesco entre La Serena y Antofagasta; y que debe vincular a todo Chile, claro: el transporte urbano es costoso, porque la nafta es cara. El boleto para viajar en “liebre”, como les dicen a los ómnibus -micros- de las ciudades, cuesta un dólar: $ 27,30 uruguayos; y el viaje en taxis de línea, que hacen un recorrido fijo y levantan pasaje hasta completarse, sale unos $ 50 como mínimo; de ahí para arriba, dependiendo las distancias.

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