NBA

“Ahora voy en velocidad crucero”

Emanuel Ginóbili, “El Pibe de 40”, dijo que ya no siente esa vorágine de sus primeros años en la NBA, pero que mantiene el fuego sagrado que lo llevó a triunfar en la mejor liga de básquetbol del mundo. Mirá la entrevista completa.

Manu Ginóbili en el partido entre los San Antonio Spurs y Los Suns. Foto: AFP
Emanuel Ginóbili en entrevista con José Montesano de TyC Sports.

“Siempre aprendés de todo en el básquetbol y en el deporte. Disfruto más ahora que antes. Antes era otro juego, otra mentalidad y otro modo de vivir cada partido, era un desafío más hambriento y más desesperado. Si gano espectacular y si pierdo me quiero matar, hay desilusión, etcétera. Ya no”, le dijo “Manu” Ginóbili a TyC Sports en San Antonio.

“Ahora voy mucho más tranquilo, si gano bárbaro porque todo el mundo quiere ganar, si perdés hice todo lo que pude para ganar. A veces entra, otras no. Entonces como que voy más relajado, ahora voy en velocidad crucero, sin los picos de emoción que tenía antes”, remarcó el argentino que juega en San Antonio Spurs.

Respecto a eso, el bahiense agregó que “eso hace que ganes menos puntos, menos participación y adrenalina, pero ganás en el día a día en tranquilidad y bienestar”.

Esa mentalidad ganadora fue la que lo hizo crecer a nivel mundial a “Manu”, que explicó que además del talento tuvo “genes, suerte, que el día ese de 1999 cuando salió la bolilla de San Antonio me eligieran a mí y no a los otros 70 que había para elegir. Definitivamente la suerte fue fundamental ahí al igual que la genética porque salí de 1,98 y no de 1,64, porque tengo este cuerpo que me ayudó a superar dificultades y seguir a este nivel a los 40 años. Después no sé si es pasión o más que nada placer por hacer deporte, algo que mamé de mi familia, porque mi viejo era jugador de básquetbol. Si él era violinista capaz que yo hacia otra cosa. Me tocó a mí”.

Consultado acerca de su futuro, Emanuel Ginóbili contó que “no cierro ninguna puerta pero a veces pensás y considerás que cada partido puede ser el último y a esta edad no te recuperás de un golpe en cinco días o menos. Por eso juego cada partido como si fuera el último, pero no como un desaforado sino tratando de respirar hondo, bajar las pulsaciones, valorar donde uno esta y estuvo durante tantos años”.

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