CARLOS Delfino

"Quiero volver a jugar NBA"

Actualmente es jugador libre. Hace dos años y cuatro días que no juega al básquetbol por una lesión en el pie, pero en julio, cuando se abra el período de pases de agentes libres, quiere volver a jugar a la NBA y dice que, por suerte, hay interesados en llevarlo. Extraña jugar.

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Delfino

—¿Cómo fue llegar a la NBA siendo tan joven?

—Me hice profesional muy joven, fue medio vertiginoso. Me fui a Italia a los 17 años, jugué dos años en Reggio Calabria y dos en Bolonia. Durante el último año en Bolonia me "draftearon", y el equipo que lo hizo, Detroit Pistons, me dejó quedarme un año más en Bolonia. Fue una sorpresa, no me lo esperaba. Pensaba quedarme algún año más en Italia. Fui a un equipo muy grande como Detroit, que venía de ser campeón y tenía un equipazo. Jugaban Ben Wallace, Rasheed Wallace, Chauncey Billups, Hamilton, Prince. Una locura, todos jugadores que yo había crecido mirando en la televisión, y después los tenía en el vestuario. Me ayudaron mucho y me hicieron crecer como jugador y como persona.

—¿Qué aspectos del juego tuvo que incrementar más para jugar a ese nivel?

—Cuando yo me fui de Argentina tenía una diferencia física con el resto. Cuando me fui a Europa me sentía muy bien, sentía que corría y saltaba mucho, pero cuando llegué a la NBA me encontré con que lo mucho de Europa en la cuestión física no era nada. Tuve que sacar todo el bagaje técnico. Muté mi juego, tuve que volver a encontrarme con lo técnico y ponerlo en la cancha. Físicamente no podía competir, estaba lejos. Entonces, para hacerme un lugar me ayudó mucho el bagaje técnico.

—¿Cómo fue el pase a Rusia?

—En ese momento tenía 27 años, estaba sin contrato y se venía la olimpiada de Beijing, que yo quería jugarla como fuera porque podría haber sido la última chance para la generación dorada de ganar la medalla. En ese momento la NBA estaba un poco lenta y yo quería entrenar rápido. Aparecieron los rusos y me dije ¡ta, me voy para allá! No me arrepentí nunca porque jugamos la olimpiada y ganamos la medalla de bronce. Me fue bien personalmente, pero de los tres años de contrato jugué uno y en Moscú estuve sólo cuatro meses. Fue una experiencia que me marcó muchísimo y hoy, con 32 años, digo que la volvería a hacer, pero sabiendo hacia dónde voy, quién va a ser el técnico, cómo voy a vivir, todo. Me marcó mucho porque yo necesitaba un lugar seguro para jugar ese torneo.

—Luego de Rusia, volvió a la NBA. ¿Cómo lo hizo respecto a la primera vez que fue?

—Volví más fuerte mentalmente. Fui para Milwaukee y estaba chocho de la vida porque estaba en un equipo que estaba en plena construcción y me tenían muy presente en el armado del equipo. Era una oportunidad única y la verdad es que me sirvió muchísimo.

—¿Cuál fue la clave para la generación dorada?

—Lo raro de la generación dorada no es tener una camada tan fuerte, buena, talentosa. Lo raro es la unión del grupo y saber el rol de cada uno en ese grupo. De todos los jugadores que pasaron por esa generación, hay 7, 8 que tranquilamente podrían hacer 25 puntos por partido, pero no lo hacían. Capaz que uno o dos sí, pero el resto sabía que había que hacer funcionar el equipo y así cada uno entendió su rol. Cada uno entendió que lo más importante era jugar por el nombre de adelante de la camiseta y no por el de atrás. Esa era la regla básica. El equipo va a ser recordado por eso, y por el 2004, con la medalla de oro. Hasta el día de hoy se generó una mística de juego, si bien se está haciendo un recambio, pero la idea de juego está. Los resultados van a ir cambiando porque no hay el bagaje y la experiencia que se necesita para estar arriba, pero la mística está.

— ¿Un momento que le haya marcado en la selección?

—Te tengo que nombrar tres. Uno fue la clasificación para Beijing 2008 en Las Vegas en el 2007, porque fuimos con casi nada de equipo. El único NBA era yo y Luis (Scola), que recién había entrado, y no nos respetaba nadie. Decían que íbamos a ir a pasear a Las Vegas y clasificamos. En el 2008 ganamos la medalla de bronce, fue un torneo terrible porque terminamos ganando la medalla con Manu (Ginóbili) afuera y también pensaban que íbamos a volver con las manos vacías. También me marcó mucho Turquía 2010, que quedamos quintos, pero para mi nivel personal fue muy importante.

—¿Le gustaría retirarse en el club que lo vio nacer o al mejor nivel posible?

—Yo quiero volver a jugar al mejor nivel posible; quiero volver a jugar NBA. El próximo año quiero estar en la NBA. Cuando vea que estoy en el final de mi carrera quiero jugar en el equipo que más quiero, que es Unión de Santa Fe. Estos dos años que estuve lesionado me sirvieron para limpiar la mente y asumir que quiero jugar en el mejor lugar posible. Extraño estar con la pelota, picarla, jugar.

BUENA CAUSA.

El otro sueño.

Carlos Delfino vino a Uruguay en el marco de una iniciativa de Directv, la NBA y el Movimiento Tacurú, una alianza para impulsar la práctica del básquetbol como herramienta de integración social en diversos países de América Latina. Se reacondicionó el gimnasio que Obra Social Salesiana tiene en la zona de Casavalle, en el cual niños y adolescentes practican deporte en mejores condiciones.

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