BÁSQUETBOL

El "Pepo" no pierde la sonrisa

Otra lesión complica a Santiago Vidal, que sabe que lo mejor está por venir.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Estudiante. Además de dedicarse al básquetbol, Santiago Vidal estudia Economía, carrera que concluirá a fin de año.

Santiago Vidal es hijo de una generación de jugadores de Biguá que se enamoraron del básquetbol en base a triunfos, títulos locales e internacionales y por acompañar a grandes figuras criollas en su momento de mayor esplendor: Leandro García Morales, Martín Osimani, Juan José Rovira, entre otros.

Campeón de la Liga Uruguaya en dos oportunidades y de América con el "Pato", "Pepo" reconoce que el haber formado parte de esas gestas cuando tenía apenas 18 años y comenzaba a visualizar al deporte como su forma de vida, lo terminaron de convencer.

"Ese fue el punto determinante. Allí pasé de ser amateur a profesional, me di cuenta que quería dedicarme a esto y volver a vivir esas cosas. Sin dudas que Leandro (García Morales), el "Oso" (Osimani), el "Pica" (Aguiar), el "Sapo" (Rovira) y tantos otros, nos mostraron cómo se hace para triunfar, levantamos el nivel, el grado de profesionalismo y compañerismo", explica.

Antes de eso, Vidal se tomaba las cosas de otra manera. Por ejemplo, el día antes de viajar a Ecuador para disputar un Sudamericano, jugó un partido en la Liga Universitaria de fútbol, lo que le costó un rezongo que hoy recuerda con una sonrisa. "Hasta los 18 años nunca sentí presión alguna, siempre me pareció un juego. Quizás por ser chico de físico nadie me decía: Tenés que jugar al básquetbol, y si tenía que faltar a una práctica, lo hacía", recordó.

Esa historia quedó atrás. Al talento innato le sumó horas de intenso trabajo y hoy solo piensa en seguir mejorando. El ser "menudito" lo llevó a buscar otras herramientas que le permitieran sobresalir en tierra de gigantes. "Me daba cuenta que por mi tamaño tenía que adquirir habilidades y agarrar, por ejemplo, mucho manejo con las dos manos, en la parte física también. Seguro tengo más horas de práctica de manejo y coordinación que de tiro al aro", afirma.

Nueva casa.

De los 7 a los 24, Santiago Vidal los pasó en Biguá, el único equipo con el que jugó en Primera. Sin embargo, como les ha sucedido a tantos jugadores de la cantera más rendidora del básquetbol actual, se fue en busca del crecimiento que Biguá, por problemas de prioridades institucionales, no podía darle.

"Necesitaba un cambio de aire, son muchos años, muchos recuerdos, pero Biguá estaba viviendo una situación bastante complicada, la cual nos fue desgastando a los jugadores, y me parece que lo mejor era distanciarnos para que se pueda reconstruir, rearmarse. Son cosas que se van dando, no me fui mal y las puertas están abiertas para volver", reconoció Vidal.

A unas cuadras lo esperaba Trouville, un equipo que se armó para dar pelea esta temporada. Allí se reencontró con un viejo conocido: Álvaro Tito, el entrenador que le dio la primera oportunidad en la selección mayor, en los Panamericanos de Guadalajara y en el primer equipo de Villa Biarritz, allá por el 2011.

Lesiones.

Cuando comenzaba a recuperarse de una lesión en la espalda que lo alejó seis meses de las canchas y se convertía en una de las figuras de la Liga 2014/2015, una situación desafortunada le truncó el año. Un choque con su compañero Néstor Colmenares lo hizo caer sobre la muñeca, con una fractura como saldo y la noticia de que pasaría otros mes y medio afuera.

"Ser deportista y no tolerar las lesiones es contradictorio, creo que he ligado mal por la seguidilla. Hasta que no te toca no sabés lo que es, sobre todo por la cabeza, no saber si estás bien, el tiempo, la incertidumbre es brava", confiesa. A sus 25 años, "Pepo" tiene todo para dar. En un mes, la afición agradecerá su regreso.

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