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Objetivo cumplido: el chico llegó a los Lakers

LaVar Ball logró lo que perseguía: su hijo Lonzo ya es un basquetbolista profesional; ahora tendrá que demostrar que de verdad es mejor que Curry, LeBron y Westbrook

Lo consiguieron. La obsesión por convertir a sus hijos en jugadores profesionales alcanzó su primer éxito, tal como lo tenía planeado LaVar Ball y Tina, su esposa.

El matrimonio que jugó al básquetbol en la universidad pasó sus genes a los tres hijos: Lonzo, LiAngelo y LaMelo. El primero de ellos ya tiene equipo en la NBA.

La verdad es que Lonzo, LiAngelo y LaMelo fueron educados con un único objetivo. Para eso, desde muy chicos, entrenaban con su padre en la parte de atrás de su casa. Volvían del colegio o del instituto y, después de entrenar con sus respectivos equipos, lanzaban sin parar en las máquinas de tiro que tienen en casa y después flexiones, controles. Y más básquetbol.

"Nunca hemos querido estar dentro de casa. Siempre queremos tirar más", dijo Lonzo Ball. Y el plan funcionó. Fue elegido con el N° 2 por Los Ángeles Lakers.

¿Quién es Lonzo?

A los 19 años se convierte en profesional tras cursar nada más que un solo año de universitario en UCLA. En la escuela secundaria de Chino Hills (California) realizó una temporada perfecta en su último año: 35 victorias y ni una sola derrota, liderando al equipo con el fabuloso triple-doble de promedio: 23.9 puntos, 11.3 rebotes y 11.7 asistencias por partido. En ese equipo, vale remarcarlo, también jugaron sus dos hermanos LiAngelo y LaMelo.

En su único año universitario convirtió a UCLA en el equipo más anotador del país y repartió más asistencias que ningún otro jugador de la NCAA.

El hijo del bocón

Un jugador de tamaña calidad debió tener a todos los equipos de la NBA detrás suyo, pero si eso no aconteció fue por culpa de los constantes desbordes verbales de su padre.

LaVar, de 48 años, fue un mediocre jugador de la Universidad de Washington State. Sus pobres números de 2.2 puntos y 2.3 rebotes reflejan claramente la razón por la que se pasó al fútbol americano, pero nunca llegó a debutar en la NFL.

Su realidad deportiva no impidió que tuviera una autoestima muy grande. La que se vio considerablemente elevada al momento de percibir que sus hijos sí tenían talento.

¿Qué hizo? Habló hasta por los codos. Para empezar, advirtió al resto de la NBA que solamente aceptaría un contrato con Los Ángeles. Y lo remató con una frase contundente: “mi hijo devolverá al equipo la gloria perdida”.

No conforme con ello, siguió dando rienda suelta a sus interminables frases polémicas. Vociferó que Lonzo era mejor que Stephen Curry, LeBron James y Russell Westbrook. Aseguró que en su juventud hubiera destrozado a Michael Jordan en un “uno contra uno”.

¿Qué consiguió? Notoriedad, mucho ruido, que todo el mundo hablara de sus dichos y de sus hijos.

Pero con inteligencia también hizo oídos sordos a algunas respuestas: Charles Barkley lo retó públicamente a un duelo individual y no encontró respuesta.

Igualmente LaVar siguió con firmeza en la búsqueda de su objetivo. Descaradamente enfatizó que la marca deportiva que quisiera tener a sus hijos debería pagarle 1.000 millones de dólares. Como no encontró eco puso en marcha un proyecto personal: la marca propia. Apareció Big Baller Brand y creo unas zapatillas Z02 que salieron al mercado al singular precio de 495 dólares.

El estilo lo heredó también su hijo Lonzo. Qué dijo antes del Draft: “Los Lakers deben draftearme porque necesitan un líder. Yo lo soy. O se nace líder o no lo eres. Ellos son jóvenes, yo soy joven. A ellos les gusta correr, a mí también. Necesitan un líder, yo nací siendo un líder”.

Lonzo Ball consiguió lo que pretendía su padre: ser jugador de los Lakers. Foto: AFP
Lonzo Ball consiguió lo que pretendía su padre: ser jugador de los Lakers. Foto: AFP
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