BÁSQUETBOL

NBA en la mira: tiene dos ofertas para ir a EE.UU

Jayson Granger: básquet desde la cuna, Europa desde niño, uruguayo siempre y un sueño muy alto.

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Foto: Marcelo Bonjour.

Por su nombre y apellido, y también por su nivel de juego, podría ser un jugador de la NBA. De hecho, tiene ofertas para irse a jugar a Estados Unidos. Sin embargo, es bien uruguayo: nació en Montevideo, le gusta el fútbol y cuando habla de su padre lo llama “mi viejo”, aunque cada tanto desliza en la charla un término que recuerda su larga estadía en España.

Podría ser de la NBA, pero por estos días Jayson Granger está en el CEFUBB, preparándose para defender a la Celeste. Es la herencia clara de su padre, que un día llegó a estas tierras en plena importación de americanos y se quedó para siempre. Así cuenta Jayson sus orígenes, su trayectoria y sus sueños.

Traigo este deporte desde la cuna. Tanto mi padre como mi madre jugaban al básquet. Iba con mi viejo de la mano a todos lados, con la pelota bajo el brazo. Cuando había un tiempo muerto de un partido que él jugaba me metía yo a a la cancha.

Jugaba al fútbol y era bastante bueno. Pasé por el baby, y luego por Racing, donde estuve solo medio año porque ya no me daban los tiempos para los dos deportes. El técnico no me caía muy bien y opté por el básquet. Y no me arrepiento en absoluto. Era medio centro. Siempre me gustó ser el timón del equipo, como dicen en España.

En básquet empecé en las formativas de Cordón y llegó a defender a Uruguay en menores. Cuando tenía 14 jugué un torneo en Piriápolis, quedamos segundos. Me vieron de España y me ofrecieron ir a Estudiantes de Madrid. Y con 15 años me fui solo, a la residencia del club. El club se caracterizaba por llevar jóvenes y formarlos, y eso me servía. Estuve el primer año solo, luego me acompañó mi madre. Practicaba y estudiaba (tenía que terminar el liceo). Mi rutina era intensa: de 8 de la mañana a 2 de la tarde los estudios, de las 3 a las 4.30 entrenamiento individual, a las 5 con el primer equipo hasta las 7, a las 8 con el segundo equipo y no volvía a la residencia hasta las 11 y media. A mi madre casi no la veía y ella se fue después a Barcelona, con su hermano, pero sigue siendo mi fan número uno.

Me hubiera encantado hacer una carrera. Es algo que tengo pendiente. Siempre me gustó psicología y cuando me retire, con 36, 37 años, quizás la haga. Una vez que te hacés profesional tenés que estar a full. Mi sueño era jugar al máximo nivel y lo pude cumplir.

Estuve un año sin jugar, solo practicando y estudiando. Era un tema con la Federación Uruguaya, que no mandaba el transfer. Al final pude debutar en la liga ACB cuando tenía 16 años. Me quedé siete años en Madrid. Tuve ofertas de otros países y equipos más grandes pero quería seguir progresando como jugador y Estudiantes era el club perfecto para eso.

Luego jugué dos años en Unicaja Málaga y otros dos en el Efes de Turquía. Grandes experiencias, peleando títulos, creciendo como jugador y como persona, conociendo muchos lugares y mucha gente.

Cuando tenía 23 años ya empecé a tener ofertas muy grandes. De la NBA, también de Rusia e Italia. Y dije que no, porque no me sentía preparado. Quería seguir progresando, ganar experiencia, jugar por títulos. Ahora, con 27 años, vuelvo a tener ofertas. De Rusia, China y España. Y de dos equipos de la NBA, que no puedo decir cuáles son. Lo voy a pensar bien con mi familia. Tengo tiempo para decidirme y antes, para darle una mano a la Selección uruguaya.

Es el momento de ir a la NBA, sí, pero no me obsesiona. Nadie te va a regalar minutos, me los tengo que ganar. Creo que me hice un nombre en Europa, se me considera entre los diez mejores bases de ese continente y eso para mí significa mucho. Si me conviene económica y deportivamente aceptaré. Si no, espero: hay jugadores que fueron a la NBA luego de los 30 y les fue bien.

Sobre mi presencia en la Selección se habló mucho pero nunca se escuchó mi versión. Jugué todas las formativas con Uruguay y cuando me fui con la ilusión de un niño de 15 años la gente que estaba en la Federación le cerró las puertas a mi sueño. Y eso me dolió mucho. Siempre dije que volvería a la Selección pero en el momento adecuado. Y que cuando esas personas que me impidieron seguir con mi sueño se fueran yo iba a venir. Y aquí estoy, con la expectativa de jugar cosas importantes y de poder ayudar al equipo. Siempre me hizo ilusión jugar por la Celeste, sobre todo por mi familia. Todos son uruguayos y mi padre es prácticamente uruguayo también. Y ellos son los que se tragaron todo lo feo cuando se habló de mí.

El básquet uruguayo está evolucionando. Se ve en muchos chicos jóvenes. Cuanto antes se vayan del Uruguay para seguir creciendo como jugadores, mejor. Les va a servir muchísimo y le va a servir a la Selección.

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