Copa América 2015

La despechada Antofagasta

La ciudad, que recibe a Uruguay, se muestra ajena al torneo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Estadio. En el Calvo y Buscañán se jugarán dos encuentros de la Copa América.

Durante la gloriosa campaña de Nacional en la Libertadores de 1980, que los tricolores terminaron ganando, Juan Martín Mujica decía siempre: "No es lo mismo verla que te la cuenten"; y viajaba para "espiar" a sus futuros rivales.

En el contexto de la aplicación de ese plan, lo primero que hacía el entrenador al llegar al país de destino, era alojarse en un hotel y tomar cinco o seis taxis de inmediato, preguntándole a los conductores por el equipo que le interesaba.

Así, entonces, en poco rato, el técnico recogía datos "interesantes" para que después sus dirigidos "manejaran" en la cancha: cuáles eran las buenas y malas costumbres de los que iban a ser sus adversarios, y hasta datos "íntimos" de sus madres, hermanas y otros familiares.

La "fuente" no fallaba; o, al menos, tiraba más "indicadores" que uno de esos programas de software que los entrenadores utilizan en los tiempos actuales. Y, pese al paso del tiempo, la situación se repite en Antofagasta: ningún taxista le preguntó al fotógrafo o al periodista de Ovación: "¿Vinieron por la Copa?"; o el más tradicional y elemental que siempre surge en cualquier parte: "¿Argentinos o uruguayos?"

Por eso, entonces, es que no hay ni murales ni "banners" alusivos a la Copa América por ningún lado, ni banderitas en las columnas de las avenidas y las calles, y el único mensaje de bienvenida público que uno ha visto al cabo de tres días está en el estadio.

Es como que Antofagasta ignorara la Copa América. O no la quisiera reconocer y mantiene los ojos y la boca cerrada. Más aún: como que la rechazara; y, tal vez, por ahí pase esa reacción popular tan ausente y prescindente, tan extraña.

Es que en 1958 las fuerzas vivas de la ciudad comenzaron un movimiento para construir un estadio con el objetivo de que la ciudad fuera una de las sedes del Mundial que se jugó en Chile en 1962, pero el intento fracasó, puesto que el 28 de marzo de 1961 la elección dentro del Norte del país recayó en Arica, justo donde Uruguay compartió una serie con Rusia, Yugoslavia y Colombia, y resultó eliminado en la primera fase.

El estadio finalmente se inauguró en 1964 y, recuperada ya de aquel profundo desengaño, Arica se postuló de nuevo para ser sede del Mundial sub 20 Femenino que se disputó en 2008 en Chile, motivo por el cual una comisión organizadora de la FIFA inspeccionó el 26 de febrero de 2007 el entonces todavía llamado Estadio Regional para constatar el estado las obras de remodelación que habían empezado a realizarse.

Al igual que 46 años antes, Antofagasta fue "bochada": el ahora "tristemente famoso" —como solían decir antaño las crónicas policiales— Chuck Blazer, en aquella época miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, que encabezó la inspección, les dijo a las autoridades locales que si bien la ciudad contaba con servicios aptos para alojar a un Mundial sub 20 Femenino, carecía de un estadio con las exigencias requeridas para tales circunstancias. Es más, el alto directivo enfatizó que el estadio estaba igual que en 1987, cuando él llegó como jefe de la selección de Estados Unidos en 1987 a Antofagasta.

La actitud popular casi generalizada de la ciudad y su gente ahora, pues, se entiende: fría, distante de la Copa América, Antofagasta es como una mujer despechada; y lo que es peor: siente que la más fresca herida de su corazón no va a cicatrizar ni aún con el consuelo de que el "tristemente famoso" Blazer fue el motivo de su segundo y último desengaño.

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